Historia 


Crisis cultural en el período de entreguerras

La experiencia de la Gran Guerra (1914-1918) hace comprensible el aumento de un nacionalismo extremadamente violento y desconocido hasta ese momento. Este conflicto destruyó el concepto del ser humano en sentido individual y cambió la visión de entender cualquier asunto relacionado con el Estado, principalmente la política. Los primeros grupos de corte fascista surgieron de excombatientes, como los “Arditi” italianos o los “Freikorps” alemanes, cuerpos armados enfrentados a los partidarios de la nueva revolución comunista, socialista o a los políticos traidores de la República de Weimar ( 1919-1933) como en el caso alemán.

Fascistas italianos. Mussolini en primer plano.

Fascistas italianos. Mussolini a la cabeza.

La camaradería de trinchera causó una sensación de sociedad unida bajo un mismo objetivo, así como una jerarquización militar de la propia sociedad civil. La nueva moral, junto a la violencia implícita de la política, será caldo de cultivo del fascismo. Este nuevo concepto pasará los valores de la guerra a la política del día a día en tiempos de paz. La I Guerra Mundial supondrá la movilización total de la sociedad por primera vez en la historia, “pervirtiendo” moral y emocionalmente a la mayoría de los supervivientes, ya que la muerte masiva en el frente es sufrida por toda la población. Las innovaciones tecnológicas e industriales del siglo XIX se utilizarán para matarse de forma masiva entre las naciones beligerantes de las dos Guerras Mundiales del siglo XX. Un ejemplo claro son la utilización de la ametralladora y el gas.
Tras la Gran Guerra, la sociedad se brutalizará en todos los ámbitos, siendo la muerte algo indiferente para la población. La vida individual pasará a un segundo plano, dando más importancia al colectivo nacional. Formar parte de una comunidad nacional se convierte en la nueva forma de concebir la política, tanto en el extremo de los fascismos como en su antagonista comunista. En definitiva, el fascismo no es una concepción arcaica sino que nace a partir de una visión moderna tras el final de la guerra más mortífera y cruel hasta aquel momento. Toda esta tensión se verá incrementada por la gran crisis económica, social y cultural que vivirán las naciones tras la guerra, principalmente los derrotados como Alemania o los que no pudieron sacar tajada y se sintieron engañados como el caso de Italia. Para la mayoría de los excombatientes, la vuelta a casa tras un largo período de conflicto se convierte en algo extraño, ya que sienten que su sacrificio ha sido en balde, así como el de sus compañeros caídos en combate. Estos descontentos, perdidos en un mundo que ya no entienden, serán por regla general los que abrazarán el fascismo con más devoción, ya que les devolverá las ganas de combatir, integrándolos en una nueva fraternidad parecida a la que tenían dentro de las trincheras.

Tras la nueva configuración del mapa de Europa y la relativa estabilización de las naciones, los nuevos partidos se convertirán cada vez más en “pequeños ejércitos”. Los partidos normalizarán la violencia, utilizándola como una forma de sobrevivir, de prestigio social y de captación de nuevos partidarios entre los más jóvenes. Los nuevos partidos dispondrán de secciones paramilitares dentro de sus filas, siendo visto el choque entre ellas como algo normal entre la población. Pronto la fuerza se convertirá en una cuestión de honor por y para el partido. Un ejemplo lo podemos observar en los camisas negras italianos, las SA (Sturmabteilugn) alemanas, los camisas azules de Falange española o las secciones de asalto de los partidos comunistas.

Pintura. Marcha S.A  exhibiendo la bandera del partido nazionalsocialista

Pintura. Desfile SA exhibiendo la bandera del partido nacionalsocialista

El patriotismo llevado al extremo creará el concepto de comunidad en lucha, la cual pretenderá la construcción de un gran proyecto nacional. Esto conllevará un gran peligro, ya que dicha comunidad se basará en la inclusión de las personas dentro de una misma comunidad. Por el contrario, los elementos o personas considerados extraños o perjudiciales para dicha comunidad quedarán tajantemente excluidos, dando paso a casos tan radicales como el de los judíos en Alemania, excluidos por la volksgemeinchaft (comunidad popular) creada por el nacionalsocialismo.
Durante este periodo el fascismo resaltará la unidad del pueblo, la conciencia nacional y el sentimiento de pertenencia a un colectivo, atrayendo a multitud de ciudadanos descontentos, principalmente en Italia y Alemania, donde los idearios “fascistas” llegarán a lo más alto, convirtiéndose en el referente de esta nueva doctrina hasta su derrota en la II Guerra Mundial (1939-1945). El comunismo, el otro gran foco revolucionario del período y en plena exaltación en gran parte de Europa por lo ocurrido en Rusia (1917), será el gran rival de los diferentes tipos de fascismos que nacerán durante este período. Las democracias liberales de Occidente también verán con recelo el auge del comunismo en Europa y principalmente en sus países, aunque en cierta manera la problemática del fascismo se les adelanto por la cantidad de adeptos que consiguió en apenas unos cuantos años de vida.
En definitiva, el fascismo nacerá en este periodo como algo moderno, innovador, una nueva manera de entender la política ligada a la reciente guerra, donde únicamente importa el colectivo y el trabajo es destinado al fortalecimiento de la patria. Las clases medias y altas vieron en estas ideas un “seguro de vida” contra el comunismo, dando también una seguridad y un buen trato al obrero, a la gente joven y a los excombatientes, que como en el caso de Alemania se sentían traicionados por sus políticos.

Joseph Goebbels en pleno discurso político en Berlín

Joseph Goebbels en pleno discurso político en Berlín

Toda esta amalgama de ideas que conforman las políticas fascistas acabaron por radicalizarse y explotar de manera definitiva en 1929 con el crack de la bolsa de New York y la consecuente crisis económica mundial, afectando mayormente a naciones como Alemania, muy castigada tras la Gran Guerra con el Tratado de Versalles. Esto llevará a Hitler y al nacionalsocialismo al poder, despertando la gran “bestia dormida” que se aparecerá en forma de una nueva y todavía más cruel Guerra Mundial.

 

Vía| Ferran Gallego. “De Múnich a Auschwitz”

Más Información| H. Kinder, W. Hilgemann, “Atlas histórico mundial (II)”. Ed Akal

Imágenes| Mussolini, Cuadro desfile SA,  Joseph Goebbels

En QAH| El ascenso del fascismo al poder

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