Historia 


De los prostíbulos o lupanares en la Antigua Roma

La sexualidad es una necesidad natural y como tal se expandió considerablemente en el momento en el que en Roma se revalorizó la figura de la mujer y se comercializó con la figura matrimonial como pacto burocrático (separación de bienes, dote…). De hecho, ese intento de reforzar la figura social del matrimonio, con el único fin de evitar desórdenes patrimoniales, llevó al debilitamiento de los lazos sentimentales en el seno de esta institución.

Fresco de la Casa del Centurión, Pompeya, siglo I a. C, que muestra una escena erótica.

Fresco de la Casa del Centurión, Pompeya, siglo I a. C, que muestra una escena erótica.

Fue así como se produce  la fisura irremediable en la concepción de la «sexualidad»:

-La matrimonial: demográfica, destinada a cumplir los fines institucionales.

-La del placer: a fin de satisfacer esa necesidad básica, innata y natural al hombre. Obtenida por la prostitución, como oficio reconocido y con mayores libertades que se daban en el seno del lupanar.[1]

Con carácter general Roma contempló positivamente este oficio, intelectuales de la época defendieron la prostitución:

Es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres.  Catón el Viejo (234-149 a.C)

La venus fácil es la que amo.  Horacio (65-8 a.C)

A menudo, las mujeres decentes copiaban los atuendos de las prostitutas, quizá para despertar el deseo sexual de sus maridos. Numerosas normas regularon esta actividad para el total orden de la sociedad romana, sin embargo, raramente se aplicaban y las prostitutas gozaban de una amplísima libertad de actuación. Existía una gradación y diferentes grupos categóricos en este oficio:

En lo más alto estaban las delicatae, con la posibilidad de convertirse en amantes de hombres importantes; después, también de alta categoría y que lo hacían por pura satisfacción visitando las casas de los hombres, estaban las famosae; las doraea se mostraban siempre desnudas, etc.

Fresco romano ilustrando las formas de prostitución

Fresco romano ilustrando las formas de prostitución

Cobraban según el escalón donde estuvieran, además se medían otros factores como la juventud y la belleza. También podían trabajar fuera de un burdel y disfrutar de la totalidad de la cantidad con la única obligación del pago del alquiler de la habitación que usaren.

Utilizaban numerosos instrumentos de belleza para parecer más atractivas, disimular imperfecciones y resaltar su belleza, así se expandían las pestañas con carboncillo, se blanqueaban la cara con albayalde, coloreaban la cara con minio, masticaban perejil para evitar el mal aliento, etc.

Numerosos eran los burdeles o lupanares que podían encontrarse en la Antigua Roma y numerosas las prácticas que se usaban dentro de ellos. Curioso es el hecho de que cuando se adquiría una virgen, era anunciado para que un hombre interesado la desflorara y tras ello era obsequiado con una corona de laurel que se le colocaba en la cabeza.

Tanto ciudadanos romanos, como soldados o nobles, incluso emperadores se abandonaron a aquel placentero, lujurioso y libertino mundo de la prostitución.


[1] Derivado de la voz latina “lupa”, relacionado con las prostitutas y los ritos en los cuales vagaban en busca de sustento y aullaban para atraer clientela.

Vía| Sexo de Mujer. Historias de burdeles, prostitutas, madames y alcahuetas. Alicia Misrahi; Historia de las relaciones sexuales. ¿Qué sé? André Morali-Daninos.

Más información| Sexo en Roma, Sexualidad romana

Imagen| Pompeya, fresco, principal

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