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De responsabilidad institucional y Buen Gobierno

‘La ciudad (polis) es una de las cosas que existen por naturaleza, y el ser humano es, también por naturaleza, un animal político’. Aristóteles (384-322 A.C)

Se dice que los sistemas -del tipo que fueren- ni son buenos, ni son malos sino que, más bien, pueden dividirse entre aquellos que funcionan y aquellos que no funcionan.

Una democracia, en el sentido más amplio de sus versiones, funciona como sistema de gobierno cuando se produce una estrecha correlación de fuerzas entre la sociedad y la clase política: cuando aquella sabe pedir cuentas y ésta, sabe darlas, y responder por ellas.

El buen gobierno puede caracterizarse por notas como la de ser gobierno de leyes, y no de personas. Ser gobierno cuyo fin último es el bien común y no el bien particular, ser gobierno institucional y constitucional, en sentido formal y material, asentando en una suerte de Estado garante, virtud de la ética de sus convicciones y responsabilidad de sus gobernantes.

Ya desde el Antiguo Régimen, se empleaba la expresión ‘Buen Gobierno’, por ejemplo, en los «Decretos de Nueva Planta y Buen Gobierno» que reformaron la monarquía bajo reinado Felipe V. El buen gobierno tenía, entonces, su contra-figura en aquella expresión ‘mal gobierno’ …del que nunca podía acusarse a un rey absoluto, sino a sus ministros (incluso en una revuelta, como el Motín de Esquilache). La fórmula utilizada era: ¡Viva el rey y muera el mal gobierno!…

Actualmente, ‘Gobernanza’ (en inglés, ‘governance’) parece provenir del griego κυβερνάω kybernan (dirigir, conducir) de donde también deriva la palabra gobierno (del latín gubernatio).

El término francés gouvernance, desde el siglo XIV, viene designando arte o manera de gobernar.

El buen gobierno (good governance), hoy se sustenta en ocho caracteres principales que conviene refrescar:

  • La participación (de todos), informada y bien organizada,
  • La legalidad, siempre: porque el Buen Gobierno necesita que su marco legal sea justo y que se imponga de forma imparcial. También requiere de una protección total de los derechos humanos, particularmente aquellos de las minorías. La imposición imparcial de la ley requiere, por su parte, de un Poder Judicial serio, independiente e imparcial y de una fuerza política incorruptible.
  • La transparencia, claro, que refiere a que las decisiones sigan una norma para todos comprobable. También, que la información se encuentre disponible para cualquier persona afectada por dichas decisiones y su implementación.
  • La Responsabilidad Institucional: El buen gobierno requiere que las Instituciones y los sistemas sirvan a todos los grupos de interés (stakeholders).
  • El consenso, que precisa mediación entre los diferentes intereses de la sociedad para alcanzar el siempre deseable amplio acuerdo de la comunidad.
  • La equidad, porque una sociedad de bienestar depende de si asegura que todos sus miembros sienten que forman parte de la misma, y no se sienten excluidos de las inercias mayoritarias.

La eficacia y eficiencia: Buen gobierno significa que los procedimientos y las Instituciones llegan a resultados que necesita la sociedad, al tiempo que lo hacen utilizando de la mejor forma posible los recursos de que disponen. En su conjunto, por tanto, la responsabilidad institucional de Buen Gobierno asegura que durante el proceso de toma de decisiones tiene en cuenta a la minoría a y sus peticiones, así como a la voz de los más desfavorecidos.

La Comisión sobre Gobernanza Global (Commission on Global Governance), define el término ‘gobernanza’, hija del Buen Gobierno, como aquella ‘suma de las múltiples maneras de cómo los individuos y las Instituciones -publicas y privadas- manejan sus asuntos comunes’.

La Comisión Europea, por su parte, en el Libro Blanco sobre la Gobernanza Europea (2001) también proporciona cierta definición como aquél conjunto de reglas, procesos y conductas que afectan el modo de ejercer el poder, particularmente en lo referido a apertura, participación, responsabilidad, efectividad y coherencia.

Frente a ‘gobierno’, o forma jerarquizada de ejercicio de la relación entre gobernante y gobernado, la gobernanza va más allá y define un modelo de relación Estado-sociedad de tipo más horizontal, no jerárquico, basado en la cooperación y en la negociación entre estas dos esferas. Es, el de Buen Gobierno, un concepto acuñado para designar eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, que proporciona a éste buena parte de su legitimidad en lo que se define como ‘nueva forma de gobernar’ en el llamado mundo de la globalización.

La rápida difusión del concepto, y ya termino, parece querer traducir una conciencia de cambio de paradigma en las relaciones de poder.

La idea de gobernanza y de buen gobierno, de esta forma se relaciona necesariamente con la situación actual de Estado de Bienestar. Pilares del mismo como la sanidad o la educación se ven gestionados a través de redes (policynetworks) y su mera regulación jurídica deja de tener una efectividad clara si no hay participación, en ella, de los colectivos interesados o stakeholders, así se trate del propio Sector público, del empresarial, de la Sociedad civil o del denominado tercer sector. Tampoco, si no se cuenta con responsabilidad institucional y Buen Gobierno en su implementación.

 

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