Economía y Empresa, Finanzas 


¿Debió haber cerrado Bankia?

Está en boca de todos. La Bankia de Rato se va a pique y el Gobierno de España decide lanzarse al rescate mediante la concesión de un préstamo que de no ser pagado convertiría al Estado español en accionista de la firma. Los más liberales claman su liberal “justicia”, puesto que el cierre (además de más barata)  es la opción que deviene del fluir natural de la economía de mercado. Pero, ¿por qué no debería cerrar Bankia?

Bankia no es cualquier banco. Se trata de una empresa enorme, con numerosos accionistas, trabajadores y, también, depositantes. La quiebra de Bankia no sería tampoco una quiebra cualquiera; los trabajadores pasarían a estar parados, los accionistas (si bien el riesgo es condición necesaria para la inversión) perderían lo invertido, y los trabajadores su empleo; la empresa entraría en concurso, se liquidaría y, si finalmente quedase algo, se repartiría mal y escasamente entre sus acreedores. Pero, ¿qué ocurriría con los depositantes?

Un depositante cree –y es que así nos ha venido adoctrinando el sistema- que sus depósitos bancarios, sus ahorros, son posiblemente el instrumento financiero más seguro del mercado. En caso de “desastres” de esta índole acude al rescate el llamado Fondo de Garantía de Depósitos (que tanto ha sonado en los últimos días) con una cobertura máxima de 100.000€. En primer lugar, ¿qué ocurriría con los clientes cuyos depósitos rebasaran tal umbral? ¿Acaso tienen menos derecho a recuperar el montante depositado? En segundo lugar, ¿realmente el FGD tendría actualmente capacidad para afrontar tales pagos?

Parece ser que, debido a los rescates previos, el Fondo está seco e incluso estando sus arcas intactas, dudosamente sería capaz de compensar tal hecatombe financiera. La única salida para el rescate del depositante era -y es- el dinero público, aunque no tendría por qué haberse planteado necesariamente como un simple y llano rescate.

Podría decirse que Bankia tuvo tres posibles opciones –reales-:

La de los liberales es también válida. Podría haberse dejado quebrar la entidad. El Estado no paga, los accionistas pierden, los trabajadores irían forzosamente a la calle y los depositantes habrían de despedirse de sus depósitos. La asunción de quiebra, ya se ha dicho, es requerida para el accionista. En cambio, los depositantes depositaban su dinero en un Banco-Caja que se suponía supervisado por el Estado. No se estaría hablando de gente que pierde su dinero por invertir. Esto no sería otro caso como el de las preferentes. Salvo el caso de las hipotecas, que serían asumidas por otras entidades de liquidación, Bankia se desvanecería. Esto podría generar una situación de “miedo insuperable” en el sistema financiero español, y Bankia sería sólo la primera pieza en desplomarse en una caída en efecto dominó. Con ese panorama, sería comprensible una retirada de depósito masiva. El muy  probable resultado: perder los bancos, el dinero, los créditos, el empleo… el caos. ¿Habría sido esta opción mejor?

Una segunda opción habría sido la quiebra controlada de la entidad. Garantizar su dinero a los depositantes y dejad a accionistas, bonistas y otros clientes de los productos financieros de Bankia a merced del iracundo sistema. Esta compensación de accionistas podría haberse hecho incluso de forma mixta, aumentando la presión sobre la aportación de otros bancos al FGD, pero poniendo también el Estado parte de la suma del rescate. Las arcas nacionales también se verían resentidas (seguro en menor medida) pero, ¿podrían los otros bancos aumentar su aportación al Fondo?

La tercera opción es la que el Gobierno vigente ha decidido materializar. Con préstamos que  (caso de impago) se conviertan en acciones. Probablemente la mala salud del BFA no le permitirá pagar intereses y así sea. Bankia acabará por ser nacionalizada y España pagará sus pérdidas. Un rescate de 7000 millones de euros es titánico, pero puede que el coste de sus activos tóxicos sea mucho más elevado. ¿Podremos asumir este coste?

Las tres opciones, desgranadas, plantean aciertos y errores. Los economistas de España se hallan divididos y parece que será complicado llegar a consenso. Algunos exigen la liquidación de las entidades de dudosa reputación, suenan voces que aconsejan pedir dinero a Europa y otros siquiera se pronuncian acerca de la cuestión. No queda duda acerca de la impopularidad de la medida adoptada pero, ¿de verdad podría cerrarse Bankia?La polémica está servida.

 

Vía| El Blog Salmón.

Imagen| El Blog Salmón.

En QAH| ¿Por qué están las cajas de ahorro en peligro?, Las entidades de crédito

 

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