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Cuentos y libros: una rutina imprescindible desde el primer momento

Piensa en ese momento en el que te sientas con el bebé en el regazo y le lees un libro por primera vez. Sí, le lees los colores, las texturas, las formas, y le pones en palabras, ritmos y emociones un mundo nuevo, una experiencia nueva que irá desarrollando a lo largo de toda la vida. Piensa en ese momento y en lo diferente que es de sólo hablarles. Es una oportunidad más para demostrarles que las palabras tienen una conexión con otras sensaciones que pueden percibir, así como el inicio en el camino hacia la comprensión de los libros y lo que pueden disfrutar de ellos. Así, desde que son bebés, se puede incorporar la lectura en su rutina cotidiana.

Los niños, desde que nacen, están inmersos en una cultura alfabetizada, por lo que van desarrollando ciertas hipótesis y conocimientos sobre el lenguaje escrito interactuando con los textos de la vida cotidiana. Es aquí cuando los adultos tenemos la oportunidad de mediar, ofreciéndoles situaciones en las que interactuar que les permitan construir un aprendizaje sobre la lengua escrita.

Sin embargo, es importante trabajar los cuentos a estas edades tanto a nivel intelectual como  emocional, ya que a través de los cuentos se establecen lazos afectivos y gracias a ellos elaboran muchas angustias y fantasías difíciles de verbalizar, ya que los cuentos expresan de manera aparentemente sencilla lo que ocurre en la mente infantil.

Para ello, la actividad de leer, desde el primer momento, debe ser una actividad compartida, divertida y de unión para ambos. Lo ideal es seleccionar un momento apacible dentro de la rutina diaria, preferiblemente antes de dormir, de manera que les permita relajarse. Lea con él/ella en su regazo, para que se sienta feliz y seguro, o lo más próximo posible si ya es más mayor. La idea es que el momento de la lectura sea un periodo cómodo y que pueda anticipar todos los días.

La lectura compartida no es sólo una manera de iniciarles en el placer por leer, sino un momento que permita crear apego y confianza entre ambos. Es por ello que el momento del cuento necesita un espacio y un clima adecuado, donde el adulto tiene un papel protagonista en la historia, haciendo eco de las sensaciones del niño/a a través de la misma.

Además, siempre que la lectura sea compartida, desde que son bebés, se debe interactuar con el cuento. Señalando, identificando los elementos, pidiéndoles (cuando tenga edad) que hagan lo mismo, haciendo pausas, marcando las emociones y expresiones, ayudando en la realización de reflexiones y en la elaboración del pensamiento sobre la historia, pero siempre tratando de evitar que se pierda el hilo del cuento o éste deje de ser llamativo.

Es importante tener en cuenta los libros y cuentos que se escojan. Así, a la hora de favorecer el que el niño/a vea en el cuento una vía de aprendizaje y desarrollo, estos deben estar adaptados a las distintas edades de los pequeños/as:

  • De los 0 a los 2 años: libros con texturas, colores, sonidos, de tapas gruesas, que sea posible manchar, mojar, lavar, con ventanas o secretos para descubrir
  • De los 2 a los 4 años: cuentos de onomatopeyas, sonidos, con simplicidad de argumento, escenas repetitivas o distintos personajes, animales personificados, repeticiones rimadas, ya que les ayuda a aprender las palabras y sonidos y son divertidas durante la lectura.
  • De los 4 a los 5 años: ayudar al desarrollo de su imaginación, con cuentos de argumento sencillo, que vayan incluyendo palabras o textos breves, sobre aspectos maravillosos y mágicos que les transporten a nuevos mundos.
  • De los 5 a los 7 años: cuentos que transmitan alguna enseñanza, pero evitando las complejas moralejas en las que no puedan ver sus propias experiencias reflejadas, historias que empiecen a reflejar hechos verídicos y no sólo ficticios, que a ellos les resulte más fácil reconocer, ya que a los niños les gusta reconocer aquellas cosas que conocen o les son familiares.
  • A partir de los 7 años: motivarles a que busquen su elección propia de libros, acudiendo a bibliotecas, dejándoles que escojan que libro quieren leer o en qué van a basar su elección.

Además de todo esto, es imprescindible mostrarles que nosotros también leemos y disfrutamos de la actividad, haciéndolo delante de él/ella y por placer, compartiendo la experiencia propia también con ellos/as, pues no debemos olvidar que somos el primer ejemplo para ellos y que vamos a ser el espejo en el que busquen mirarse con sus actos.

Vía| Alicia Vallejo. Organización de rutinas. 2012

Imagen| Cuentos y libros

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