Historia 


Cuesta Moyano, paraíso librero en Madrid

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Imagen moderna de la cuesta Moyano, Madrid

No escasean precisamente en Madrid los lugares únicos, especiales, con solera. Uno de los más carismáticos es la cuesta de Moyano, que acoge desde 1925 la feria permanente del libro antiguo. Varias casetas de libreros que compran y venden obras de segunda mano en un rincón esplendoroso y lugar de visita obligada para todos los amantes de la literatura que viven en la capital o pasan por ella. Un reducto del libro antiguo, una feria permanente en la que comprar grandes novelas de siempre, una herencia cultural exquisita del pasado de la ciudad.

Este delicioso rincón se sitúa en la calle de Claudio Moyano, aunque todo el mundo la conoce como la cuesta Moyano por la inclinación de la calle. Está situada muy cerca del Paseo del Prado y conduce al parque del Retiro. El comienzo de la calle está presidido por una estatua de Claudio Moyano, político liberal del siglo XIX que creó el sistema educativo que perduró en España durante más de un siglo. Él fue el artífice de la ley del sistema educativo de 1857, conocida como Ley Moyano, que ya entonces existía la tradición de nombrar las leyes educativas con el nombre del responsable político que las saca adelante. Lo que no existía era la actual costumbre de cambiarlas con cada nuevo gobierno. Pero ese es otro asunto. El sistema educativo promulgado por Moyano perduró hasta la Ley General de Educación de 1970.

Si al comienzo de la cuesta se encuentra una escultura de Claudio Moyano, en el otro extremo, el de más altura, se halla desde 2007 (cuando se llevó a cabo la última remodelación de esta calle) otra de Pío Baroja, quien fue uno de los intelectuales que defendió este espacio cultural al aire libre del que disfrutan los madrileños desde 1925.

La feria comenzó en realidad en 1919 (incluso formaba parte de una feria de artículos variados desde 1900, según varias fuentes), pero en una ubicación distinta a la actual. Se situaba entonces en el Paseo del Prado, calle perpendicular a la cuesta Moyano, frente a las verjas del Jardín Botánico. Sin embargo, esa ubicación no gustó en aquella época y un director del recinto natural se quejó porque, según afirmó, la colocación permanente de los puestos de los libros era “perjudicial para la salud”. Esa protesta llevó la feria, que en un primer momento no sólo vendía libros, aunque ya entonces eran las estrellas de los puestos, a su ubicación actual en la cuesta Moyano.

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Escena antigua de la feria permanente de libros en la cuesta Moyano, Madrid

Ni al público ni a los libreros les convenía, sin embargo, este lugar. Reclamaron que la feria volviera al Paseo del Prado y, aunque las autoridades municipales estudiaron la propuesta, nunca llegó a concretarse ese regreso. La cuesta Moyano fue ganando el cariño del público y de los libreros hasta convertirse en el espacio emblemático y querido que es hoy. La feria permanente de libros siguió abierta incluso durante la Guerra Civil (1936-1939).

Una curiosidad es que las casetas de los libros han tenido que mudarse temporalmente en dos ocasiones y en ambas su destino provisional fue el Paseo del Prado frente a la verja del Jardín Botánico, justo donde nació la feria. En 1986, los libreros se trasladaron a esa zona por obras de renovación de los puestos. Más recientemente, en 2004, el incendio de una estación eléctrica próxima a la caseta también forzó unas obras en la cuesta Moyano. Entonces se aprovechó para remodelar nuevamente la calle y devolver a los puestos la imagen que tenían en sus orígenes de 1925.

Las casetas originales, diseñadas por el arquitecto Luis Bellido, tenían 15 metros cuadrados y el Ayuntamiento de la época estableció un máximo de 30 puestos. El canon que debían pagar los libreros era de 40 pesetas mensuales. Hasta 1984, las casetas no tenían ni agua, ni electricidad ni teléfono. La cuesta Moyano tienen apenas 20 metros de longitud entre el Paseo del Prado y la calle Alfonso XII y en ella se pueden encontrar grandes joyas literarias. Interminables jornadas en torno a libros antiguos en un sensacional rincón que merece la pena visitar y que acompaña a los madrileños desde 1925. Un espacio formidable donde se cumple la máxima de Cicerón: “si junto a la biblioteca tienes un jardín, ya no te faltará nada”.

Vía| Bibliofiloenmascarado.com

Más información| HistoriaUrbanaMadrid.

Imágenes| CuestaMoyano.es e HistoriaUrbanaMadrid

En QAH| Pasear por los alrededores del Museo del Prado; Historia del premio Cervantes

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