Patrimonio 


Dánae o las poesías de Tiziano

Realizada por el maestro veneciano Tiziano Vecellio, la obra que nos ocupa se inscribe dentro de un conjunto de pinturas al que el propio autor denominó “poesías” (vocablo que ya había sido empleado por Vasari para describir otras obras de tema mitológico, como las de Sebastiano del Piombo).

La palabra se pone en relación con la famosa frase “Ut pictura poesis” de Horacio, el cual nos dice que la pintura es una poesía muda y la poesía es una pintura hablada, y en relación con esta idea debe añadirse que no sólo la obra que nos compete, sino también el resto de pinturas mitológicas que completan el conjunto, se inspiraron en la conocidísima  Metamorfosis de Ovidio, donde se narran las diferentes peripecias de los dioses que habitan el Olimpo.

La idea de recrear estos mitos clásicos debió surgir en los primeros años de la década de 1550, durante un encuentro en Augsburgo entre el “pintor cadorino” y el futuro emperador Felipe II. El destino de tales “poesías” sería una cámara privada, donde se colgarían una serie de lienzos con una clara finalidad erótica. Esta hipótesis se desprende de una carta fechada el 23 de marzo de 1553, que acompañaba al cuadro de Venus y Adonis (1553, Madrid, Museo del Prado), cuando la obra en cuestión fue remitida a Inglaterra, donde el príncipe acababa de contraer matrimonio con María Tudor y que el estudioso Checa Cremades recoge en su obra Tiziano y la monarquía Hispánica.

El honor de ser la primera de tales poesías lo tiene nuestra Dánae (1553/1554), la cual,  realizada en óleo sobre lienzo, y con un tamaño de 129 x 180 centímetros, se halla junto a otras obras mitológicas del artista veneciano como Venus y la Música, en el conocido Museo del Prado de Madrid, donde llegó en 1827, procedente de la también madrileña Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En cuanto a su temática, Tiziano plasma una escena del conocido pasaje mitológico donde se narra cómo un oráculo había advertido a Acriso, rey de Argos y padre de Dánae, que el hijo que ésta concibiera sería el causante de su muerte. Para evitar que se cumpliese este fatal vaticinio, Acriso decidió encerrar a su hija en una torre de bronce completamente hermética, con una única pequeña rejilla en el techo por donde entraría comida para que la joven se alimentase. Así, el rey estaría seguro de que, sin ningún contacto con el exterior, su hija jamás podría concebir aquél tan peligroso del que el oráculo hablaba.

Dánae, realizada en 1553, hoy en el Museo Nacional del Prado (Madrid).

Pero Zeus, el todopoderoso dios del Olimpo, hechizado por la belleza de la muchacha, se había enamorado perdidamente, y decidió entonces colarse en la prisión en forma de lluvia de oro y, así metamorfoseado, fecundarla y hacer que de esta unión naciera el famoso Perseo.

Antes de que todo esto ocurriera, incluso antes de que Dánae fuese encerrada en la torre, ésta había sido seducida por Preto (hermano gemelo de Acriso, con el que este había comenzado ya a luchar en las mismas entrañas de su madre). El rey no creyó que su nieto fuese hijo de Zeus, sino que sospechó que Preto se las había arreglado para entrar el calabozo cuando ya la joven estaba encerrada. Es por ello que obligó a Dánae y Perseo a meterse en un arca que arrojó al mar, con la esperanza de que pereciesen. Sin embargo, madre e hijo llegaron sanos y salvos a la isla de Sérifos, donde fueron recogidos por un pescador llamado Dictis.

Tiempo después, el hermano de Dictis y rey de la isla Polidectes, quiso obligar a Dánae a casarse con él, pero Perseo defendió a su madre y este no se atrevió a insistir. Tras una serie de vicisitudes entre las que se encuentra la gesta en la que Perseo logró terminar con la temida Gorgona Medusa, el héroe se propuso regresar acompañado de su madre a Argos para reconciliarse con su abuelo, pero el monarca no había olvidado el viejo oráculo y cuando supo de su llegada, se marchó y buscó refugio en Larisa, la corte del rey Teutámidas.

Perseo con la cabeza de Medusa.

Sin embargo, el vaticinio fatídico debía cumplirse y ocurrió que Teutámidas organizó unos juegos fúnebres en honor de su padre y a éstos acudió Perseo, participando en la competición de disco. Cuando le tocó lanzarlo, una ráfaga de viento lo desvió y la mala suerte hizo que fuese a dar sobre Acriso (que se encontraba sentado entre el público), hiriéndole de muerte y cumpliendo el augurio.

En el momento de plasmar la historia de Dánae, Tiziano se permite algunas licencias, pues como podemos observar tras una lectura de la obra, la torre de bronce completamente hermética se convierte aquí en una pequeña estancia abierta a un amplio celaje, donde Zeus consigue fácilmente colarse en forma de nubarrones, descargando su lluvia sobre el sensual cuerpo de la joven. Junto a Dánae aparece una vieja criada, a la que tampoco se hace referencia en el relato mitológico, que extiende ávida el mandil para recoger todas las monedas que puede. Se han buscado diferentes explicaciones para la aparición de este personaje, destacando aquella que hace hincapié en el contraste entre ambas figuras (joven-anciana), lo que hace reforzar el contenido erótico del cuadro (Panofsky, 1969), o la que asegura que la verdadera finalidad de este personaje sería una lectura moralizante, en la que se aludiría al poder corruptor del dinero (Gentili, 1980).

No es la primera vez que Tiziano representaba este tema, pues nueve años antes ya había pintado otra Dánae para el cardenal Alessandro Farnesio, en su viaje a Roma, obra que sería contemplada por el propio Miguel Ángel y que, según Vasari, tras haberla visto, alabó por su “color” y su “manera”, si bien lamentó aquello que para él era tan importante: el dibujo.

Dánae, ejemplar realizado en 1545 para Alejandro Farnese, hoy en el Museo Nacional de Capodimonte (Nápoles).

Si contemplamos el ejemplar madrileño, ocurre lo mismo: el dibujo queda relegado ante la maravillosa gama cromática, que es la verdadera protagonista, junto a la luz, de todos los volúmenes y formas que aparecen en el cuadro. Podemos contemplar el predominio de diferentes tonalidades del rojo que, junto al blanco, se utilizan para representar la estancia (cortinas, cojines y sábanas nos indican que estamos en un interior). Mientras, los grises y ocres amarronados destacan para la figura de la anciana (curtida tanto por el trabajo como por la edad), en contraposición con el bello tono marfileño del cuerpo voluptuoso y sensual de Dánae. El cabello de la joven es dorado como dorada es la lluvia ante a la que consciente y felizmente se abandona.

Al fondo de la composición (la profundidad viene marcada por el cortinaje) aparece un celaje azul-grisáceo que se confunde con los nubarrones que cobijan la lluvia. El uso del verde señala la apertura a un escueto paisaje cubierto casi en su totalidad por el mandil de la vieja criada, la cual ansiosa de dinero se preocupa más por este, que por atender a su joven ama.

En cuanto a la pincelada, aparece bastante deshecha, salvo en zonas específicas como el cuerpo de la joven, donde se presenta más precisa ydetallada, como también se observa  un mayor virtuosismo en pequeños detalles: la pulsera, la cenefa o las llaves de la sirvienta.

La luz llega desde el interior del cuadro. Se trata de una luz artificial, que surge del esplendor de la propia lluvia, y que ilumina e incide sobre el cuerpo de Dánae, el perrito que cómodamente recostado dormita a su lado, y una zona que ocupa tanto el hombro como el brazo y el perfil de la criada.

Vía| CHECA CREMADES, F. (1994): Tiziano y la monarquía hispánica. Usos y funciones de la pintura veneciana en España (siglos XVI y XVII). Ed. Nerea, Madrid.

Imagen| Venus y Adonis, Dánae y la lluvia dorada, PerseoMuseo Capodimonte.

En QAH| ¿Qué son las poesías de Tiziano?, Las Furias del Museo del Prado: de Tiziano a Ribera.

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