Cultura y Sociedad 


Cuando Hitler prohibió ‘Mein Kampf’ en Francia

Cuatro semanas ‘tardó’ la Wehrtmacht en llegar a París, o sea, en conquistar Francia. Un paseo militar que humilló a una nación en el terreno militar y en el político. El estado mayor del ejército galo -a priori el más poderoso del mundo- sucumbió ante la novedosa guerra relámpago que Alemania puso en práctica gracias a sus carros de combate.

La clase política de entreguerras tampoco podía disimular su fracaso. Había impuesto unas severas condiciones a Alemania en el Tratado de Versalles y despilfarrado cientos de millones de francos en la construcción de la Línea Maginot, concebida para evitar una nueva invasión germana. Ni una ni otra evitaron el desastre.

Estamos en junio de 1940 y Francia acaba de caer en manos de Adolf Hitler. El dictador nazi cumple así uno de sus objetivos plasmados en Mein Kampf, el libro en el que expone su pensamiento y escrito durante su etapa en la cárcel de Landsberg. Europa se frota los ojos al ver a las SS desfilar por los campos elíseos y al propio Hitler posar ante la torre Eiffel.

En realidad nadie podía llamarse a engaño, por lo menos, todo el que hubiera leído la ‘biblia nazi’ en la que el Führer ni mucho menos oculta su deseo de someter a Francia. “Mis profecías han sido siempre objeto de burla. Muchos de los que en esa época se reían, ya no ríen; y los que hoy siguen riendo, dejarán de hacerlo tal vez muy pronto”, confiesa después orgulloso a la vieja guardia del NSDAP.

Hitler, en su Mein Kampf, resaltaba que los ancestros de los alemanes eran los griegos, aunque éstos procedía de los propios germanos

Hitler, en su Mein Kampf, resaltaba que los ancestros de los alemanes eran los griegos, aunque éstos procedía de los propios germanos

Lo que sí es una sorpresa es la decisión de prohibir la impresión y la distribución de Mein Kampf en Francia. Se trata del único país invadido por Alemania en el que Hitler oculta sus planes a la población. Rápidamente la propaganda nazi edita una lista de libros prohibidos en la que aparece Mein Kampf. Es la ‘lista Otto’, que toma su nombre de Otto Abetz, representante del Reich en la Francia ocupada.

Demasiado tarde para Fernand Sorlot, editor que antes de la guerra había vendido miles de ejemplares en Francia sin mayores problemas. Los alemanes encuentran su domicilio y precintan su despacho. Le obligan a vender al Tercer Reich la mitad de su editorial Nouvelles Éditions latines. Sorlot capta el mensaje y publica a partir de ahora libros favorables al colaboracionismo y discursos del mariscal Pétain.

Otros se apuntan entusiasmados al colaboracionismo e incluso se hacen nazis, así que la curiosidad por leer Mein Kampf va en aumento. Sorlot no se lo piensa e imprime 10.000 ejemplares clandestinamente. Paralelamente la resistencia también quiere saber qué piensa el enemigo. Henri d’Astier, militante de la extrema derecha y una de las figuras más destacadas de la resistencia francesa, reconoce que Sorlot le proporcionó más de 2.000 libros. Su testimonio resultaría luego crucial para evitar la condena a 20 años de indignidad nacional a la que había sido castigado el editor después de la guerra.

En el norte de África el Comité Francés de Liberación Nacional encarga en 1943 una tirada del libro con el fin de que los franceses que viven fuera de la metrópoli conozcan el programa de Hitler. El prefacio de la edición es revelador: “En la guerra, para combatir bien es menester conocer al enemigo”.

Cuando Francia es liberada en el verano de 1944 el periódico France Libre informa que 200.000 ejemplares han sido decomisados en las librerías de todo el país. Teniendo en cuenta que Fernand Sorlot había vendido el libro de Hitler desde 1934, podemos decir que Mein Kampf se convirtió en un bestseller en Francia.

Imagen| Portada de “Mein Kampf, historia de un libro”

En QAH| Garbo, el espía que engañó a Hitler, El Holocausto Sefardí (III): Héroes en la Francia ocupada

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