Historia 


Conmover y transmitir: la Semana Santa de Sevilla. Triunfo sobre la muerte

Nazarenos en Procesión durante la Semana Santa de Sevilla

Nazarenos en Procesión durante la Semana Santa de Sevilla

Las Cofradías, Hermandades, nazarenos, costaleros y la ciudad entera están preparados para uno de los acontecimientos más importantes del año en Sevilla. Los desfiles procesionales de Semana Santa se ponen en marcha, es el momento de acompañar a las imágenes, de pasearlas por las históricas calles. La Semana comienza rememorando el Domingo de Ramos para acabar en el Domingo de Resurrección, pasando primero por el día más importante, Jueves Santo, culminando así la Cuaresma, celebrando la Misa Crismal, bendiciendo los santos óleos con los que serán ungidos los niños que recibirán su bautismo, los enfermos y quienes celebren el sacramento de la Confirmación durante el año. Es el día también de la Última Cena, preludio de la Pasión, del Vía Crucis (episodios previos creados por San Francisco de Asís en el s. XII), la Crucifixión y muerte de Jesús. El Sábado Santo es el día en el que Jesús estuvo enterrado, momento de “calma tensa”, tristeza, reflexión, espera y esperanza. Culmina la Semana con el Domingo de Pascua de Resurrección, día muy relacionado con el mundo pagano (mito de Perséfone entre otros episodios) simbolizando el retorno de la vida en primavera. Para los cristianos será el advenimiento del Mesías, la llegada esperada y solemne de Jesús a la tierra como anunciaron los profetas.

La ciudad “Mariana” culmina en estos días la preparación de todo un año, tanto es así que la Semana Santa sevillana está declarada de Interés Turístico Internacional. Imágenes, tradición, conmoción, pasión, sentimiento, tristeza, alegría, lágrimas, saetas, flores, belleza, silencio, gritos, lamentos y miles de emociones más, imposibles de enumerar e imposibles de describir si no se viven en directo, se aúnan en la ciudad hispalense. El arte será uno de los transmisores de este concepto conmovedor, sentimental y pasional, nexo de unión entre las Sagradas Escrituras y el pueblo con una funcionalidad didáctica y moralizante basada en las pautas contrarreformistas. Se pretende para ello crear un lenguaje creíble y directo para conmover e impresionar al fiel en beneficio de la fe católica. La mezcla entre devoción y los grandes imagineros del Barroco español hacen de Sevilla en Semana Santa la morada de la penitencia, la esperanza y el triunfo. Algunos de los grandes artífices de esta transmisión y algunos de los grandes artistas dentro de la imaginería sevillana fueron, entre otros, Juan Martínez Montañés (1568-1649), Juan de Mesa y Velasco (1583-1627), Pedro Roldán (1624-1700), Doña Luisa Roldán “La Roldana” (1652-1706) o Francisco Ruiz Gijón (1653-1720).

Cristo de la Clemencia o de los cálices de Juan Martínez Montañés (1603-04). Catedral de Sevilla.

Cristo de la Clemencia o de los cálices de Juan Martínez Montañés (1603-04). Catedral de Sevilla.

Detalle del Cristo de la Clemencia o de los cálices de Juan Martínez Montañés (1603-04). Catedral de Sevilla.

Detalle del Cristo de la Clemencia o de los cálices de Juan Martínez Montañés (1603-04). Catedral de Sevilla.

Estas imágenes se caracterizan por una cierta idealización, mitigadora del dolor, pero sin prescindir de lo trágico, huye del dinamismo y la exageración. Juan Martínez Montañés, el llamado “Lisipo andaluz” o el “Dios de la madera” dotó a su obra de un sentido clásico, sereno y equilibrado. Imágenes como el Cristo de la Clemencia o de los cálices (1603-04) de la Catedral de Sevilla muestran las huellas de la Pasión de manera exigua comparadas con obras de la escuela castellana (Gregorio Fernández, 1576-1636), además realiza un Cristo de cuatro clavos de influencia italiana importada a Andalucía por Francisco Pacheco, para “suavizar” el patetismo. Es un Cristo vivo con los ojos abiertos y la cabeza caída y de lado, que mira al fiel y le transfiere la idea de que volverá para la Salvación.

Jesús del Gran Poder de Juan de Mesa y Velasco (1620).

Jesús del Gran Poder de Juan de Mesa y Velasco (1620).

El cordobés Juan de Mesa y Velasco, discípulo de Montañés y heredero de su taller, intenta dar continuidad a las obras de este dotándolas de un tinte más dramático. Lo vemos en el conocido Jesús del Gran Poder (1620) de la Pontificia Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, fundada en 1477. La imagen tiene actitud de besamanos, es una figura preparada para procesionar, portando madero lujosamente rematado y vestimenta de nazareno. Lleva el curioso detalle de la corona de espinas trabajada en la misma talla. El rostro presenta más dramatismo y sufrimiento, al igual que la tensión de su cuello que deja ver los músculos. Hay un deseo de transmisión de las penurias pasadas por Cristo, intenta impactar, comunicar y enseñar al fiel.

Entierro de Cristo de Pedro Roldán (1670). Detalle del retablo del Altar Mayor de la Iglesia de la Caridad, Hospital de la Santa Caridad de Sevilla.

Entierro de Cristo de Pedro Roldán (1670). Detalle del retablo del Altar Mayor de la Iglesia de la Caridad, Hospital de la Santa Caridad de Sevilla.

Por su parte Pedro Roldán, ya en la segunda mitad del siglo XVII, se irá apartando de lo iniciado por Montañés y su obra estará más encauzada a una mayor teatralidad y barroquismo. En el tema del Santo Entierro (1670) se observa esa teatralidad, incluso, el retablo del Altar Mayor formará parte como telón de fondo de la escena principal. Gran estudio de gestos y expresiones causadas por el dolor y la angustia de la muerte muy en relación con Bernini.

Detalle de La Macarena atribuida a Luisa Roldán (s. XVII).

Detalle de La Macarena atribuida a Luisa Roldán (s. XVII).

También destacar a Luisa Roldán, hija de Pedro Roldán, escultora de gran prestigio (llegó a ser escultora de cámara del rey Carlos II) y a la que se le atribuye la imponente Macarena (s. XVII), dotada de un rostro de gran belleza y que responde a esa idea de dolor más atenuado aunque esté llorando la pérdida de su hijo. Y por último Francisco Ruiz Gijón que mantiene esa línea serena y esa exaltación de la belleza en la representación del cuerpo como podemos observar en su monumental Cristo de la Expiración o del Cachorro (1682), aunque el paño de pureza lo agite y lo pliegue dentro de la línea barroca.

Santisímo Cristo de la Expiración (El Cachorro) de Francisco Ruiz Gijón (1682).

Santisímo Cristo de la Expiración (El Cachorro) de Francisco Ruiz Gijón (1682).

En definitiva, son imágenes realizadas para transmitir, conmover y dar esperanza, para enseñar a través del sentido visual la Pasión y sobre todo con la finalidad de recordarnos que la Resurrección será el triunfo sobre la muerte.

Vía| Bozal, V., Historia del Arte en España I, desde los orígenes hasta la Ilustración, Madrid, Ediciones Istmo, 1973.

Imagen|NazarenosCristo ClemenciaDetalle Cristo Clemencia; Jesús Gran Poder; Entierro Cristo; Macarena; Cachorro

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