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Decir que no

El “sí” siempre es más simpático que un triste “no”. Un “sí” lo pronuncia la persona abierta y lo envuelve con una sonrisa, es más comunicativo y siempre está dispuesto a colaborar. Se dice “sí” cuando se cede a los deseos de los otros o se intenta agradar; también lo pronuncia quien da un paso hacia lo desconocido o cuando se pega un salto al vacío. El que asiente hace un regalo a los otros; el que da una negativa, muchas veces optó por velar por sus intereses.

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man-324103_640Los psicólogos denominan asertividad al ‘arte’ de decir que “no” de manera amable, clara y buscando el momento adecuado. Aceptar todas las iniciativas, propuestas, planes, personas, objetivos, ideales, relaciones, etc. , puede ser igual de contraproducente y antinatural que aislarse de todos y de todo. La persona madura tarde o temprano tendrá que defender sus derechos y convicciones.

La vida consiste en una negociación permanente y estas arrancan necesariamente con un “no” – de palabra o actitud-, para después ir acercando posturas. Se suele tachar de inflexible al que solo sabe negar, pero igualmente habría que llamar loco o kamikaze al dispuesto siempre a todo. No es raro volverse tan comprensivo y dispuesto a ceder que uno acaba anulado o frustrado. Entonces, más que ‘flexible’, uno se queda definitivamente ‘roto’.

No es difícil (más cuanto más joven se es) encontrar a personas que se confiesan incapaces de dar un no por repuesta. Casi siempre es más sencillo cumplir con las expectativas de los demás y ceder a sus pretensiones que mantenerse firme en una negativa: esto implica vencer el miedo a causar disgusto o una mala impresión. Todo esto es de máxima importancia, por ejemplo, a la hora de perseguir nuestra auténtica vocación, si no se ajusta a lo que otros esperaban de nosotros.

Rechazar, defenderse, poner fin a un patrón de conducta viciado requiere valor y, casi para todos, un proceso de aprendizaje. Como escribe el filósofo Francesc Torralba, “el ejercicio de la libertad exige la alternancia entre el sí y el no“ . Tan importante o más que decir que “no” es saber hacerlo bien. Una negativa acompañada de sólidas razones puede evitar dejar atrás una persona contrariada, incluso herida, o contar con un amigo menos.

 ¿Y tú? ¿Qué opinas?

Por Miguel Olalquiaga

 

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