Patrimonio 


Las correcciones de Velázquez

El sevillano Diego Velázquez es uno de los grandes genios de la pintura universal y sin duda uno de los mejores pinceles que la Historia ha legado a la pintura española. Las características más importantes que destacan en su obra son: el empleo de la perspectiva aérea, el tratamiento de la luz, el dominio de la profundidad y la composición, y lo que se ha denominado pintura “alla prima, es decir, sin realización de boceto previo. La ausencia de boceto previo llevó al genio barroco a realizar las correcciones sobre la marcha, dando lugar a los famosos “arrepentimientos”, también denominados petimenti, que se aprecian en algunas de sus obras.

Cuando quedaba descontento con la impresión de algún detalle en el cuadro o cometía un error, bien de proporción o de distancia en vez de dejarlo como estaba lo corregía borrando o tapando con pigmentos la parte que no le interesaba y pintando la nueva parte al lado. En un primer momento estas correcciones pasaban desapercibidas, entre otras cosas porque la pintura estaba muy reciente, pero con el paso del tiempo algunos de los pigmentos aplicados se han perdido y han salido a la luz estas correcciones que pueden apreciarse perfectamente.

Pero… ¿por qué pudo Velázquez corregir sus obras? La mayoría de los pintores dejaban de controlar su obra una vez hecha, y era vendida. Sin embargo, Velázquez tuvo la fortuna de vivir con su obra siempre, pues se encontraba en el mismo Palacio en donde él era pintor real. Por ello y gracias también al grado de libertad que debió tener, poco común en la época, pudo retocar muchos de sus cuadros, generando estos arrepentimientos que nosotros vemos en la actualidad.

Una de las obras donde los petimenti destacan con facilidad es en “Felipe IV, a caballo” (h. 1635) realizado por Velázquez para los extremos menores del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, haciendo pareja con la obra “La reina Isabel de Borbón, a caballo”. Velázquez presenta la imagen del Rey armado como general, que domina el ímpetu del caballo en corveta. Su postura erguida y su gesto firme contribuyen a crear la sensación de majestad. Los arrepentimientos que se aprecian en esta obra están en la cabeza, el busto y la pierna del rey y en la cola y patas del caballo, que es la corrección que más destaca.

Otra de las obras es “Felipe IV cazador”, realizada hacia 1636 para la Torre de la Parada, completa el ciclo de la Sala del Rey junto a “El príncipe Baltasar Carlos cazador” y “Don Fernando de Austria cazando”. El rey aparece vestido con un sencillo traje que armoniza con el resto de la composición, donde destaca el paisaje posiblemente un paraje cercano al Palacio del Pardo. Tiene algunas correcciones hechas años después que sobre todo se observan en los brazos, piernas y gorra que viste el monarca que nos hacen ver cómo la posición del rey ha sido corregida.

En la obra “El bufón calabacillas”, (1635-39), también se aprecian petimenti centrados sobre todo en el tamaño y posición de la calabaza que acompaña a Juan. El bufón Calabacillas sirvió primero al infante don Fernando de Borbón y en 1632 pasó al servicio del rey. Su expresión y el mismo nombre-mote son claros indicios del retraso mental que lo afectaba. El personaje aparece en un primer plano muy cercano, en un espacio indeterminado y en una extraña postura, no propia de los retratos del maestro Velázquez.

"Retrato del bufón Diego de Acedo, Velázquez, h. 1644.

“Retrato del bufón Diego de Acedo”, Velázquez, h. 1644.

La última obra que vamos a ver en este artículo es el retrato de “El bufón don Diego de Acedo, El Primo”, (h. 1644). Diego de Acedo compatibilizaría el oficio de bufón con otro tipo de oficios como el de correo real y oficial de la estampilla. En esta obra no se aprecian correcciones o “petimenti” en el sentido más estricto de su definición pero sí se observan en el fondo del retrato, que está sin concluir, una serie de trazos verticales que son el resultado de la limpieza del pincel en el propio lienzo. Trazos que cubrió con el paisaje y que el desgaste de los pigmentos nos ha descubierto.

En el caso de Velázquez el refrán se hace cierto; “De sabios es rectificar” y en sus obras, de sabios y artistas.

Vía| arteparaninnos.blogspot.com, cvc.cervantes.es,www.luzrasante.com, sdelbiombo.blogia.com

Imagen | Diego de Acedo Felipe IV, a caballo.

En QAH| “Un Velázquez en el sótano de Yale“, “¿Porqué son tan célebres ‘Las Meninas’?”.

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