Economía y Empresa 


De la economía verde a la economía azul

Gunter Pauli, estudiante de Economía, quiere hacer un máster en Administración de Empresas, trabaja aquí y allá para sacarse unos ahorros y poder viajar en las vacaciones de verano. ¿Nos suena, verdad? Pauli termina su formación universitaria y marcha a Tokyo a fundar una empresa. Bueno, la primera empresa. A la edad de 37 años ya tiene trece. Y habla seis idiomas y ha vivido en todos los continentes. Y un día decide que es hora de venderlas todas y darle un nuevo giro a su vida: va a dedicarse a diseñar un nuevo modelo económico. Casi nada.

Pauli sabe que los modelos económicos tradicionales han fracasado y, aunque la economía verde ha sido la única respuesta seria, no le llega a convencer. Cree que esta podría funcionar en un escenario optimista en el que la economía mundial estuviera en periodo de expansión, el desempleo disminuyera y los principales agentes del mercado contaran con recursos financieros suficientes. Pero como no es el caso, va a desarrollar lo que denomina el modelo de Economía Azul, una economía sostenible pero también competitiva, capaz de ofrecer tanto beneficios ambientales como beneficios financieros y sociales.

La idea de la economía verde de sustituir productos tradicionales por otros que respeten el medio ambiente (por ejemplo, las energías renovables) es buena. Pero si el cambio se produjera a nivel de procesos y no de productos, podría llegar a ser muchísimo mejor. Estos nuevos procesos se basarían en el aprovechamiento de los deshechos al alcance de nuestra mano pero que no se utilizan.

Para entenderlo mejor, vamos a tomar como referencia el café. De una cápsula de café sólo ingerimos un 0.2%, el resto lo tiramos. El café es el segundo producto más intercambiado en el mundo después del petróleo. La economía azul se plantea qué es lo que se puede hacer con tantas toneladas de café que se desechan cada día en el mundo. En primer lugar, Pauli descubre que se puede utilizar para cultivar hongos tropicales, muy saludables y que se venden a un precio más que competitivo. Además la cafeína acelera el proceso. Así pues, pone en marcha su proyecto de economía azul, que hoy en día ya tiene empleadas a 15.000 personas. Por otro lado, los residuos de café son muy ricos en aminoácidos esenciales, lo que los hace perfectos para alimentar a gallinas, gatos y perros. Además, con las bacterias de los excrementos de estos animales se puede crear biogás. De esta manera, hemos creado alimentos, puestos de trabajo y energía con el 99.8% de la cápsula de café que tiramos a la basura todas las mañanas.

Las propuestas que nos hace la economía verde conllevan unos costes muy altos, que en muchas ocasiones les hace no ser rentables y necesitar ayudas y subvenciones que pagamos todos con nuestros impuestos. Además, el consumo de productos biológicos necesita una actividad de distribución intensa, lo cual conlleva daños medioambientales, además del perjuicio económico. En el caso de la economía azul es todo lo contrario.

En el siguiente vídeo se cuenta de manera muy sencilla lo que ya hemos explicado. Lamentablemente, aún no está disponible con subtítulos en español.

Por último, quiero destacar que ya hay más de cien proyectos empresariales en marcha bajo la directrices del modelo de economía azul. Podéis leer sobre ellos en el libro de Gunter Pauli “La economía azul”, de la editorial Tusquets.

Vía/ United Nations Environment Programme (UNEP)

RELACIONADOS