Historia 


“Craso error”. La legión perdida

Marco Licinio Craso uno de los triunviros, junto a Julio Cesar y Pompeyo, había sido nombrado procónsul de la provincia Siria. Codiciando la fama y gloria de sus homólogos triunviros, había armado, con su propia pecunia, un ejército de siete legiones más los auxiliares. A los que se sumarían posteriormente mil jinetes éduos regalo de César. A pesar de su edad, superaba los sesenta, se veía a sí mismo como el nuevo Alejandro Magno. Pero su expedición estaba abocada al fracaso desde el principio.

Fotograma de La legión del águila Crédito: Matt Nettheim

Fotograma de La legión del águila Crédito: Matt Nettheim

Los soldados romanos desfilaban engalanados por las calles de la ciudad eterna camino de Brindisi, el puerto más importante de Roma, con el objetivo de embarcar rumbo a la provincia de Siria. A su paso eran recibidos con vítores y aplausos de sus conciudadanos. Pocos podían imaginar que estaban iniciando el camino de una tortuosa aventura, de la que la mayoría no regresaría jamás. Uno de los mayores fracasos que Roma pudiera recordar. Hasta el punto de que con el tiempo, cuando un romano hacía referencia a un gran error, lo haría con la expresión Craso error“. En referencia a este pasaje de su historia, acuñando una expresión que ha perdurado hasta nuestros días.

Sabías que… Antes de salir de Roma, un rival político que se oponía a la expedición llamado Ateyo Capitón, se interpuso en el camino de Craso con los brazos extendidos y lo maldijo haciendo mención a dioses e improperios que harían escandalizar a un romano decente.

Una vez en Oriente, Craso necesitaba una campaña militar que le proporcionase la gloria y fama que Cesar y Pompeyo habían obtenido en sus campañas de la Galia e Hispania, respectivamente. Uno sometiendo a los irreductibles galos, y el otro, aplastando la rebelión de Sertorio. Y por ello decidió someter Partia, un  reino tan sumergido en sus propios asuntos sucesorios, que no representaba una amenaza real para Roma.

Craso había cometido el error de una vez cruzado el Éufrates, sometiendo las ciudades fronterizas partas, volverse a Siria a pasar el invierno. Perdiendo así el factor sorpresa. Y lo que es peor permitir el reame de los partos. Dejando en territorio enemigo guarniciones en las ciudades conquistadas. Puesto en marcha el ejército contra los partos, llegaron a la ciudad de Zeugma, en la orilla occidental del Eufrates. Una serie de presagios negativos acabarán por minar la moral de la tropa, unido a la incompetencia militar de Craso y a la eficacia del ejército Parto harán de la expedición un verdadero fiasco. Un legionario romano era capaz de enfrentarse a cualquier peligro o enemigo, si había algo a lo que no era capaz de hacer frente era a la supersticiones y la mala suerte. Lo cierto es que los acontecimientos que sucedieron a partir de éste momento no pudieron ser más perjudiciales para los intereses de la expedición y del propio Craso. A partir de aquí el descalabro fue absoluto, el abandono de los aliados armenios, cuya caballería catafracta, les hubiera venido de perlas a los romanos, los engaños de los guías locales que trabajaban para los partos, el clima sofocante, la tropa desmoralizada y la incompetencia militar del general desembocaron en la batalla de Carrhae (53 a.C.). Uno de los mayores desastres militares que se recuerdan. De las siete legiones, cuatro mil auxiliares, los cuatro mil caballeros romanos y los mil jinetes eduos de Cesar tan sólo quinientos caballeros regresaron para reorganizar la defensa de la provincia Siria. A lo largo de los meses posteriores a la batalla pequeños grupos de supervivientes fueron llegando a territorio romano, pero el desastre era de una magnitud descomunal. 10.000 prisioneros, el general Marco Licinio Craso, junto a su hijo y todos los altos mandos romanos masacrados.

En colaboración con QAH| iHistoriArte

Vía| Plutarco. Vidas paralelas. Ed. Gredos S.A., 2010 Madrid.

Imagen| Planeta Sapiens

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