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Cuento de Navidad

Eran las 9 de la noche y volvía a casa después de lo que todos llamamos “un duro día de trabajo”. Para mí era eso: un día más. Sólo las luces colgadas de un lado al otro de las calles me recordaban que esa noche era Navidad. Hacía frío, había nevado y el asfalto estaba empapado.

En la acera por la que caminaba había una mujer mayor, aferrada a su bolso como si fuera lo último que le quedara. Tenía el pelo blanco y las arrugas muy marcadas, un abrigo marrón y unos zapatos gastados. Siempre estaba ahí, en el mismo punto de la acera, con el mismo abrigo, los mismos zapatos y agarrando el mismo bolso. Y siempre me decía lo mismo.

– No tendrás una moneda que te sobre…

Normalmente le daba algo suelto, ella me daba las gracias con los ojos tristes y yo seguía mi camino. Esta vez, al verla de lejos, decidí que sería distinto. Seguramente ella estaba igual de sola que yo en esa noche de Navidad. Yo no podía volver a casa por motivos de trabajo, y ella no querría volver porque no tenía motivos, ni trabajo. Esta vez hablé yo primero:

– ¿Le gustaría cenar esta noche en mi casa? Hay sopa y podría hacer un solomillo que tengo en el congelador. También podríamos abrir una botella de vino, tengo tinto y blanco. ¿Cuál prefiere?

Creo que la cara nunca se le había iluminado tanto. Me sonrió, las arrugas se acentuaron aún más, y asintió con la cabeza. Se puso a caminar a mi lado, mirándome como si yo no fuera real, como si fuera un ángel.

Cuando llegamos a casa la senté en la mesa, le serví vino tinto, le puse un plato de sopa y pronto se animó a hablar:

– La sopa está buenísima. ¿El vino es crianza? Es Viña Monty, ¿verdad?

No esperaba que supiera de vinos.

– Sí, crianza del 2003.

Le serví el solomillo y cené con ella. De postre, me tuve que apañar con un poco de queso y unas uvas que había comprado para fin de año. Estuvimos charlando hasta bien entrada la madrugada, me contó que su marido había muerto, sus hijos vivían fuera y nunca venían a verla, y no le gustaba estar sola en su casa. Prometí invitarla a cenar un día a la semana y se fue, con una sonrisa como nunca había visto antes. Entonces comprendí lo que significa regalar algo en Navidad a quien realmente lo necesita.

Navidad

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen| Luces de Navidad

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