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Los cuentos de hadas en la pintura prerrafaelita

GrimmEstas pasadas Navidades varios canales de televisión han emitido algunos de los clásicos del cine de animación americana, cuyo argumento no es otro que los relatos conocidos comos cuentos de hadas. Y aunque muchos de nosotros conozcamos la historia de la Cenicienta, Blancanieves o la Bella Durmiente principalmente gracias a las versiones de Disney, lo cierto es que estos relatos ya captaron la atención de numerosos artistas en el siglo XIX. En algunos casos estos pintores, junto a poetas contemporáneos, incluyeron variantes en los cuentos originales- transmitidos estos en primer lugar oralmente que han sido perpetuadas hasta hoy día, suprimiéndose episodios o aspectos que en la actualidad consideraríamos poco aptos para niños e incluso llegándose a perder el sentido original de las historias.

En esta entrada de hoy queremos abordar la representación pictórica de diferentes cuentos de hadas a lo largo del siglo XIX, centrándonos en aquellos artistas vinculados al prerrafaelismo, ya que ellos se sintieron especialmente atraídos, además de por grandes nombres de la literatura antiguos y contemporáneos a ellos (Dante, Shakespeare, Tennyson…), por las leyendas, los cuentos y narraciones fantásticas.

El primero de los cuentos es la Cenicienta, cuya inspiración última parte de un relato egipcio titulado Rhodopis que fue recogido por el geógrafo Estrabón en el siglo I a.C. En él, una esclava se casa con el rey de Egipto tras perder un zapato. Aunque ya en la Edad Moderna encontramos varias versiones del cuento, será la de Charles Perrault de 1697 la que siente las bases de nuestra Cenicienta actual. El escritor francés introducirá elementos como la calabaza, el zapato de cristal o el hada madrina. Ya en el siglo XIX, los hermanos Grimm sustituirán el hada madrina por un árbol de los deseos crecido sobre la tumba de la madre de Cenicienta.

Cenicienta

De izquierda a derecha las obras de Edward Burne-Jones, Valentine Cameron Prinsep y John Everett Millais.

Tres diferentes autores vinculados a la pintura prerrafaelita abordaron la representación del personaje de Cenicienta. Y aunque sus estilos artísticos y su ideal de belleza son muy diferentes, todos ellos coincidieron en plantear una Cenicienta joven, vestida de manera muy humilde y rodeada de platos, escobas y fogones. Pero mientras John Everett Millais (1829-1896) nos presenta a una Cenicienta en su primera adolescencia (su apariencia nos puede recordar a la Cosette de Los Miserables), Edward Burne-Jones (1833-1898) la convierte en una joven de más edad que, además, ya ha perdido uno de sus zapatos.

Otro de los grandes cuentos de hadas es Blancanieves. Los hermanos Grimm redactaron una primera versión de este cuento en fecha tan temprana como 1812 y la revisaron en varias ocasiones hasta llegar a la versión final a mediados de siglo. Según algunos estudiosos, la historia de la joven que es abandonada en el bosque tendría su punto de partida en dos mujeres reales que vivieron en los siglos XVI y XVIII.

Aunque la historia y persona de Blancanieves no serán tan habituales como Cenicienta, es posible encontrar algunos ejemplos. La mayor parte se centra en la representación de la joven junto a los enanitos; todos ellos, como podemos comprobar, distan mucho en apariencia del aspecto configurado por la película de Disney a comienzos del siglo XX.

Henry Meynell Rheam- Snow White

Henry Meynell Rheam: “Blancanieves”. 1908

Una excepción la constituye John Dickson Batten (1860-1932), que dedicó gran parte de su carrera a la ilustración de cuentos procedentes de tradiciones de todo el mundo. En concreto, dedicó un pequeño lienzo (1897) al momento en que los enanitos descubren a Blancanieves durmiendo sobre sus camas.

John Dickson Batten-Snowdrop and the seven little men-1897

John Dickson Batten: “Blancanieves y los siete enanitos”. 1897

El último de los cuentos que vamos a abordar es uno de los preferidos por los pintores prerrafelitas. Se trata de La Bella Durmiente, una historia cuyos orígenes pueden remontarse hasta el siglo XIV y que hoy conocemos fundamentalmente a través de tres versiones: una italiana del siglo XVII, la de Perrault publicada en 1697 y la de los hermanos Grimm de 1812. A ellas hay que sumar dos poemas publicados por Alfred Tennyson en 1830 (Sleeping Beauty) y 1842 (The Day Dream, ampliación del anterior).

John Dickson Batten-Sleeping Beauty

John Dickson Batten: “La Bella Durmiente pinchándose con una rueca”. c.1895

Puesto que las versiones italiana y de Perrault continúan la narración más allá de la boda de la princesa (que no tiene nombre propio) y el príncipe, cabe pensar que pintores como Burne-Jones o John Dickson Batten (1860-1932) tomaron como referencia la versión de los hermanos Grimm y los poemas de Tennyson, ya que concluyen en el momento en que la joven es despertada. Y aunque la escena predilecta será la dormición de la princesa, Burne-Jones, por ejemplo, abordará toda la historia en varias ocasiones, recogiendo episodios como el sueño de toda la corte o el momento en que el príncipe atraviesa la vegetación que cubría el castillo, descubriendo los cadáveres de anteriores y más desafortunados pretendientes.

El Museo de Arte de Ponce (Puerto Rico) posee tres lienzos pertenecientes a la serie El rosal silvestre (1871-1873) en la que Burne-Jones representó al príncipe entrando en el bosque, al rey y su corte dormidos y, finalmente, a la bella durmiente.

Burne Jones- Ponce

Edward Burne-Jones: “El príncipe entra en el bosque”.

Otros prerrafaelitas que se acercaron a este cuento fueron John Collier (1850-1934) y Edward Frederick Brewtnall (1846-1902).

John_Collier,_1929_-_Sleeping_Beauty

John Collier: La Bella durmiente. 1929.

Más información| La Bella Durmiente. Pintura victoriana del Museo de Arte de Ponce [catálogo de exposición]. Madrid: Ediciones el Viso. 2009.

Imagen| John Dickson Batten (Blancanieves); Rheam; Burne-Jones (Cenicienta); Millais; Prinsep; Príncipe en el bosque; John Collier; Bella durmiente con rueca.

En QAH| El artista y la musa, Christina Rosetti

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