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Cosas pequeñas

pequeñas cosas

Dicen que necesitamos dedicar ocho horas al día para hacer lo que nos gusta, ocho horas diarias para nosotros mismos. Pero esa es la teoría, ya que dedicar ocho horas todos los días a hacer lo que nos gusta, a sentirnos bien, a aprovechar el tiempo, resulta realmente complicado si tenemos en cuenta todas las demás cosas que también se supone que tenemos que hacer. Si dedicamos ocho horas a trabajar y otras ocho a descansar, en las ocho restantes tenemos que solucionar todo el resto de asuntos que surgen en la vida diaria. Tenemos que hacer la compra, pagar facturas, llevar a los niños al colegio, planchar la ropa, preparar la comida, hacer algo de ejercicio y un sinfín de tareas más. Pero aún así, creo en la necesidad de encontrar al menos un rato cada día para hacer lo que nos gusta, para dedicarnos a nosotros mismos.

Y no tiene por qué ser nada del otro mundo, nada demasiado complicado de llevar acabo. 

Cada día hay un momento para leer unas cuantas páginas de ese libro que nos tiene enganchados, siempre podemos rascar minutos al reloj para escuchar algo de música , bebernos ese café de después de comer o tumbarnos en la cama y simplemente no hacer nada. Aunque sólo sean un par de minutos, aunque casi ni nos enteremos, debemos sacar fuerzas y tiempo de donde no los hay para disfrutar un poco cada día de esas pequeñas cosas que nos dan los arrestos suficientes como para seguir hacia delante. Un chute de energía que nos permita levantarnos al día siguiente y seguir con nuestra rutina, que nos permita hacer todo eso que tenemos que hacer.

Os animo a que habléis con esa persona con la que os apetece hablar un ratito antes de acostaros y contarle qué tal cada día; os animo a comeros esa chocolatina a media tarde que os dé la fuerza suficiente para rematar el día; os animo a bajar dos paradas de metro antes y daros un paseo hasta casa aunque haga un frío que pela. Os animo a hacer esas cosas que por pequeñas que parezcan, hacen que todo sea más fácil. 

Ya que parece imposible eso de dedicar ocho horas al día a hacer todo lo que nos gusta y nos hace felices, vamos por lo menos a intentar no dejar de disfrutar con los pequeños gestos que tenemos a nuestro alcance y que sin apenas esfuerzo, pueden hacernos sonreír en el momento en el que más lo necesitamos. 

Porque al final en esto, como en la vida misma, las cosas no son importantes tanto por la cantidad sino por lo que realmente significan. Si no podemos ir al teatro cada día, viajar todo lo que nos gustaría, o tirarnos en el sofá a descansar todo lo necesario, sí podemos convertir una cena, una vuelta a casa o una breve llamada telefónica, en el mejor momento del día, en ese pequeño detalle que nos transforma con más fuerza que todas las horas que podamos pasar haciendo cualquier otra cosa.

Pensad en qué es eso que podéis hacer cada día y que no estáis haciendo, seguro que termináis encontrando algo para vosotros o para quienes más queráis, que os ayude, en estos tiempos difíciles, a seguir robando horas a vuestro tiempo para hacer todo lo que tenemos que hacer. Eso sí, seguro que nos cuesta un poquito menos y puede que incluso, hasta sonriamos al hacerlo.

 

Imagen| Pequeñas cosas

 

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