Cultura y Sociedad, Historia 


¿Cuál es el origen del refrán “Quién se fue a Sevilla perdió su silla”?

Sevilla en mayo (16) Imaginen. Una reunión de amigos pasando una agradable tarde en torno a una barbacoa. Son un número considerable, con lo que hay algunos que están sentados y otros menos afortunados que se han tenido que quedar de pie. De repente uno de ellos se levanta, pues la generosa ingesta de cerveza le ha obligado a acudir al servicio. A su regreso comprueba irritado que uno de sus amigos ha ocupado su lugar y, para colmo de males, está dando buena cuenta de su hamburguesa.

-¡Ya te estás levantando de esa silla que ahí estaba yo!

-Lo siento amigo, «quien se fue a Sevilla, perdió su silla»

Les suena, ¿verdad? Todos hemos escuchado esa frase en alguna ocasión a lo largo de nuestra existencia. Pero, ¿cuál es el origen de la misma? Este dicho, refrán o expresión popular, aunque a priori no lo parezca, encierra un origen histórico.

La frase correctamente enunciada, atendiendo a su origen histórico, debería ser «Quien se fue de Sevilla, perdió su silla». Ocurrió que durante el reinado de Enrique IV de Castilla (1425-1474), se dio una disputa entre dos arzobispos, Alonso de Fonseca “el Viejo” y Alonso de Fonseca “el Mozo”, quienes eran tío y sobrino, respectivamente.

Alonso de Fonseca “el Viejo” era Arzobispo de Sevilla cuando en 1460, su sobrino Alonso de Fonseca “el Mozo”  fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela. Por aquel entonces Galicia se hallaba en medio de terribles revueltas, de modo que el sobrino pidió a su tío que lo ayudara. Accediendo a su petición de auxilio, el Viejo tomó posesión del arzobispado gallego, mientras el Mozo ocupó la silla de su tío en la sede episcopal sevillana.

Restablecido el orden en la diócesis de Santiago, el Viejo quiso volver a ocupar su cargo en Sevilla, mas cuando regresó, descubrió que su sobrino se negaba a devolverle la silla arzobispal hispalense, que legítimamente le pertenecía. El enfrentamiento entre tío y sobrino dio origen a una gran conmoción y hubo que recurrir a un mandamiento papal e incluso a la intervención del mismísimo rey de Castilla.

Estos hechos dan pues origen al refrán, por lo que se deduce que el perjudicado no fue aquel que fue a Sevilla, sino el que abandonó la ciudad.

 

Vía| «Quien fue a Sevilla, perdió su silla»

Imagen| unmundoenfotografias

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