Opinión 


De la ilusión a la frustración de nuestra democracia

Recuerdo algunas imágenes de finales del año 1975 donde parecía que un gran y deseado cambio se estaba produciendo en España.

Se respiraba ilusión – incluso en algunos casos, perdón por lo vivido y sufrido -, libertad, unidad, esperanza, entusiasmo, avidez de entendimiento, acercamiento de posturas…

Pero han pasado ya 10 legislaturas (no incluyo la constituyente de 1977) y haciendo balance, incluso siendo optimista, la mejor palabra que define a nuestra democracia es la de frustración.

Reafirmo mi sentimiento porque lejos de hacer efectivo ese tan mal designado “vocación de servicio”, las organizaciones políticas, económicas y sociales han resultado ser responsables de todo tipo de arbitrariedades, impunidades, ilegalidades, agravios y redenciones – judiciales – en pro de ”sus amigos”. Ya se sabe: “amor, con amor se paga”. Y sin duda alguna, todo lo público, contempla cierta sospecha.

No me olvido que, como españoles, la picaresca va con nosotros y resulta que lo que más gracia me hace es que todos y cada uno de los atropellos en nombre de “nuestra democracia” tienen su base en los magníficos siete pecados capitales: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia… No es na!!”

Pueden pensar que es una visión muy subjetiva porque sus estadísticas muestran una realidad distinta pero, podría probar, sin mucho esfuerzo, que queda muy alejada a la que se respira en la calle.

Lejos de divagar más me ceñiré a los siguientes hechos:

Sanidad. Ésa gran ninguneada que, con la ilógica creación del modelo de gestión privada, lejos de mejorar lo meramente necesario – su eficiencia a todos los niveles -, ha desmantelado su esencia provocando uno de los mayores desfalcos en perjuicio de la sanidad pública sin atajar realmente el problema.

Justicia. Ésa menospreciada que, con una sobrecarga de leyes y reformas, lejos de ser ágiles, provocan atrasos y contradicciones cada vez más importantes en perjuicio de muchos y han convertido a este país en un estado impune para esa nueva clase privilegiada que son “nuestros representantes políticos”. Mencionaré de pasada, que fiscalía y abogacía del estado llevan décadas mirando a otro lado. Si tan sólo fuera independiente…

Educación. Ésa subestimada que, con 7 reformas, cada cual más deficiente, da como resultado que exista un ingente número de jóvenes sin estudios, hecho que me parece realmente preocupante. Ya lo dijo Platón “un pueblo ignorante sólo será gobernado por los peores hombres” – la ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos -.

Éstos, los considero los pilares básicos para la construcción de un país de progreso – no progresista como escuchamos estos días a toda hora -. Y nosotros insistimos en pelearnos, destruir lo realizado y brindar al sol, desgraciadamente.

También encontramos la ineficacia en un número muy elevado de instituciones públicas totalmente improductivas – conozco un responsable de un departamento de un ayuntamiento que su trabajo es “que no se haga nada” – , algunas además duplicadas en su gestión que sólo significan un gran despilfarro para los ciudadanos y sólo son agencias de colocación de “sus amigos”.

Este fracasado sistema de administración realizado durante décadas por “nuestros políticos” convierte a las entidades bancarias en un nuevo rey del tablero – venga quien venga a gobernar – debito al rédito que “les debemos” por esa gestión nefasta y que no deja de subir.

Mencionaremos también a la patronal y sindicatos, que sin titubear, están totalmente desfasados y no responden en absoluto a la realidad que vivimos.

No me olvido de las televisiones, universidades, los consejos consultivos, diputaciones, comité de expertos, sepe, empresas nacionalizadas, fundaciones, partidos políticos, contrataciones públicas… – si sigo, llegaría a aburrir – todos ellos revestidos de legalidad en su contratación de personal pero bajo la sospecha de “la doctrina del fruto del árbol envenenado”, sin aludir a las irregularidades que resultan ser su modus operandi en todo tipo de contrato administrativo. Todo ello, en connivencia con parte del funcionariado siendo otro gran problema a solucionar.

Siento tanto el fiasco por el dinero perdido – pagado por los de siempre – y, a la vez veo que, nos aleja aún más del país sobresaliente que somos, porque hay mucha gente sin complejos, inteligente, trabajadora, con visión de futuro, con empatía, con formación profesional y personal – educación y respeto, como punto de partida – pero no estamos aún preparados y seguiremos cometiendo de nuevo los mismo errores porque sigue muy obvio y muy actual lo de Cualquier – político español – es un capitalista cuando nadie lo mira”…

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