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¿Crees en vos? (III): Optimismo vs Pesimismo

Lucía

Lucía

Lucía estaba orgullosa de su plan. Era justo lo que había imaginado. Pero pronto comenzó a ver las fallas. En las clases de teatro había hecho amigos por primera vez, sin embargo, no podía hacer planes con ellos ni invitarlos a su casa, porque fuera de la escuela de artes, ella no era Josefina. Se dio cuenta que tarde o temprano, su madre conocería a su profesora y se referiría a su hija como Lucía, no con su falso nombre. La peluca podía salírsele, y entonces ya nada sería igual y nunca podría volver a actuar.

Todo esto preocupaba a Lucía y por eso evitaba hablar de sus clases de teatro en casa o de su vida con sus compañeros de teatro. Se aseguraba la peluca de todas las formas que se le ocurrían y eso provocaba que los peinados con lo que se presentaba en la escuela de artes fueran realmente extravagantes.

Un día surgió otra dificultad en su plan: volvía a su casa tras una hora de improvisaciones. En la puerta de calle, una de sus amigas le dijo en voz alta mientras ella cruzaba la calle:

-¡Chau Jose!- y ella correspondió al saludo con una sonrisa. Se adentró en el edificio donde tenía su departamento y se quitó la peluca al pisar el primer escalón de la escalera.

De pronto escuchó una voz tras ella:

-¿Lucía?- Se dio vuelta y se encontró cara a cara con la Sra. Pérez. -¿Vos tenías la peluca? ¿En qué obra hay una Josefina?- Lucía no supo qué decir y se echó a llorar sentándose en la escalera. -¿Qué pasa querida?- La Sra. Pérez la ayudó a levantarse y la guió hasta su casa, donde le sirvió una taza de café con leche, se sentó a su lado y le preguntó amablemente –Lucía, ¿qué pasó? ¿estás bien?- Lucía se secó las lágrimas, dejó la peluca sobre la mesa y, en voz muy bajita, le contó sobre su plan.

-Ahora se arruinó todo, debí haber supuesto que no funcionaría. Este tipo de cosas nunca lo hacen y no sirven para nada-

-Querida, no digas eso- la tranquilizó la Sra. Pérez –Las cosas sirven, siempre y cuando el que las haga lo crea-

Lucía asintió, recibiendo el consejo, y dio un sorbo a su café.

-Ahora contame, ¿por qué vas disfrazada?- preguntó al Sra. Pérez.

-Es que me da vergüenza hacerlo como yo misma-

-Bueno, si te ayuda a soltarte, es bueno que lo hagas, pero tené en cuenta que tarde o temprano vas a tener que contárselo a todos. No se puede vivir en una mentira-

-Lo sé, pero por ahora lo necesito- Lucía terminó su café y luego de charlar un rato con la Sra. Pérez, se fue a su casa con una sola idea en mente: su plan saldría bien, y las fallas que surgieran servirían para mejorarlo.

 

Sé optimista

Sé optimista

El pesimismo es uno de los mayores frenos para el crecimiento, ya que es una anticipación negativa del futuro. Es la sensación de que nada va a ir bien, de que no tendremos éxito y de que, si lo tuviéramos, sería sólo casualidad.

El pesimismo es más que una actitud negativa: nos lleva a nutrir nuestra mente de imágenes negativas y hace que estemos más propensos a que estas sucedan, ya que el cerebro tiene un mecanismo interno que permite percibir, con mucha facilidad, aquello que está previamente cargado en él, y hará todo lo posible por encontrar aquello que habíamos imaginado.

El optimismo, en cambio, es la tendencia a esperar que el futuro traiga buenos resultados. Además, es una actitud que puede desarrollarse y que nos permite disfrutar de los desafíos que nos plantea la vida.

“El pesimista ve la dificultad en cada oportunidad, y el optimista ve la oportunidad en cada dificultad”, Winston Churchill.

 

Vía| Confianza total para vivir mejor (Verónica de Andrés, Florencia Andrés)

Imágen| Lucía  Sé optimista

En QAH| ¿Por qué es importante tener actitud mental positiva?

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