Historia 


Corrientes historiográficas (IV)

INTRODUCCIÓN

En los años 80 surge otro debate historiográfico, conocido como “el debate sobre la fragmentación de la historia”. Se decía que la Historia se estaba desmigajando: frente a la coherencia de la historia social, que engarzaba todos los elementos y los dotaba de un significado, surge una nueva historia restringida a una serie de ámbitos particulares. La fragmentación de la historia se manifestó en que las nuevas generaciones de historiadores sociales comenzaron a dar un mayor peso a la cultura. Las limitaciones de la historia social, vista como excesivamente economicista y colectivista, produjo que aparecieran nuevas formas de hacer historiografía. Se buscaba resolver el problema de cómo estudiar, de manera concreta, cómo realmente los individuos está condicionados por su situación social, y qué grado de libertad ostentan.

LA MICROHISTORIA

Fotografía de Carlo Ginzburg

La microhistoria es una corriente historiográfica que supone un intento de resolver este problema. Trata de determinar cómo las pequeñas comunidades se organizan y qué relación tienen con las condiciones imperantes, rompiendo así las barreras impuestas por una historia excesivamente teórica, generalista o sistematizada. El estudio de la vida cotidiana surge en estas circunstancias, analizando sus quehaceres cotidianos, sus condiciones de vida y cómo se desenvuelven individualmente. Los historiadores culturales dicen que las condiciones económicas determinan la acción de los individuos, pero en última instancia. Este modelo de historia se da sobre todo en Italia, con exponentes de gran altura como Carlo Ginzburg y Giovanni Levi. El trabajo más conocido de Levi se titula La herencia inmaterial, un estudio sobre la compraventa de tierra en una pequeña aldea italiana. El objetivo de estos microhistoriadores es rellenar lagunas en las aportaciones de la historia social: se construían grandes explicaciones históricas, pero no se analizaba el comportamiento de los sujetos históricos concretos. Yéndose a la información concreta se observaba que el comportamiento de los sujetos era mucho más diverso y complejo de lo que esas grandes explicaciones macroteóricas hacían. Cuando se reducía la escala de observación a grupos e individuos concretos, el margen de libertad que manifestaban era mayor de lo que precisaba la historia social.

Fotografía de Giovanni Levi

Por tanto, la microhistoria surge de la necesidad de reducir la escala de observación para apreciar de forma concreta cómo funciona la sociedad. Al hacerlo, las grandes explicaciones se demuestran poco representativas en multiplicidad de casos. Una de las objeciones que se ha hecho a la microhistoria es, precisamente, su carácter exclusivista, cuestionándose hasta qué punto las opiniones divergentes de uno o unos cuantos individuos pueden influir en la totalidad de la sociedad. Ginzburg, por ejemplo, aboga por encontrar descripciones más realistas de la historia: frente a las grandes construcciones generalistas, propone desarrollar estudios que manifiesten cómo se desenvuelven las personas de forma particular. Toda sociedad tiene normas de funcionamiento, pero no todas las personas de la sociedad sigue el sistema normativo de la misma manera; de hecho, cabe la posibilidad de que las personas se rebelen contra esas normas.

LA HISTORY WORKSHOP

Fotografía de Raphael Samuels

El proceso de renovación de la Historia siguió con el inicio en 1976 de la publicación que ha aglutinado a los Historiadores culturales británicos: History Workshop. Estos historiadores de los 80 y los 90, de los cuales el más representativo es Raphael Samuels, continuaron la línea de Edward Thompson estudiando la Historia cultural, pero introduciendo nuevos temas, como la Historia de las mujeres. Sin embargo, el que ha tenido mayor influencia, Patrick Joyce, es historiador del movimiento obrero. Llevó a cabo la revisión del concepto de clase de Thompson más allá, investigando las manifestaciones culturales en Inglaterra en el siglo XIX. Según Joyce, la clase obrera nunca tuvo conciencia de clase, desde el punto de vista de un marxista. Como mucho tendrían conciencia de pueblo, y no llegaron a definirse a sí mismo en función  de la clase a la que pertenecían. Esto iría en contra de Thompson, que nunca abandonó la idea de la conciencia de clase obrera, lo que Joyce rechaza y no ve por ningún lado.

LA HISTORIA DESDE ABAJO

Fotografía de George Rudé

La Historia desde abajo es una corriente historiográfica que trata de reconstruir la visión del mundo, ideas y comportamiento de las clases bajas estudiando a las propias clases bajas, lo que implica usar fuentes históricas que no se habían utilizado como los registros policiales. Lo que viene a decir es que los historiadores habían cometido el error de limitarse a estudiar los testimonios de las clases altas sobre las bajas, sin molestarse en investigar a las propias clases bajas. Las clases altas tienen dos visiones y han de ser revisadas: las clases bajas como una especie de grupos de personas que actúan de forma irracional que de vez en cuando estallan en revoluciones; y luego la visión idealizada del pueblo, como algunos historiadores románticos o progresistas, con una idea de las clases bajas idealizada, igualmente abstracta y vista desde arriba.

Uno de los mejores ejemplos de esta corriente historiográfica viene de la mano del historiador George Rudé y su libro “La Multitud en la Historia”, en el que hace un estudio de los distintos movimientos de clase popular en la transición del siglo XVIII al XIX. Lo realmente novedoso de los trabajos de Rudé, no es tanto el tema, sino el enfoque que da al tema, las reflexiones teóricas que hace en relación a ese tema que luego tendría prolongaciones fundamentales en la llamada historia post-colonial.

LA HISTORIA DE LA VIDA COTIDIANA

Fotografía de Alf Lüdtke

Otra renovación importante de la historiografía se produce con la Historia de la vida cotidiana. Las cuestiones que defiende uno de sus máximos representantes, Alf Lüdke, definen las grandes teorías como propicias para esbozar un marco general; no obstante, la manera en que las personas experimentan la realidad es muy diversa, y está sujeta a múltiples factores. Para que lo entendáis mejor, os pondré un ejemplo sencillo. Lüdke hizo un estudio del nazismo, intentando explicar el éxito de la alternativa nazi en Alemania, y por qué la sociedad alemana no se opuso al totalitarismo nacional-socialista. Lo hace estudiando la vida cotidiana del alemán medio y su comportamiento en cuestiones diferentes. Estas cuestiones empiezan a plantearse también en el mundo colonial, a través de otro famoso historiador, Ranajit Guha, que realiza estudios coloniales en la India. Los planteamientos tradicionales sobre la colonización efectuaban una historia de las élites coloniales y colonizadoras: la historia de la administración europea, de las élites coloniales, etcétera. Guha planteó realizar una historia de los grupos subalternos, una suerte de historia desde abajo, siendo una tendencia muy general que acumula una serie de estudios subalternos. Guha se centra en la historia de los campesinos, sus conflictos y sus revueltas. Se plantea el problema de que no se conoce lo que ocurría en los sectores bajos de la sociedad hindú, cuáles eran sus preocupaciones, sus ideas y los presupuestos sobre los que cimentaban su concepción del mundo.

En colaboración con QAH| Historiae Heródoto

Vía| BOURDÉ, G.; MARTÍN, H. (1992): Las escuelas históricas. Akal. Madrid; BURKE, P.  (ed.) (1994): Formas de hacer Historia. Alianza Editorial. Madrid.

Imagen| Carlo Ginzburg; Giovanni Levi; Raphael Samuels; George Rudé; Alf Lüdtke

En QAH| Corrientes historiográficas: la Historia tradicional; Corrientes historiográficas (II); Corrientes historiográficas (III)

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