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De las pequeñas alegrías

Cantaba Alejandro Sanz, ya hace algún tiempo, que un universo de pequeñas cosas estaba a la espera de que las nombraras para despertarse. Estaban ahí, aunque ni lo supieras ni lo intuyeras. Permanecían en segundo plano y en silencio, invisibles para muchos, por no decir la mayoría. Y sólo tenías que abrir los ojos para verlas.

Pequeñas alegrías, como un beso de buenas noches o  una sonrisa de buenos días. Pequeñas como un abrazo de oso o una mirada que lo dice todo, todo. Pequeñas como un café caliente en un día de lluvia, o un helado de  chocolate tras una mala noticia. Pequeñas como escuchar por sorpresa tu canción preferida por la radio, o recibir un mensaje que no esperabas de ese alguien… Pequeñas como acurrucarse bajo una manta  olvidarte de lo que espera fuera.

Modestas, insignificantes y hasta triviales. Pequeñas, porque así las vemos. Porque así queremos verlas. Interesantes o aburridas, divertidas o desagradables, oportunas o inadecuadas. Imprescindibles, maravillosas, inolvidables. Tú eres el filtro. Tú decides la importancia de lo que te pasa, lo que guardas y lo que dejas fuera, lo que olvidas y lo que a los demás cuentas.

De ti dependePequeñas alegrías.

Dicen por ahí que nos perdemos esas pequeñas alegrías porque nos despistamos con facilidad. Nos dejamos distraer por esas grandes cosas que están por llegar y que esperamos con los brazos abiertos. Grandes porque así lo hemos decidido. Grandes e importantes. Prioritarias y necesarias. Porque están en nuestra lista de cosas por hacer y logros a conseguir, porque así lo queremos.

Si nos diéramos la oportunidad de codiciar menos y querernos más, a nosotros mismos pero también a los demás;  de cuidar más lo que podemos dar y preocuparnos menos por lo que queremos recibir; de valorar más y mejor lo que tenemos y echar menos en falta lo que no; de vivir más intensamente y quejarnos lo menos posible

Porque si queremos, veremos que la alegría no está en las cosas, sino en los ojos del que mira. En su interior, ese en el que a veces rehusamos hurgar en profundidad por miedo a lo que podamos encontrar. Que la actitud lo es todo, y que si es positiva te abrirá muchas puertas. Y más ventanas incluso.

Porque si queremos, nos perderemos por caminos que no estaban en el plano, conoceremos nuevas salidas y personas, nuevos retos, experiencias y diversidad de perspectivas. Alegrías grandes y pequeñas, de di depende el arte de verlas, y sobre todo, de vivirlas.

 

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