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Consumismo ‘versus’ consumo responsable

Que vivimos en la sociedad del consumo es un hecho que dudo que alguien niegue; pero, ¿qué implicaciones tiene eso realmente?

El sistema capitalista busca generar beneficios económicos y eso se traduce en la sociedad en un fomento de la compra-venta para que la gran rueda del capital no deje de girar y la situación se mantenga estable (no soy ningún experto en economía, si me equivoco agradecería las aclaraciones oportunas). En un principio, no se encuentran problemas con esto, el sistema que nos mantiene, que parece que es el mejor, necesita que movamos el dinero para autorregularse. Las cosas se complican cuando ese movimiento se exacerba. Es una tendencia habitual entre los seres humanos, cuando algo funciona, el aprovechamiento al máximo de ello. En este caso, el consumo favorece la base de nuestra sociedad y hoy por hoy es lo que más caracteriza a los países desarrollados. Se podría decir que si no consumes, no eres ciudadano, ya que no aceptas las reglas del juego. Por lo tanto, en la cotidianidad de cada uno, antes o después, somos consumidores, lo queramos o no. Y es que, pese a quien pese, aquí y ahora, tener dinero significa ser importante y la forma de demostrar que tienes dinero es gastarlo.

Un mayor consumo se traduce en una mayor producción, para evitar carencias. Pero la generación de productos muchas veces tiene efectos secundarios graves, que afectan casi exclusivamente al entorno natural (por cierto, esos costes no van incluidos en el precio del producto…pero ese es otro tema).

En vista de esta situación, surgió la idea del consumo responsable. Como nuestros recursos son limitados, debemos procurar gastarlos lo más lentamente posible. Así, como hoy en día todos nos preocupamos del medio ambiente, se nos sigue incitando a consumir, pero advirtiéndonos de que, después de hacerlo, tenemos que reciclar porque el reciclaje es lo que salva a la naturaleza. Y eso, según parece, es consumo responsable…pero no.

Un consumo responsable sostenible tiene el reciclaje como último recurso. Puede parecer chocante, pero tiene sentido. El principal problema es el consumo, que, como decía, necesita de producción, la cual produce daños en los entornos naturales; por lo tanto, el primer paso debería ser frenar ese daño, amainando la producción, cosa que se consigue consumiendo menos. Ahí empieza el verdadero consumo responsable. Este se basa en “la Norma de las Tres Erres”: Reducir, Reutilizar, Reciclar. Es decir, antes que nada, es necesario reducir el consumo; cuando no puedas más, reutiliza todo lo que puedas, en lugar de desecharlo; y si ya no puedes reutilizar nada, entonces, recicla, no deseches. Obviamente, las campañas a favor del reciclaje no dicen que es mejor reducir y reutilizar porque eso implica una reducción del consumo, que es una parte importante que sustenta nuestra sociedad.

Más allá del ámbito ecológico, el consumo responsable también actúa. Promoviendo un consumo ético y solidario, trata de abrir los ojos más allá de la publicidad convencional, mostrando tanto otros productos, quizá de una calidad similar, que no pueden (o no quieren) costearse una publicidad de tanto alcance, como una realidad incómoda (como puede ser la explotación de trabajadores) que se esconde tras ciertas producciones. De esto no hablan las campañas oficiales de consumo responsable.

Por otro lado, cabe destacar que las susodichas campañas van destinadas al que menos culpa tiene. El consumo doméstico es el que menor efecto tiene (“Teoría del 10%”):

En nuestros hogares solo consumimos el 10% de toda el agua consumida y el 10% de toda la energía, y generamos solo el 10% de todos los residuos.

Revista Noton

Si esto es así, ¿hasta qué punto conviene consumir? ¿Cómo podemos usar estos datos? ¿De verdad sirve lo que hagamos para mejorar la situación? Lo dejo en el aire y que cada uno trate de responder como buenamente pueda. Yo aún no sé qué decir.

En definitiva, sólo quería aportar una nueva visión sobre el tema del reciclaje y su publicidad. No siempre se nos vende la realidad tal cual es y a veces, sin que seamos conscientes, nos muestran con toda naturalidad cómo dos elementos contrapuestos son perfectamente compatibles.

 

Vía| Revista NotonConsumoresponsable

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Imágenes| NeoteoAULAGA

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