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¿Cuándo hacemos clic?

Quizá te preguntes si es con el botón derecho o izquierdo de tu ratón, pero no, yo te quiero hablar de un clic diferente cuyo sonido es imperceptible. Es el clic que separa la razón del corazón. Puede que jamás llegue a tus oídos y es que no suena a nada. Aunque, en mi opinión, alguien debería poner música a ese momento y que sonara como una especie de “¡Aleluya, aleluya!”, al menos, para que nos diéramos cuenta de que ha sucedido y pudiéramos decirnos: “¡lo has logrado!”. A estas alturas es probable que algún amigo ya te haya contado la historia del “clic”, pero, por si acaso aún nadie lo ha hecho, recordémosla.

Cuando estamos sumidos en la mayor de las miserias y los que están a nuestro alrededor se agotan de escuchar el mismo lamento una y otra vez, siempre hay alguien que está ahí para decirte que “llegará un momento en el que harás clic”. Vuelves a pensar en el ratón de tu ordenador y te haces miles de preguntas. No tienes muy claro en qué consiste el dichoso clic y te parece un argumento banal más para que pares de quejarte. Lo ves todo cuesta arriba y dudas que puedas remontar desde ahí. Te rondan las mismas ideas en la cabeza durante meses y parece que te encanta regocijarte en tu pena. Escuchas canciones en bucle para que te hundan más en el fango y crees que cada letra tiene un mensaje oculto sobre vuestra historia. Sientes que cada día que pasa es igual o incluso peor que el anterior. Revisas fotos, notas, cosas vuestras y te recreas en momentos y en conversaciones porque comienzas a sentir que se evaporan y no quieres que se te olviden.

¿Cuándo hacemos clic?

¿Cuándo hacemos clic?

Es una época inconsciente en la que tienes la impresión de que todo se ha parado y no sabes muy bien cómo hacer que vuelva a ponerse en marcha. Pero, sin darte cuenta, estás dando pasitos hacia delante, pequeñas cosas, y también personas, que te están llevando, sin saberlo, de vuelta a la pista de baile. Poco a poco dejas de prestar tanta atención a tu dolor, todo recobra algo de color y  haces cosas de nuevo por y para ti. Comienzas a salir del pozo de lágrimas. Todo parece cobrar un poco de sentido y encuentras respuesta a alguna que otra pregunta, aunque aún queden otras que responderás más adelante. Y de repente: ¡clic!  Dicen que es justo el instante en el que corazón y cabeza se desenganchan y que la única secuela es un pellizquito en el corazón cuando vuelve a la mente algún recuerdo o escuchas su nombre. ¡Clic! Tú no lo has oído y ni eres consciente de que ha ocurrido. Todo comienza a ir bien, a sentirte de nuevo tú. No sabes cómo llegaste ahí y ya no recuerdas por qué estabas allí. Te sientes de vuelta de todo y de nada al mismo tiempo, listo para retomar tu vida justo en el punto en el que la paraste y confías en que si algo vuelve a salir mal, te esperará tu clic en alguna parte. Así que sal a la pista y que el clic te pille bailando.

 

Vía| Texto cedido por la autora

Imagen| Corazón

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