Cultura y Sociedad, Literatura 


De playas desoladas y mares bravíos: la vida entre sombras y caras B de la Literatura

“Y ya no pido más. Trataré de ser una buena ama de casa como

su madre, aunque mucho más torpe. Dejaré mis libros y mi pequeña biblioteca,

de la que tan orgullosa me sentía, se fundirá con la de él. Dejaré de leer para pensar

en la dificultad de encender una cocina, de hacer un guiso que siempre me parece

sin gracia”.

Palabras de Felicidad Blanc publicadas en Espejo de sombras.

“Me iré allí desde el 15 por la noche: escríbeme allí pero a nombre de

Martínez Sierra, porque es el nombre que he dado”.

“Me han encargado les haga algo especial para teatro radiofónico, y me han

hecho oír cosas que han realizado y que me va muy bien de veras: así que

he dicho que te consultaría y que enviaríamos algo: en cuando llegue

a Niza pondré manos a la obra, y si a ti se te ocurre alguna idea

dímela que la aprovecharé”.

Fragmentos de la correspondencia personal entre María de la O Lejárraga

Y Gregorio Martínez Sierra. Publicados por Sonia Núñez Puente en el

Artículo “Dos cartas inéditas de María Lejárraga dirigidas a Gregorio

Martínez Sierra” en Revista Signa.

Es curioso contemplar como, en la playa, el mar y sus olas hacen lo que quieren con la arena. Ésta no se queja ante esa situación y decide aceptar la condición dada. El mar es capaz de anularla sin pronunciar una mera disculpa. Simplemente, como me explicaron hace poco, el status quo no se rompe n se debe de romper. Eso es todo, no hay nada más allá.

A pesar de estas máximas, la arena, incansable, en ocasiones se revela y por medio de pequeñas batallas, acompañada por el viento, consigue ciertas victorias. En esos momentos, alegres, ella resurge y se siente poderosa. Pero esa sensación solo dura un instante, un segundo, y todo vuelve a empezar.

Esto de lo que acabo de hablar, a simple vista, no tiene ninguna relación con el mundo literario. Los hombres y las mujeres no son agua ni arena pero su situación, a veces, es la misma. Muchas chicas han sido arena; viviendo bajo el protagonismo de sus parejas, dentro del mundo literario y fuera de él aunque esto se produjera sin ninguna mala intención de por medio.

Esto de lo que acabo de hablar se puede ratificar gracias a varios ejemplos. Solo se debe dirigir la mirada a casos como el de Charlotte Perkins, autora de “El empapelado amarillo” (donde se muestran bastantes ecos de su propia vida); y, ya en nuestro país, a los de María de la O Lejárraga o Felicidad Blanc. Dos mujeres, en apariencia dos sombras, con las que he comenzado estas líneas.

Las biografías de todas ellas podrían tener un mismo principio (el de definirlas como escritoras e intelectuales); sin embargo, presentan el mismo final: silencio.

De Felicidad Blanc (1913-1990) supe gracias a la película El desencanto de Jaime Chávarri que fue rodada en 1975. En ella, un documental sobre la vida de toda la familia, su figura reluce entre las de sus propios hijos, también artistas, y la de su marido ya fallecido. Su imagen atrapa al espectador y esto no es algo baladí; puesto que el propio director expresó, en el programa Versión española, que fue ella quien le convenció para llevar a cabo el proyecto. Y es que su fortaleza atraviesa la pantalla y, también, cada una de las palabras que forman las memorias que, junto a Natividad Massanés, publicó en 1977.

felicidad buena

Estos recuerdos de vida no fueron su única obra publicada. Otras como “Domingo” o “El cóctel” hablaron de su forma de sentir la Literatura, de sus vivencias y de su manera, tan propia, de escribir. Pero, estas historias, no están citadas en los libros de texto sobre este periodo y, tan poco, son conocidas por el público general. La respuesta a todo ello está en el fin de lo que pudo ser cuando solo estaba comenzando.

La propia Felicidad lo argumentó de la siguiente manera en las citadas memorias:

“Pero la casa empieza a funcionar mal, los niños cuando me hablan apenas les contesto. Y un día me pregunto si vale la pena, si esos cuentos justifican el abandono. Y dejo de escribir. Vuelvo a ser el ama de casa bastante imperfecta que siempre he sido, pero que trata por todos los medios de llegar a ser mejor. Leopoldo tampoco se da cuenta de este sacrificio. Seguramente pensará que ya no tengo más que contar”.

Sacrificios poco gratificantes y nada reconocidos (el polvo vuelve a estar en la casa al día siguiente ser limpiado) que llevaron a que su identidad desapareciera. Se convirtió en esposa, viuda, y, por último, madre de los Panero.

Por ese motivo, como ella misma argumentó, decidió crear este Espejo de sombras que es una ventana a su propia vida. Estas palabras, publicadas en El País en 1977, así lo demuestran:

He buscado escribiendo mis memorias, la identidad perdida. Volver a ser Felicidad Blanc, más allá de ese nombre de viuda de Panero que llevo conmigo”.

También, este libro abre las puertas a diversos acontecimientos importantes del siglo XX. De todos ellos destaco las páginas dedicadas a esa guerra incivil qur se desarrolló en nuestro país desde 1936 hasta 1939. Felicidad pasó ese duro trance, junto a su familia, en un Madrid tan distinto que se había quedado mudo por el horro. Ella lo supo muy bien cuando, trabajando de enfermera junto a su padre, descubrió que a la gente se le rompían los huesos sin haber sufrido golpe o caída alguna. El hombre y la miseria eran los culpables de todo aquello.

Además, esos funestos tiempos, trajeron la muerte de su hermano Luis y, con ella, la aparición de una familia distinta e incluso diferente.

Quizá, si hubiera elegido otro camino, si su marido Leopoldo le hubiera prestado más atención (sobre todo en los momentos en los que estaba embarazada), ahora estaría hablando de una figura destacada de nuestro legado literario.

Pero, como muchos pensaban en el siglo XIX al que Felicidad también perteneció, las mujeres debían ser simples ángeles del hogar al servicio de los hombres de la casa.

Nunca un sacrificio tuvo tan alto precio. Nunca Penélope tuvo que esperar tanto a un Ulises que no llega por pasar una noche más con sus camaradas.

Me quedo con el pensamiento de que está cambiando. Iniciativas como Las Sinsombreo, a la que dediqué un artículo hace unos meses, así lo demuestran y otros hechos también. Sin ir más lejos, al comprar Espejo de sombras en una librería de viejo en Madrid (por eso de dar una nueva vida a los libros), me quedé sorprendida. Solo quedaba un ejemplar de la editorial Argos; había habido otros y de otra edición pero ya no quedaban. Ante mi reacción, me dijo el librero: “no sé que tiene este libro pero se lo están llevando mucho”.

Ahora el mar y la arena están calmados. La batalla volverá, hasta que los dos tengan el mismo protagonismo, pero, por hoy, todo ha terminado. El final está lejos todavía.

Solo se puede admitir que en aquel poema de Panero sobre su muerte es el reflejo de lo tratado en estas líneas. Las palabras pueden expresar todo sin necesidad de una imagen:

“Ha muerto / acribillado por los besos de sus hijos, / absuelto por los ojos más dulcemente azules / y con el corazón más tranquilo que otros días, / el poeta Leopoldo Panero, / que nació en la ciudad de Astorga / y maduró su vida bajo el silencio de una encina. / Que amó mucho, / bebió mucho y ahora, / vendados sus ojos, / espera la resurrección de la carne / aquí, bajo esta piedra”.

Aunque los recuerdos, al igual que las sombras, a veces son confusas. Otros pensamientos, en este caso los de Felicidad, devuelven aquí la imagen del mar con la que comenzaba. Ella, siendo arena, sigue esperando:

“Sentada enfrente del mar, en mis cortos veranos de ahora, veo las olas ir y venir. Nada en él ha variado. Sigue esperándome”.

Ficha completa del libro:

*Título: Espejo de sombras.

*Autoras: Felicidad Blanc y Natividad Massanés.

*Editorial: librería Editorial Argos.

*Tipo de encuadernación: a la rústica (encolada).

*Número de páginas: 246 páginas.

*Capítulos: 7.

*Ilustraciones: dos corpus fotográficos en distintas zonas del libro. Presentan distinto papel y todas las imágenes son en blanco y negro.

 

Datos de interés:

*Más información en las siguientes publicaciones y webs (algunos ejemplos):

BLANC, Felicidad, MASSANÉS, Natividad, Espejo de sombras. Argos, Barcelona, 1977.

Documental sobre María de la O Lejárraga:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/mujeres-en-la-historia/mujeres-historia-maria-lejarraga/838011/

 

 

 

 

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