Cultura y Sociedad 


Cuando el arte perjudica la salud: El Síndrome de Stendhal

El Rapto de las Sabinas, Giambologna

Hoy día el arte está muy presente en nuestra sociedad, ya sea a través de los medios de comunicación que se hacen eco de subastas millonarias, nuevos descubrimientos o exposiciones que casi tienen la misma campaña de promoción que la gira de cualquier grupo musical de renombre. También el arte se ha hecho un hueco en el mercado turístico y cada día son más frecuentes los viajes culturales, si bien la forma de vivir esta experiencia puede fluctuar entre la excursión a modo de pastoreo con guía al frente del rebaño, a los apasionados que casi lloran cuando se dejan algo en el tintero. Pero… ¿sabías que el arte podría llegar a afectar negativamente en la psique de una persona?

Fue la psiquiatra italiana Graziella Magherini la que acuñó en 1979 el término de “Síndrome de Stendhal” para hacer referencia a los trastornos producidos a raíz de una contemplación masiva de obras de arte de una gran belleza. Este trastorno psicosomático fue bautizado así en honor del escritor francés Stendhal, pseudónimo de Henri- Marie Beyle, quien en 1817 visitó la ciudad de Florencia y, a la salida de la Basílica de Santa Croce, experimentó una sensación que él mismo describió en una de sus obras de la siguiente manera:

Basílica de Santa Croce

“Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”.

Estos síntomas de desorientación, aumento del ritmo cardíaco y ahogos podríamos pensar que son inducidos por el espíritu de un literato imbuido de sensibilidad romántica y amor extremadamente blando por las creaciones artísticas de otras épocas y, si sumamos que en la Santa Croce se encuentra la tumba de Miguel Ángel entre otros genios, pues ya su experiencia fue próxima a la del contacto con la divinidad. Sin embargo, la experiencia nos ha ido aportando numerosos casos similares que demuestran que no fue un idilio con una ciudad aislado, sino que muchas más personas han sufrido ante el derroche estético de algunos lugares.

Se dieron más casos de desvanecimientos o vértigos en la centuria en la que Stendhal estuvo en Florencia, sobre todo en la Galleria degli Uffizi, donde se guardan obras maestras del Renacimiento y el Barroco. Era como si la gente se sintiera invadida de una fuerza extraña ante tales obras, algo que podría ser explicado en el contexto de una sociedad aún no acostumbrada a la cultura de las imágenes, salvo por algunos grabados o reproducciones en los libros, que de repente se veía cara a cara y en pleno diálogo con obras que habían querido ver durante toda su vida o que habían sido referidas hasta la saciedad por otros. Pero, ¿qué sentido tiene este trastorno psicológico en la era de los medios de comunicación?

Graziella Magherini estudió más de cien casos en los que se daban estos síntomas tras la visita a lugares plagados de arte en personas con las más variopintas circunstancias personales. También se dieron otros síntomas en algunos visitantes, aunque mucho más puntuales, como fueron desorganizaciones psicóticas y alucinaciones, impulsos destructivos ante las obras contempladas o estados de disociación y amnesia. En definitiva, estaba claro que la experiencia estética extrema en los visitantes provocaba unos efectos nada agradables, más aún cuando estaban en museos, donde la concentración llega a ser abrumadora y se hacen necesarios espacios de reposo para la vista y la mente.

Las investigaciones en este campo de la psiquiatra italiana se propagaron como la pólvora en una sociedad acostumbrada al consumo cultural e incluso llegaron a banalizarse sus conclusiones, erigiéndose el Síndrome de Stendhal como una especie de anhelo romántico para los más entusiastas del arte, que veían en él un atisbo de la pureza y total amor con los que se entregaban antiguamente los apasionados del arte a la contemplación de las grandes creaciones de la Historia. Incluso en 1996 apareció una muy poco recomendable película del director italiano Darío Argento titulada en España “El arte de matar”en la que se servían de dicho síndrome para aderezar una historia de suspense, violaciones y tintes gore de lo más innecesaria. También se ha usado este síndrome para crear campañas publicitarias, como es el caso del refinado spot de Audi A8.

Panorámica de Florencia

También en su contra, pero de una manera mucho más profesional y sin recurrir a una especie de “merchandising” barato, se levantaron una serie de voces expertas en el campo de la Psicología que no compartían el mismo punto de vista con respecto a este síndrome producido ante la incapacidad de procesar toda la información estética masiva que recibe el individuo en un espacio corto de tiempo, conllevando a la saturación mental. Estos estudiosos veían que el tal síndrome no lo era, sino más bien era el producto lógico ante la aglomeración de personas y el cansancio al querer abarcar lo máximo en el menor tiempo posible. Se llegó incluso a hacer un estudio en el año 2010 coincidiendo con la visita a Florencia de un grupo de médicos que asistían a un congreso y los cuarenta y ocho que fueron entrevistados no experimentaron ningún efecto o síntoma relacionado con este síndrome, aunque sí en el campo de las emociones, sintiendo variaciones considerables en la percepción del placer entre otros factores.

En definitiva, para muchos es tenido como un síndrome, el cual no reviste gravedad, mientras que para otros no debería ser catalogado como tal (en el Manual Diagnóstico de Trastornos Mentales no aparece recogido como patología). Lo que sí es cierto es que el arte no deja indiferente a nadie y que, para muchos, este Síndrome de Stendhal es un riesgo necesario que hay que correr para poder disfrutar de algunas de esas genialidades que hacen al ser humano digno de haber llegado a donde está.

 

 

Vía| MARGHERINI, Graziella: “El sindrome de Stendhal”

ImagenFototeca personal

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