Coaching y Desarrollo Personal 


De aptitudes y actitudes, quimeras y realidades

janoComo cada año, Jano, el dios bifronte que observa con un rostro el pasado y con el otro el futuro; el dios de los principios y de los finales; el guardián de las puertas, de los pasajes, de los cambios; el que da nombre al primer mes del año; este dios se viste de gala y, como manda la tradición, pone ante nuestros ojos una remesa de propósitos, de buenas intenciones, que se desvanecerán rápidamente en cuanto las hojas del calendario comiencen a caer.

Amantes de fantasías y mundos de hadas, soñamos en color de rosa, creyendo que lo único y lo más importante para cambiar nuestras vidas y sentirnos mejor es proponérnoslo; que con tan sólo hacer una lista de lo que pretendemos realizar, la deuda está saldada. ¡Pues no! No es suficiente. No hay nada como plantearse un objetivo, visionarlo y lanzarse a por él. Soñarlo, desearlo y no permitir que nada ni nadie nos impida convertirlo en realidad. Necesitamos coraje, valentía, entusiasmo y arrojo para superar los obstáculos, aprendiendo de los triunfos y de los fracasos. “Hacen falta”, como dijo Winston Churchill, “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor para mejorar”, para convertir los obstáculos en oportunidades y las quimeras en realidades.

Nacemos con un abanico de aptitudes, algunas de las cuales no reconocemos hasta que no las estimulamos: facilidad, creatividad, imaginación, confianza, improvisación… Es nuestra voluntad para encarar estas actividades la que nos encumbrará al éxito o nos relegará al fracaso. Se trata de buscar la conjunción perfecta entre aptitudes y actitudes, entre lo que sabemos y lo que hacemos con lo que sabemos, entre los conocimientos y los pensamientos. Combinar capacidades y voluntades, talento y temperamento, habilidad y acción.

En enero, marzo o abril debemos aprovechar cualquier momento para tomar medidas efectivas que nos acerquen a nuestro propio éxito. Trabajo duro, constancia, disciplina, optimismo… son hábitos que nos permiten mantenernos despiertos en el camino y nos recuerdan que somos los únicos responsables de los resultados de nuestras acciones; los únicos responsables de convertirnos en todo aquello que pensamos de nosotros mismos.

Hagamos, pues, de nuestros principales objetivos beneficios secundarios. Despertemos de esa resaca mágica, volvamos a la realidad y propongamos objetivos concretos y específicos a corto plazo, que nos permitan ir paso a paso por un camino que nos llevará a gozar de la belleza de la vida.

Nadie dijo que fuera sencillo, pero si lo que vale la pena fuera sencillo, cualquiera podría hacerlo.

Más Información| Nada es fácil

Imagen| Jano bifronte

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