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¿Crees en vos? (IV): Esfuerzo vs. Sacrificio

Lucía

Lucía

-Muy bien chicos, vengan todos. Tengo un mensaje para ustedes antes que se vayan- Llamó la profesora de teatro. Sus alumnos formaron un círculo a su alrededor para escucharla –Bueno, como ustedes saben, a fin de año siempre presentamos una obra como muestra de lo aprendido. Este año vamos a representar “Prohibido suicidarse en primavera” de Alejandro Cassonna. Después les voy a dar un guión a cada uno porque en dos semanas vamos a hacer una audición para designar los papeles. Todas las chicas van a hacer las pruebas de todos los personajes femeninos, y los chicos lo mismo con los personajes masculinos ¿Alguna pregunta?- Joaquín levantó la mano:
-¿Nosotros no podemos audicionar para papeles femeninos?- dijo en tono de broma, y todos se echaron a reír.
Lucía con el guión en mano, se dirigió a casa de la Sra. Pérez, con quien ahora compartía todos sus secretos.
-¡Sra. Pérez, mire! Este es el guión de la obra de fin de año. Tenemos audiciones en dos semanas. Tengo que conseguir este papel, así que a partir de ahora llámeme Chole- El entusiasmo de la muchacha alegró a la Sra. Pérez, que observó practicar a Lucía cada vez que volvía de la escuela.
Pero pronto, la situación dejó de ser motivo de orgullo y alegría. Lucía se había metido tanto en el personaje que durante los recreos se encerraba en el baño a repasar sus diálogos, cuando estaba en casa no salía de su cuarto más que para ir al baño o comer y en casa de la Sra. Pérez, se comportaba como Chole, se expresaba como Chole y no respondía a otro nombre que no fuera Chole. Ya se había aprendido el resto de los papeles femeninos, pero este era el que quería obtener.
Al principio, la Sra. Pérez se enorgulleció del esfuerzo de su vecinita, sin embargo, en cuanto notó el extremo al cual había llegado, decidió hablar con ella para frenar esa locura.
Aquella tarde, cuando le abrió la puerta, Lucía entró saludando a lo Chole:
-¡OhOh!- y se sentó a la mesa frente a su taza de café. La Sra. Pérez se sentó a su lado y dijo:
-Lucía- no recibió respuesta –Lucía- la muchacha siguió sin responder, y volvió a intentarlo –Chole-
-¿Qué sucede Sra. Pérez?- dijo Lucía con aire dramático. Esto enojó a la Sra. Pérez, que levantó la voz para decir:
-Lucía, tengo que hablar con vos. ¿Podés salir de ese tonto personaje y prestarme atención?- Lucía reaccionó y tímidamente preguntó:
-¿Pasó algo grave?-
-Sí, con vos. Lucía, ¿sabés lo que significa sacrificio?-
-Es hacer algo que a uno le cueste mucho para lograr otra cosa-
-Y cuando en el campo se sacrifica un animal enfermo ¿qué se hace con él?-
-Se mata-
-¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Es tanto el sacrificio que hacés por obtener este papel que te estás matando a vos misma. Me parece muy bien que te esfuerces por hacerlo lo mejor posible, pero que eso no te haga olvidar quien sos ni quiénes somos los que te queremos-
Las lágrimas rodaban por las mejillas de Lucía. Se levantó y abrazó fuertemente a la Sra. Pérez.
-Tiene mucha razón. Gracias por hacérmelo notar- La Sra. Pérez la sostuvo en brazos consolándola. Había logrado su objetivo.

¡Vale la pena el esfuerzo!

¡Vale la pena el esfuerzo!

Una persona se sacrifica cuando, en el intento de hacer lo mejor posible para lograr lo que quiere, se olvida de sí mismo. Se esfuerza sin límites, perdiendo el equilibrio de su vida. Ese desequilibrio tiene un precio que suele pagar quien se sacrifica (con su salud o estado de ánimo) y/o quienes lo rodean.
Las personas más proclives a caer en el síndrome del sacrificio son aquellas que no conocen otra alternativa para obtener los resultados deseados que el sacrificio.
Sin embargo, esta alternativa existe: el esfuerzo. Quien se esfuerza tiene metas que alcanzar, pero no pierde el equilibrio, no se olvida de sí mismo sino que recuerda que tiene muchas áreas en la vida y que todas son importantes.

 

Vía| Confianza total para vivir mejor (Verónica de Andrés, Florencia Andrés)

Imagen| Lucía ¡Vale la pena el esfuerzo!

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