Patrimonio 


Damien Hirst y el tiburón de 12 millones de dólares

El mercado del arte contemporáneo es un escenario complicado en el que confluyen múltiples factores, tanto los propiamente artísticos, como otros económicos, que abarcan la marca, las galerías de arte o distintos intereses. Es por esto que el resultado es algo que pocos llegan a entender, ¿cómo una obra de arte puede costar millones de euros? Para comprender mejor el funcionamiento del mercado artístico actual es necesario recurrir a la figura del artista británico Damien Hirst.

D. Hirst. "Mil años", 1990

D. Hirst. “Mil años”, 1990

Damien Hirst nació en 1965 en Bristol, Reino Unido, y es el artista vivo más rico del mundo. Su figura es cuanto menos polémica, ya que los altos precios alcanzados en las subastas por sus obras han servido para dividir al mundo del arte en dos, a un lado los que avalan su trabajo como innovador y trascendental, y por otro, los que lo consideran una mentira vacía que no aporta nada.

Una cosa queda clara, y es que la obra de Damien Hirst no deja indiferente a nadie. Su trabajo es una reflexión sobre la muerte, la existencia, la memoria y la preservación del cuerpo, que él realiza a través de animales introducidos en enormes cabinas de formol. El inicio de la polémica en torno a Hirst inicia en 2004, cuando en una subasta su obra Las imposibilidades físicas de la muerte en la mente de alguien vivo, alcanzó la espectacular cifra de 12 millones de dólares. La obra está compuesta por un tiburón tigre de más de cuatro metros sumergido en formaldehído. La obra está incluida dentro de la serie Historia Natural, en la que numerosos animales aparecen suspendidos en enormes tanques de cristal. Parte del público y de la crítica rechazaron la obra de Hirst alegando que no era arte, pero entonces, ¿cómo es posible alcanzar esos precios en una subasta?

D. Hirst. "Las imposibilidades físicas de la muerte en la mente de alguien vivo", 2004

D. Hirst. “Las imposibilidades físicas de la muerte en la mente de alguien vivo”, 2004

La clave del precio del famoso tiburón viene dada por la “marca” Hirst, y ahí entran en juego tanto la galería que ejerce de mecenas del artista, como la institución que se encarga de venderla. Damien Hirst fue apadrinado por el famoso publicista y coleccionista de arte Charles Saatchi, que años atrás había quedado impresionado ante una exposición del artista inglés al ver su obra Mil años (1990), instalación de vidrio en cuyo interior se puede ver la cabeza de una vaca putrefacta y cientos de moscas a su alrededor. Saatchi compró inmediatamente la obra, comenzaron a trabajar juntos y ofreció a Hirst posteriormente realizar una obra por valor

D. Hirst. "Por el amor de Dios", 2007

D. Hirst. “Por el amor de Dios”, 2007

de 50.000 libras esterlinas. El agente que vendió el tiburón fue Larry Gagosian, el marchante de arte más famoso del mundo. El lugar elegido, Sotheby’s, la casa de subastas más prestigiosa del mundo. El conjunto de todos estos factores, unidos a la polémica y revolucionaria obra, dan como resultado un récord de venta para el arte contemporáneo.

Aunque el tiburón ha sido siempre su icono más recordado, Hirst batió su récord con la obra Por el amor de Dios (2007), compuesta por una calavera humana que compró a un taxidermista, recubierta en su totalidad por 8.601 diamantes. En este caso, la calavera se vendió por 75 millones de dólares. Los precios del artista británico son escandalosos incluso en sus pinturas, lienzos compuestos por distintos círculos de colores.

D. Hirst. "Ventolin", 2005

D. Hirst. “Ventolin”, 2005

La polémica en torno a las obras de Hirst no viene dada sólo por el precio alcanzado por sus obras, sino también por el hecho de que el artista no se encarga de la realización completa de las mismas. Él contrata a una serie de colaboradores que materializan sus ideas. La realización de la obra, o incluso los elementos que conforman la misma, son secundarios, puesto que lo principal es la idea del artista. Con respecto al famoso tiburón, tras dos años en formol el cuerpo del mismo estaba casi descompuesto y tuvo que cambiarse por otro tiburón de idénticas dimensiones, algo que poco importó al artista o a sus compradores.

Sin duda, se trata de un artista que genera polémica allá donde va, pero que, a pesar de todo ha conseguido convertirse en una figura fundamental del último arte del siglo XX y de principios del XXI. Consiguió ya en 1995 ganar el prestigioso Premio Turner, e incluso tuvo en 2013 una retrospectiva en la Tate Modern de Londres. Sus obras no dejan a nadie indiferente, nos apasionan o nos horrorizan, nos acercan a la muerte de forma directa, nos obligan a reflexionar tanto por su composición como por sus complejos títulos, y nos ayudan a abrir todavía más nuestros esquemas sobre los límites del arte.

 

Vía| THOMPSON, Don. El tiburón de 12 millones de dólares: la curiosa economía del arte contemporáneo y las casas de subastas, Barcelona: Ariel, 2009.

Más información| SinEmbargo

Imagen| Mil años, Tiburón, Por el amor de Dios, Ventolin

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