Historia 


De Real Bosque a parque municipal

La Casa de Campo. 1637. Félix Castello

Alejado de monumentales edificios y a la sombra de cuidados jardines, brota agreste en la capital uno de los enclaves que desde su privilegiado emplazamiento ha contemplado y ha sido partícipe del discurrir de los acontecimientos desde su noble nacimiento a comienzos del siglo XVI. Y es que más allá del espacio por el que hoy transitan deportistas populares embutidos en ropas fluorescentes, la Casa de campo de Madrid se iba a convertir a lo largo de la segunda mitad de aquel siglo en cazadero de un Felipe II que, conocedor de la opulencia de la fauna y las posibilidades cinegéticas que ofrecía un terreno que anexo al vasto monte del Pardo enlazaría esta gran extensión con el Real Alcázar de Madrid, otrora residencia real, ordenara en 1556 la compra de los distintos terrenos, huertos, majuelos y heredades que culminarían con la adquisición de la anhelada Casa de Campo en 1562. Esta casa de campo era una de las múltiples propiedades con las que contaba la familia Vargas, uno de los linajes más importantes en el Madrid de la época, y en torno a la cual el monarca iba a crear su recinto para el esparcimiento en la recién estrenada capital.

Felipe III, y un duque de Lerma nombrado Alcaide a perpetuidad de la Casa de Campo mantuvieron su atención por este entorno pero a partir de este momento el interés por el Real Bosque fluctuará entre el desapego absoluto de un Felipe IV más interesado en la adecuación de los terrenos del Buen Retiro, y el afecto que le profesará un Fernando VI que terminará realizando la mayor de las ampliaciones al llevar la tapia, de unos 16 kilómetros de longitud,  hasta los límites de Aravaca. Con la llegada de los Borbones había vuelto el aprecio por este cazadero.

Plano de Madrid por Pedro de Teixeira. A la izquierda los terrenos de la Casa de Campo

Pero cuando la Casa de Campo cobra un papel relevante será en los años 30 del siglo pasado. En los albores de la década más convulsa de nuestra reciente historia el otrora Real Bosque, coto de caza exclusivo de Austrias y Borbones, veía como el primero de Mayo de 1931, y por la mediación del ministro de hacienda del gobierno provisional Indalecio Prieto, sus puertas de acceso se abrían al pueblo de Madrid, que acudió en hordas a celebrar tal evento. En los años siguientes el parque se prepararía para este nuevo público. La fuente del Canal de la Partida, de Neveros o la llamada simplemente de la República son signos del nuevo carácter que el parque cobró con la llegada de visitantes. Y así fue hasta que en 1936, con el estallido de la guerra civil, el parque se convirtiera en línea de frente entre los dos bandos contendientes. Línea que llegaría desde el alto de Extremadura a la ciudad universitaria. A un lado de la misma el ejército sublevado que, aprovechando la elevación del terreno, colocaría su artillería en puntos claves como el cerro de Garabitas iniciando los constantes bombardeos por cerca de 30 meses. Al otro lado, el bando republicano defendiendo a ultranza la capital. Perder la capital supone perder la guerra y acabar con un sistema legitimado años atrás por las urnas. En el medio, la Casa de Campo, donde se iban a instalar búnkeres y nidos de ametralladora, elementos que a día de hoy conforman el atrezzo de un parque que desde entonces y hasta nuestros días ha ido degradándose hasta tal punto que es difícil imaginar su esplendoroso pasado.

Vía| Navascués, Pedro; Ariza, Carmen; Tejero, Beatriz, La Casa del Campo, A Propósito de la Agricultura de Jardines de Gregorio de los Rios, Madrid, C.S.I.C.; Ayuntamiento de Madrid; Tabapress, 1991, (El texto se puede consultar en el siguiente enlace http://oa.upm.es/8010/1/712.4_RIO_PRO.pdf)
Aparisi Laporta, Luis Miguel, La Casa de Campo. De Bosque Real a parque madrileño. Ediciones Amberley, Madrid, 2009
RELACIONADOS