Ciencia, Neurociencia 


Cuidado con la “risa falsa”

En el fascinante mundo de la neurociencia, sin duda las emociones son un campo apasionante en el que queda muchísimo por descubrir. Como prácticamente todo lo que nos ocurre, las emociones están también mediadas por el funcionamiento de nuestro cerebro, y por ello el estudio con pacientes que han sufrido una lesión en una determinada zona del cerebro, nos ayuda enormemente a entender cómo es su funcionamiento, correlacionándolo con la conducta observable.

Cuando ocurre una lesión cerebral en la corteza motora del hemisferio izquierdo del cerebro, y como consecuencia el paciente tiene parálisis en el lado derecho de la cara, los músculos no pueden actuar y la boca tiende a torcerse hacia el lado que se mueve normalmente. Si se le pide al paciente que abra la boca y enseñe los dientes (simulando una sonrisa), no hace más que aumentar la asimetría. Por ello cuando el paciente ríe o sonríe de forma espontánea, en respuesta por ejemplo a un comentario humorístico, , ambos lados de la cara se mueven como debieran, y la expresión es natural, no distinta a la sonrisa habitual anterior a la parálisis. Esto ilustra que el control motor para una secuencia de movimiento relacionado con la emoción no se encuentra en el mismo lugar que el control para un acto voluntario. El movimiento relacionado con la emoción se dispara en algún otro punto del cerebro, incluso aunque el lugar para el movimiento, la cara y su musculatura, sea el mismo.Sonrisa

Sin embargo, si estudiamos a un paciente al que la lesión le ha afectado a la corteza cingulada anterior, en el hemisferio izquierdo, veremos precisamente el resultado opuesto. En reposo o en movimiento relacionado con la emoción, la cara es asimétrica, menos móvil en la parte derecha que en la izquierda. Pero si el paciente intenta contraer voluntariamente los músculos faciales, los movimientos se desarrollan normalmente y la asimetría retorna. Así pues, el movimiento relacionado con la emoción está controlado desde la región cingulada anterior, dese otras cortezas límbicas y desde los ganglios basales.

Conocer estos datos nos ayuda a entender por qué en muchas ocasiones tenemos dificultad para sonreír de forma creíble y natural por ejemplo delante de un fotógrafo, nos piden que controlemos nuestros músculos faciales voluntariamente, empleando la corteza motora y su sistema piramidal (el sistema piramidal es el conjunto de axones que surge de la corteza motriz primaria y desciende para inervar los núcleos del tallo cerebral y la médula espinal, que controlan los movimientos voluntarios a través de los nervios perisféricos) y el resultado será un sonrisa algo forzada. No podemos imitar fácilmente lo que nuestra corteza cingulada anterior puede controlar sin esfuerzo, no tenemos una ruta neural facial para ejercer un control voluntario sobre sobre esta zona de nuestro cerebro.

Para sonreír “con naturalidad” tenemos sólo unas pocas opciones: aprender a actuar o conseguir que alguien nos haga cosquillas o nos cuente un buen chiste. La carrera de actores y políticos depende de esta sencilla y fastidiosa disposición de la neurofisiología.

Más información| El error de Descartes. Antonio Damasio

Imagen| Sonrisa

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