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¿Convertirme en madre o padre adoptivo? por Miguel Olalquiaga

 “Paciencia, fortaleza interior, largo esfuerzo…” estas son algunas de las palabras que se repiten en un recorrido por los puntos de información sobre cuestiones de adopción. El “deseo” de los futuros padres adoptivos, como sucede con el valor en los soldados que marchan a la guerra, “se les supone”. Pero aquí se insiste sobre este matiz: este debería ser un deseo de dar, no de recibir.

Muchos conocedores de este tema advierten que existen muchos errores de planteamiento y falsas creencias por parte de los que quieren adoptar, porque no tienen en cuenta que el principio fundamental y prioritario que debería guiar este proceso es el de velar por el interés del menor y “proporcionarle un hogar que pueda llamar el suyo”.

 

christmas-208674_1280Son muchas las preguntas que un futuro padre o madre adoptivo debería hacerse para saber si están preparados. No solo estudiar los exigentes requisitos (edad, aptitudes psicológicas, ingresos, etc.) que se exigen en las solicitudes, sino ser conscientes de que la realidad de un hijo adoptivo es muy diferente a la de uno biológico; algo que se pasa por alto con mucha frecuencia:

 

A los cuidados y satisfacción constante de sus necesidades que requiere un hijo, se añaden las dificultades de adaptación a un entorno cultural radicalmente distinto y una serie de dilemas existenciales que aguardan al adoptado.

La lista de espera es la primera de las barreras. Aquí no hay nueve meses de embarazo, sino un proceso administrativo interminable que puede extenderse hasta los nueve años (si el niño es español, por ejemplo). Esta espera se reduce drásticamente en las adopciones internacionales: si todo va bien puede estar concluida en un plazo de entre 8 meses y dos años. Rusia, China, Bolivia o Vietnam son algunos de los países de origen de muchos niños adoptados.

Si una adopción implica siempre buenas dosis de incertidumbre y riesgo, cuando se realizan en otro país se multiplican estos dos factores: dos sistemas legales, el doble de papeleo, viajes a entornos difíciles (casi siempre inestables e inseguros) y desconocidos…

Las autoridades y organizaciones creen que la mejor manera de reducir estos riesgos es informarse bien de todo, contar con el apoyo de buenos profesionales (instituciones, abogados, médicos, traductores,…) y disfrutar de suficientes recursos económicos como para hacer frente a todo esto. Casi siempre habrá que reservar una buena suma para viajes.

Y tú ¿qué opinas?

Miguel Olalquiaga

@MigOLAL

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