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¿Cuál es la situación del trabajo “en negro”y la precariedad laboral en Argentina?

Sí, sé que como miembro argentino del staff de QAH mi responsabilidad es escribir sobre el caso YPF y Repsol, pero me disculpo y prefiero esperar a que se tranquilicen las aguas para brindarles una visión más en frío del caso. En esta ocasión, quiero presentarles a los intrépidos lectores de QAH un panorama del empleo informal en la Argentina, que alcanza a casi 1/3 de los trabajadores.

En la última década América Latina en general, y la Argentina en particular, crecieron a tasas envidiables. A diferencia de otros períodos en la historia de la región, esta vez los gobiernos lograron transferir parte de la riqueza generada a los sectores más bajos de la población, a través de planes como la Asignación universal por hijo en la Argentina o el plan Bolsa familia en Brasil, sobre los que ya escribí aquí. Sin embargo, los gobiernos de la región fracasaron rotundamente en combatir uno de los síntomas más nefastos de la pobreza: el del empleo informal (o en negro, como le decimos en Argentina). Me gustaría compartir con ustedes algunas cifras sobre esta situación en la Argentina, así como un panorama sobre qué situaciones la generan y qué consecuencias trae sobre la fuerza laboral.

Vamos primero a los datos: si uno mira los datos para 2010 sobre el empleo en el país, parecen bastante sólidos: el desempleo tiene una tendencia a la baja y está por debajo del 8%. Ahora bien, de este 92% de la fuerza laboral que tiene trabajo, se estima que el 35% se encontraba en una situación de informalidad (dicho de otro modo, sin contrato). Como se podrán imaginar, gran parte de esos trabajadores corresponden a los estratos más vulnerables de la población.

Cabe preguntarse a continuación: ¿por qué se genera esta situación? En primer lugar hay que mencionar la falta de persecución a los empleadores que tienen empleados informales: es sabido que en rubros como la agricultura (el agro en argentino), el servicio doméstico, el comercio y la construcción abundan este tipo de relaciones laborales y sin embargo no se las castiga y persigue adecuadamente. En segundo lugar, y como consecuencia de mi sesgo economicista creo que es el motivo principal, es mucha la diferencia de costos entre tener un empleado formal o informal. Veamos un ejemplo numérico: si un empleado recibe $10.000 de sueldo, a la empresa le cuesta $13.500 (tiene que pagar jubilaciones, seguros médicos y otras cargas). El empleado, una vez descontados los impuestos que él debe pagar, se queda con $8200. O sea que por $0.65 que un empleado recibe en su mano, hay que hacer pagos por $1.  Y esto sin contar los altos costos de despido que tiene un empleado formal. Si combinamos esta diferencia abismal de costos con el hecho mencionado anteriormente del mediocre monitoreo estatal que se hace en muchos casos, llegamos a situaciones donde muchos empleados preferirán quedarse con más dinero en sus manos y trabajar informalmente, o que determinadas actividades no sean rentables si se hacen con trabajadores formales (aquí se dice en blanco). Me parece interesante recalcar en este punto una diferencia sustantiva entre Argentina y España: los altos costos del empleo formal en España son, creo yo, uno de los grandes determinantes del desempleo. En Argentina, no se da está tensión entre empleo y desempleo, sino entre empleo formal e informal.

Pasemos ahora a las consecuencias que genera el empleo en negro. En primer lugar, una desigualdad abismal entre trabajadores formales e informales. Los primeros cuentan con seguros en casos de accidente, estabilidad en su trabajo, planes de salud de calidad, indemnización en caso de despido. Los segundos saben que pueden perder su trabajo de un día para el otro, no tienen cobertura en caso de accidentarse, no tienen condiciones de trabajo dignas aseguradas, ni acceso a ningún plan de crédito bancario. Así, se genera dentro de la fuerza laboral una gran diferenciación entre empleados formales (insiders), con una buena calidad de vida y la seguridad de que serán beneficiarios de las bondades del crecimiento económico e informales (outsiders), expuestos al salvajismo del que es capaz el capitalismo desregulado.

A mi gusto uno de los grandes desafíos que tiene el gobierno argentino (y el resto de los gobiernos de América Latina) para los años que vienen es encontrar la manera de incorporar a esta masa de trabajadores informales al mercado formal. Comenzar a castigar duramente a los empleadores puede ser una alternativa que termine siendo perjudicial para los trabajadores, dejándolos sin empleo. Solo se debe proceder en este sentido una vez que se elaboren planes que abaraten el trabajo formal, disminuyendo las cargas económicas y rigideces que existen hoy en día. Esta será la única manera de que el sector más pobre de la población pueda disfrutar de los beneficios del crecimiento económico. 

Imagen| Empleo informal, Trabajo rural, Cristina

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