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¿Consumidores conscientes o víctimas del consumismo tecnológico?

Hace unos días me compré un teléfono móvil. Cualquiera podría pensar que el mío se estropeó y por eso compré uno nuevo, sería lo lógico, ¿no? Pues no, mi antiguo móvil está en perfecto estado, casi como cuando lo compré el año pasado, ni siquiera empezaba a tener los fallos que achacamos a la llamada “obsolescencia programada”. Dicho esto, cabría preguntarse por qué me compré un móvil teniendo uno que todavía funciona, pues bien, mi respuesta es “no lo sé”. No planeaba comprarlo, simplemente lo vi por casualidad y me gustó tanto que decidí comprarlo sin necesitarlo realmente.

Podía haber guardado ese dinero para cosas más necesarias, más urgentes que un teléfono móvil, por ejemplo, ahorrarlo para un coche de segunda mano ahora que ya tengo carnet de conducir, pero no lo hice, obviamente.

Y el no haberlo hecho me lleva a preguntarme si cada año sacan móviles, ordenadores y aparatos electrónicos en general, cada vez más potentes y con más funciones, con un diseño que atrae tanto a hombres como a mujeres, para que miremos con desprecio los que ya poseemos y que aún nos durarán unos años, sólo porque no son el último modelo o no pueden hacer cosas que el que acaba de salir al mercado sí puede.

Móvil

Si me paro a pensarlo dos minutos me doy cuenta de que la sociedad ha perdido el norte, ha perdido el criterio y la capacidad de elegir, nos meten por los ojos cosas que en realidad no nos hacen falta, tengamos o no otras que sirvan para lo mismo (en el caso de tenerlas es aún peor) y vamos todos en procesión a comprarlas porque desde que lo vimos ya no podemos pasar sin ellas y no seremos felices ni estaremos completos hasta que no las tengamos en nuestras manos.

Personalmente, considero muy triste que hoy en día la felicidad se base  en algo tan vano como poseer ciertas cosas. Cuando mis padres tenían mi edad, basaban su felicidad en lo que conocemos como “las pequeñas cosas”, es decir, salir con sus amigos, estar con la familia, hablar, reírse, verse las caras…En definitiva, interactuar de verdad con la gente, sin pantallas de por medio.

Creo que ha llegado la hora de preguntarse: ¿Por qué toleramos que se nos diga qué debemos comprar y cuándo debemos hacerlo? ¿Es que si no compramos el móvil último modelo ya no somos válidos de cara a la sociedad? ¿La tecnología nos une o nos separa? ¿Por qué nos dejamos llevar como ganado sin hacer nada por evitarlo?

Cuando me hago estas preguntas me entran escalofríos, porque descubro que no soy la dueña de mi vida.

Vía| Investigación científica docente

Imagen| Smartphones

En QAH| El diseño del producto y la obsolescencia programada, Comprar, tirar, comprar: el secreto de la obsolescencia programada, La paradoja de la elección.

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