Jurídico 


¿Cuándo se puede considerar a un apoderado como un administrador de hecho?

Sociedad

El punto de partida previo, que nos permite sentar las bases del presente análisis, se encuentra en la distinción de dos instituciones consideradas por la Doctrina tradicional como equivalentes, pero que la Doctrina y Jurisprudencia modernas han entendido que tienen identidad per se y, por tanto, son distintas entre sí. Hablamos del mandato y del poder o representación. El término mandato se ha acuñado para referirnos a un contrato bilateral que regula las relaciones internas entre mandante y mandatario, y en el cual se exige la aceptación del mandatario. Frente al carácter interno del mandato, el apoderamiento, trasciende a lo externo, consistiendo en una declaración de voluntad unilateral del poderdante mediante la cual se conceden facultades, limitadas o no, para actuar en nombre del poderdante o representado.

En los últimos tiempos, se ha venido generalizando en el mundo societario una práctica consistente en utilizar la figura del apoderamiento para “encubrir” una verdadera situación de administración de hecho, ahora bien ¿Qué es un administrador de hecho? El administrador de hecho, o también denominado “administrador indirecto”, es aquel que actúa en condición de administrador de una sociedad sin observar las formalidades esenciales previstas en la Ley o los estatutos para adquirir tal condición.

Sentadas las precisiones terminológicas realizadas, hay que apuntar que la cuestión objeto de análisis no es baladí en la medida que la equiparación o, mejor dicho, la consideración de la figura del mero o simple apoderado de una sociedad como administrador de hecho de la misma determinaría la aplicación del régimen de responsabilidad previsto para los administradores en los artículos 236 y ss., de la Ley de Sociedades de Capital, así como las responsabilidades penales que se pudieran derivar.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha venido reconociendo, no en pocas ocasiones, que el simple apoderamiento genérico no convierte al apoderado en administrador. Así, en STS 55/2008, de 8 de febrero (RJ 2008/2664), el Alto tribunal reconocía que “La condición de administrador de hecho no abarca, en principio, a los apoderados (SSTS de 7 de junio de 1999 RJ 1999,4730 y 30 de julio de 2001, RJ 2001, 6632) siempre que actúen regularmente por mandato de los administradores o como gestores de éstos, pues la característica del administrador de hecho no es la realización material de determinadas funciones sino la actuación en condición de administrador sin observar las formalidades esenciales que la Ley o los estatutos exigen para adquirir tal condición.

Cabe, sin embargo, la equiparación del apoderado o factor mercantil al administrador de hecho (STS de 26 de mayo de 1998, RJ 1998, 4004, 7 de mayo de 2007 Rec. 2225/2000 RJ 2007/3405) en los supuestos en que la prueba acredite tal condición en su actuación. Esto ocurre paradigmáticamente cuando se advierte un uso fraudulento de la facultad de apoderamiento a favor de quien realmente asume el control y gestión de la sociedad con ánimo de derivar el ejercicio de acciones de responsabilidad hacia personas insolventes, designadas formalmente como administradores que delegan sus poderes, pero puede ocurrir también en otros supuestos de análoga naturaleza, como cuando frente al que se presenta como administrador formal sin funciones efectivas aparece un apoderado como verdadero, real y efectivo administrador social (STS de 23 de marzo de 2006, recurso 2643/1999, RJ 2006, 1596).”

En la misma línea defendida por el TS se ha pronunciado la Doctrina, entre ellos el Magistrado D. Rafael Giménez – Bayón en la monografía Derecho de Sociedades. II, Cuadernos de Derecho Judicial, CGPJ, que afirma que “para imputar la responsabilidad característica del administrador a quien en el Registro no ostente tal condición [se] exige que se pruebe que bajo la apariencia de otras funciones, es realmente administrador”.

Por tanto, y a modo de resumen, cabe apuntar que la determinación de la condición de administrador de quien realmente ostenta la cualidad de apoderado descansa sobre la práctica de la prueba que permita demostrar que bajo la imagen de apoderado se están ejerciendo funciones propias de administrador.

Vía| Cuadernos de Derecho Judicial, Derecho de Sociedades II, Ley de Sociedades de Capital

Imagen| Acuerdo

 

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