Reflexiones 


Cuerpo y mente

Siempre he estado convencida del poder de nuestra mente, de que es el arma más poderosa queMente y cuerpo existe y la parte más esencial de nuestro organismo. A veces nos empeñamos en buscar razonamientos externos para nuestros comportamientos, e incluso también para nuestras sensaciones, sin darnos cuenta de que todo parte del mismo lugar: nuestra cabeza. O más bien, lo que escondemos dentro.

Me fascina su poder, cómo cada uno componemos nuestro pequeño submundo dentro de nuestra mente y cómo eso condiciona nuestra forma de ser y de actuar en cada momento. Pero, sobre todo, no dejo de sorprenderme con la capacidad que tiene para -siendo a priori algo tan intangible- materializarse claramente. Tendemos a desatender la conexión existente entre nuestro cuerpo y nuestra mente, olvidándonos de que es fundamental para conocerse a uno mismo. El cuerpo responde a nuestra cabeza constantemente, ¿quién no ha sentido, por ejemplo, nervios en el estómago? Los nervios son estados mentales que creamos frente a situaciones que creemos que no seremos capaces de superar,  o ante las que tenemos grandes expectativas, los nervios no existen en sí de forma material y sin embargo, nuestra mente nos los envía en forma de sudor, movimiento constante o mariposas en el estómago. En definitiva, nuestra mente crea nuestro estado físico. Y a pesar de tener pruebas tan claras de cómo nuestra cabeza influye sobre todo nuestro organismo, no le damos la importancia que a mi parecer tiene.

Hace unos días alguien me pidió que, tras sufrir un inesperado ataque de tos, hiciera el ejercicio de buscarle una razón que fuera más allá del simple humo, explicación que yo, sin mayor esfuerzo, encontré para dicho infortunio. ¿De qué estabas hablando? ¿Qué estabas pensando? ¿Es posible que ese pensamiento se haya convertido en lo que de pronto, te impedía respirar? El resultado del ejercicio puede asustar y gustarnos más o menos, pero tras hacerlo y, sobre todo, tras aceptarlo, es del todo verosímil.

Al final, he terminado concluyendo que a pesar de lo ilógico que pueda resultar, no nos conocemos en absoluto. Más allá de si somos más o menos simpáticos, pararse a pensar en quién realmente se es y realizar ese ejercicio de introspección con uno mismo, resulta tan devastador que preferimos evitar hacerlo en profundidad. Sin embargo -y teniendo en cuenta el supuesto general- si todos buscamos la felicidad, ¿cómo es posible alcanzarla si no sabemos cómo somos realmente? Pararse un momento a reflexionar sobre uno mismo y hacerlo de forma honesta y sin miedo, es una de las tareas más complicadas que existen. Da miedo, sobre todo porque nunca estamos seguros de a quiénes vamos a encontrarnos, pero resulta indispensable para saber cuál es el camino a seguir.

Imagen| Mente y cuerpo

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