Coaching Profesional 


¿Crees en vos? (II): Flexibilidad vs Rigidez

Lucía

Lucía

La profesora llamó la atención de sus alumnos para decirles:

-Muy bien chicos, hoy vamos a empezar un tema nuevo: Alimentación y enfermedades relacionadas con los alimentos y la forma de comer. Los voy a dividir en grupos con un tema cada uno. El trabajo consiste en una investigación sobre la alimentación balanceada, la enfermedad o trastorno alimenticio que les toque y cómo combatirlo. Me tienen que entregar un informe dentro de tres semanas y cada grupo va a dar una clase al resto de sus compañeros sobre su trabajo.

Lucía frunció el seño disimuladamente, ¿qué necesidad había de hacerlos trabajar en grupos y además exponer oralmente frente a todos? ¿Sería una estrategia del profesor para no tener que dar él miso la clase y que la dieran sus alumnos? ¿No se suponía que ellos iban allí a aprender y no a enseñar? Obviamente ella nunca le plantearía a nadie sus pensamientos. No quería ser el centro de atención y de sólo imaginarse frente a una docena de personas atentas a cualquier error que ella pudiera llegar a decir o hacer, se le perlaba la frente de ese sudor frío que genera la vergüenza.

Resignada ante lo que ella consideraba una injusticia, Lucía colocó su banco junto al de los demás chicos de su grupo. Su tema era “la hipertensión”.

Pronto el aula se lleno de risas y murmullos. Todos tenían su libro abierto sobre la mesa pero lo que menos hacían era leerlo. Lucía, como siempre, no participaba en la conversación de sus compañeros, pasaba lentamente las páginas de su libro sin fijarse en lo que estas decían y temerosa de que le hicieran preguntas.

Como no leía ni charlaba, su mente voló hacia el sketch que tenía que preparar para su clase de teatro. Estaba trabajando en eso con un par de sus compañeros. Se trataba de una escena cómica que aún no habían terminado y menos ensayado, pero iba muy bien encarrilada. Lucía estaba muy orgullosa de los resultados. Le encantaban esos veinte minutos que la profesora les daba para que se dedicaran a la creación de su sketch, durante los cuales se reían y charlaban más de lo que trabajaban.

Las semanas pasaron y llegó el momento de entregar el informe de alimentación y exponer el tema frente al resto de la clase. Lucía sabía muy bien su tema, a pesar de que sólo se había dedicado a buscar información. No había opinado ni participado en las decisiones que había tomado su grupo con respecto a la redacción del informe y la manera de exponerlo.

Aquel día, a pesar de que había estudiado, Lucía temblaba y le dolía el cuello de tanta tensión. Cuando fue su turno de pasar al frente, habló muy bajito y mirando de reojo al profesor con miedo de confundirse en algo. Esta situación era algo que no podía soportar.

Sin embargo, por la tarde, cuando tuvo que representar su sketch junto con su grupo, Lucía, convertida en Josefina, se movió con soltura por el escenario, su voz fue clara y cuando olvidó su línea, se echó a reír, improvisando para poder salir bien parada de esa laguna que se había formado en si memoria.

Aquella noche, mientras cenaba con su madre, esta le preguntó:

-¿Cómo te fue en el examen de hoy?- a Lucía no le gustó mucho que saliera el tema, pero respondió:

-Regular, saqué un 7. Es que no entiendo por qué tenemos que trabajar en grupos y dar lección delante de todos. Es tan incómodo-

-Hija mía, dos mentes tienen más ideas que una, y dos personas superan mejor las dificultades si están juntas. Sólo tenés que relajarte y abrirte para ver los diferentes puntos de vista, siempre aportando los tuyos también-

-Pero…- Lucía calló. Su madre tenía razón. Después de todo, era así como habían logrado el mejor sketch de la clase aquella tarde. –Tenés razón- admitió. Verónica le acarició la mano con cariño estirándose sobre la mesa, y siguieron cenando.

Superar los desafíos

Superar los desafíos

En una fuerte tormenta, lo primero en caer son los árboles más rígidos. En cambio, los flexibles se doblan acompañando los vientos fuertes y sobreviven.

La flexibilidad nos da la posibilidad de adaptarnos mejor a los desafíos, de sobreponernos mejor y más rápido a los contratiempos; es la capacidad de salir fortalecidos de las adversidades.

La rigidez nos hace juzgar con dureza a los demás y a nosotros mismos, nos obstruye la comprensión, nos hace ver la vida desde una dimensión pequeña donde la única verdad es la nuestra. Nos acerca a la arrogancia, nos aleja de los demás y nos convence de que sabemos todo lo que necesitamos aprender. Sin embargo, la flexibilidad nos permite apreciar diferentes puntos de vista, nos libra de querer tener la razón en todo, nos hace recordar que no hay una sola verdad, sino diferentes miradas, y desde allí hallar un punto intermedio. La flexibilidad nos abre hacia nuevos aprendizajes.

Relajémonos para poder superar los desafíos y saber aprender de ellos.

 

Vía| Confianza total para vivir mejor (Verónica de Andrés, Florencia Andrés)

Imágen| Lucía  Superar los desafíos

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