Historia 


De la China imperial a la China comunista

Desde finales del siglo XIX, la China de los manchúes había venido experimentando su lento debacle. La sociedad se encontraba sumida en constantes crisis internas que enfrentaban al inmovilista poder dinástico con sectores que reclamaban cambios en las estructuras políticas y administrativas, en algunos casos provenientes de la época Han de principios de nuestra era. A finales de siglo comenzaría la injerencia de las potencias coloniales occidentales, que agravarían la situación más todavía. China será derrotada en sucesivas guerras frente a las potencias exteriores, que llevarán a cabo un expolio sistemático del territorio dividido en distintas áreas de influencia. El gobierno de los Qing sin embargo fracasaría en sus intentos de modernización del país, continuando su política de cerrazón y xenofobia que culminarían en el fracasado Levantamiento de Bóxers de 1899 a 1901, que debilitan aún más el poder imperial. Finalmente en 1912 el último emperador Qing abdicará en favor del nuevo gobierno de la Primera República de China liderada por Sun Yat-sen.

Caricatura francesa de 1885 sobre el reparto de China por los distintos poderes coloniales

Tras el tratado de paz de 1901 supuso el abandono de las respectivas áreas de influencia por parte de los países occidentales – con las excepciones de Rusia y Japón –. La retirada de las autoridades extranjeras y el desmantelamiento del aparato gubernamental imperial dejaba a la endeble república de Sun Yat-sen en un precario equilibrio de alianzas con las distintas fuerzas políticas existentes. La intención de este nuevo gobierno era la de regenerar el país y modernizarlo mediante un programa de reformas para regenerar el país y librarlo de la influencia de las fuerzas extranjeras. No obstante, en su búsqueda de alianzas, Sun Yat-sen deja el poder en manos de Yuan Che-kai, quien rápidamente abandona su programa regenerador y trata de establecer una dictadura militar para posteriormente establecer su propia dinastía al modo tradicional. Sin embargo, la prematura muerte de Yuan Che-kai en 1916 sin heredero político desencadenaría una nueva crisis interna, quedando el poder en manos de distintos poderes regionales y señores de la guerra.

Sun Yat-sen, al frente del Partido Nacionalista Liberal (el Kuomintang) trataría de reunificar el país en torno al movimiento Nueva Cultura. Este movimiento algunas de las antiguas ideas de la Primera República China, pero ahora mucho más radicalizadas en un programa desarrollista siguiendo el modelo occidental, presentando una ruptura definitiva con el pasado. Tras la muerte de Sun Yat-sen en 1926 la dirección del partido pasaría a recaer en Chiang Kai-chek, quien progresivamente avanzaría en la reunificación del país, pero se alejaría cada vez más del ideario revolucionario en pos de un mayor conservadurismo. La búsqueda de apoyos en sus inicios había motivado una alianza entre el Kuomintang y la Unión Soviética, y a su vez, con el Partido Comunista Chino (PCC). Sin embargo el nuevo giro conservador motivó la ruptura de esa alianza y el inicio de una persecución política del “enemigo interior” comunista mientras se dejaba de lado la injerencia de potencias extranjeras.

El general Chiang Kai-chek, sucesor de Sun Yat-sen al frente del Kuomintang

La expansión japonesa en suelo chino fue escalando ante la inacción del Kuomintang. Tras la ocupación militar ya total de Manchuria en  1931, Japón crearía en el territorio el estado títere de Manchukuo con Pu-yi, depuesto emperador Qing, al frente. El siguiente objetivo fue Shangai, cuyo puerto atacaron en 1932 para eliminar los controles y aranceles chinos sobre las importaciones japonesas. En 1933 y 1935 iniciarían nuevas campañas de expansión sobre las cinco provincias del norte, muy ricas en materias primas, con el fin de crear nuevos estados títeres bajo la tutela de Japón, estableciendo un control total en 1935. En 1937 se empieza ya la invasión de facto del territorio chino que enfrentaría a los japoneses con una China dividida entre comunistas y nacionalistas. Ciertamente, la alianza frente al invasor japonés sería breve y pronto volverían a estallar las hostilidades entre ambos bandos.

La imbricación del conflicto en la Segunda Guerra Mundial con la entrada de Estados Unidos en el Pacífico iría debilitando la presencia japonesa en territorio chino hasta su retirada definitiva el 2 de septiembre de 1945 con motivo de su rendición formal.  Por entonces, el territorio en manos del Kuomintang había mermado considerablemente, luego de su constante repliegue hacia las zonas más aisladas y pobres del interior, mientras que los dominios comunistas se iban asentando y ampliando en el norte. Aunque los Aliados apoyaron un gobierno en coalición entre ambas fuerzas, esto no fue más que una cortina de humo para ganar tiempo a favor del Kuomintang, quien de facto contaba con el apoyo estadounidense y había firmado un pacto con los soviéticos.

Territorio chino ocupado por los japoneses

Así pues, el conflicto civil continuó, pero ahora el PCC liderado por Mao Tse-tung tenía ya la suficiente fortaleza como para enfrentarse abiertamente con el gobierno  nacionalista de Chiang Kai-chek. A medida que avanzaba la contienda en forma de una auténtica guerra de guerrillas, los comunistas consiguieron cada vez más apoyo popular gracias a un gobierno respetuoso con el campesinado y una progresiva aplicación de una reforma agraria a medida que ampliaban sus territorios. Por su parte, a pesar del considerable apoyo estadounidense, las fuerzas del Kuomintang no consiguieron imponerse a los comunistas y fueron debilitando sus posiciones. Finalmente los comunistas se alzan con la victoria y el 1 de octubre de 1949 Mao Tse-tung proclamaría la República Popular de China.

Mao Tse-Tung recibe a Richard Nixon en 1927

Los restos del ejército del Kuomintang se retirarían a la isla de Taiwán donde Chiang Kai-chek proclamaría Taipei como capital provisional de la República de China, anunciando su firme intención de reconquistar en el futuro el territorio perdido en el continente. El nuevo régimen establecería un gobierno autoritario poco adecuado a la estructura económica social y económica de la isla, manteniendo además un marcado desprecio por la sociedad local. Tras un largo periodo de sangrienta represión política, el régimen acabaría entrando en un proceso de transformación interna y democratización que culminarían con la formación de una nueva realidad política propiamente taiwanesa. Todo ello sucedió en el marco de un completo cambio en las relaciones internacionales de la región. Estados Unidos, principal apoyo externo del Kuomintang, iría acercándose progresivamente a la China comunista a finales de los 70. Finalmente, en enero de 1979 Pekín pasaba a ser reconocida en Naciones Unidas como capital oficial de China en detrimento de Taipei. Taiwán quedaría desde entonces en un limbo diplomático, sin reconocimiento oficial por parte de la comunidad internacional, pero con autonomía política y económica gracias al apoyo de Estados Unidos. Aunque no reconocidas oficialmente, en la actualidad todavía existen dos gobiernos chinos diferenciados, situación que todavía no ha alcanzado una solución formal.

 

Vía|FAIRBANK, J., Historia de la China. Siglos XIX y XX, Madrid, Tecnos, 1990.

FERNÁNDEZ LOMMEN, Y., China. La construcción de un Estado moderno, Madrid, Catarata, 2001.

Imágenes|Wikipedia

En QAH|La ocupación japonesa de China¿Pudo la España de Felipe II conquistar China?

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