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¿Crees en vos? (V): Excelencia vs. Perfeccionismo

Lucía

Lucía

Lucía corrió por el pasillo y tocó impaciente el timbre de la Sra. Pérez, que se sorprendió al abrir la puerta y ver a la muchacha con el uniforme del colegio, la respiración agitada, las manos temblorosas y el rostro pálido.
-¿Qué pasó querida? ¿Estás bien?-
-Sra. Pérez, hoy son las audiciones. ¿Y si me olvido el guión, o me caigo, o se me desordenan las líneas?- Lucía iba y venía por la habitación retorciéndose las manos. La Sra. Pérez sonrió:
-Querida, hace menos de una semana vivías como si fueras Chole. Hablabas como ella, te movías como ella, te comportabas como ella ¡Es imposible que algo te salga mal! Vamos, andá a cambiarte que te acompaño y me quedo a mirar tu audición-
-Está bien. ¡Ay, tengo miedo, me duele la tripa de los nervios y siento que mi mente está en blanco! Ya vuelvo, tengo que ir al baño- Lucía salió disparada hacia el departamento contiguo. Una vez liberó parte de su tensión en el baño, se cambió y se puso la peluca. Tomó el guión de su mesa de luz, y bajo al hall donde la Sra. Pérez la esperaba.
Aparentemente tranquila, pero mordisqueándose las uñas, Lucía cruzó la calle, entró a la escuela de artes y se reunió con sus compañeros en la sala de teatro. La Sra. Pérez se quedó al fondo, para mirar sin molestar.
Eran diez personajes en total y cuatro de ellos eran femeninos. La audición estaba organizada de la siguiente manera: primero todos los varones harían las pruebas para un mismo papel masculino, luego todas las mujeres adicionarían para un papel femenino, después los varones representarían otro papel, y así, turnándose los papeles masculinos y femeninos y cambiando de personajes cada vez, todos completarían sus pruebas.
Sólo 5 chicos de la clase quedarían sin papel, sin embargo, tendrían un trabajo muy importante: escenario, luces, telón, música, efectos… Estas cosas son las que le dan ese toque final a las obras de teatro y los alumnos tenían que encargarse de ellas.
Pero el sueño de Lucía era conseguir el papel de Chole, y la Sra. Pérez fue testigo de una Chole excelente que nadie más había logrado.
De regreso en casa de la Sra. Pérez, tras dos horas de audiciones y frente a una taza de café con leche, Lucía decía entre sollozos:
-No van a darme el papel, me olvidé el diálogo en un momento y tuve que improvisar, e hice un movimiento en un momento que no iba-
-Pero querida, te salió muy bien-
-Eso no alcanza, tenía que ser perfecto- La Sra. Pérez se sentó a su lado y tomándole una mano, hizo que la mirara a los ojos para decirle:
-Lucía, sólo Dios es perfecto y todos cometemos errores, pero tenemos que aprender a ver esos errores como enseñanzas para la próxima vez. Entonces nos vamos a dar cuenta de que cuando nos esforzamos por lograr algo bueno, aunque cometamos muchos errores, el resultado es excelente. Porque cada experiencia es un aprendizaje, y cada aprendizaje una nueva oportunidad-
Lucía se abrazó fuertemente a la Sra. Pérez y lloró, pero no con lágrimas de angustia y frustración, sino con lágrimas de agradecimiento por cada nueva oportunidad.

Excelencia

Excelencia

Cuando apuntamos a la perfección, nos ponemos a nosotros mismos y a los demás en un estado de “infelicidad garantizada”.
Una persona perfeccionista sufre cada vez que comete un error, porque lo toma como una señal de fracaso.
En cambio, una persona que apunta a la excelencia se esfuerza por dar lo mejor de sí, pero ve el error como algo necesario para conseguir lo que quiere alcanzar y se pregunta qué puede aprender de él.

 

Vía| Confianza total para vivir mejor (Verónica de Andrés, Florencia Andrés)

Imagen| Lucía  Excelencia

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