Actualidad Jurídica 


Confidencialidad del abogado in house

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Siguiendo la secuencia de artículos que hemos publicado sobre las consecuencias de la nueva regulación en materia de legal compliance,  y a raíz del profundo debate suscitado en unas jornadas organizada por la Asociación Española de Directivos en Madrid a principios de este mes, en este post vamos a intentar desgranar la diferenciación de trato que sufre un abogado de empresa (in house) frente a un externo en el ámbito del secreto profesional.

Ciertamente la distinción entre los abogados que ejercen dentro de una compañía y aquellos que lo hacen desde un despacho es un tema no exento de controversia, sobre todo a raíz de varios pronunciamientos del Tribunal de la UE.

Así pues, el marco que regula la conducta de la profesión de la abogacía, el Código Deontológico, determina en su art. 2.4 que “la independencia del abogado le permite rechazar las instrucciones que, en contra de sus propios criterios profesionales, pretendan imponerle su cliente, sus compañeros de despacho, los otros profesionales con los que colabore o cualquier otra persona, entidad o corriente de opinión, cesando en el asesoramiento o defensa del asunto de que se trate cuando considere que no pueda actuar con total independencia”

Del mismo modo, el art. 5 se refiere al deber y derecho del abogado al secreto profesional como una garantía del proceso (art. 24 CE),  justificándolo en la protección de la confianza y confidencialidad que debe existir entre el abogado y el cliente, y no establece distinciones ni limitación alguna entre los letrados que ejercen la abogacía de forma independiente y los abogados de empresa.

A este respecto, y como hemos adelantado, es inequívoca la tendencia de los tribunales europeos a no equiparar ambos estatus, y muestra de ello, son las conocidas sentencias del caso AKZO (2010) o caso PUKE (2012) dictadas por el TJUE, en la que se consolidaba la tesis de que los abogados de empresa no están cubiertos del secreto profesional, simplemente por el hecho de estar sujetos a una relación laboral que impediría su independencia.

Sin embargo, a nuestro juicio no existen motivos para que los abogados de empresa no puedan gozar del mismo privilegio que sus compañeros letrados que ejercen de forma autónoma la abogacía, y ello porque:

  • La evolución de la profesión de la abogacía ha generado nuevas formas de prestación de servicios, lo que indudablemente debe desencadenar un paraguas que abarque las nuevas figuras en cuanto al secreto profesional se refiere.
  • El abogado interno lleva a cabo su labor de forma idéntica a los abogados externos, aunque probablemente con un mayor sesgo preventivo y de planificación que estos.
  • La dependencia económica del abogado de empresa tampoco puede ser un elemento diferencial, ya que por todos es conocido la dependencia que profesionales y firmas de abogados también tienen respecto a algunos de sus clientes, que muchas veces supone más del 50% de su facturación, lo que nos llevaría a dudar también de la aplicación del privilegio a estos casos.

A tenor de lo anterior, el papel del abogado in house está basado en la creación de valor en la dirección estratégica de la compañía, facilitando soluciones de negocio que cumplan con las leyes, mitigando riesgos e incorporando el análisis legal dentro del proceso de toma de decisiones, aspecto donde el deber de confidencialidad se antoja más que necesario, fundamental.

Incluso, a diferencia de lo exigido a un asesor externo, el abogado in house debe generar valor para la empresa y tener una clara vocación de servicio, revisando las conductas del día a día entre departamentos, para así evitar las malas prácticas y riesgos innecesarios que puedan tener impacto económico o reputacionales, siendo por tanto vital que exista una relación de confianza con el abogado de empresa, y de ahí la importancia del secreto profesional incluso con mayor fundamentación que la de un agente externo.

En conclusión, a nuestro entender el problema nuclear radica en la falta de armonización jurídica entre los distintos Estados Miembros de la UE, pues analizando la situación actual, podemos encontrar que del total de estados, sólo 12 países reconocen el privilegio del secreto profesional a los abogados in house, tres poseen una regulación vaga y 13 directamente no lo reconocen. Este hecho está pidiendo a gritos un lobby en Bruselas para introducir una reforma legal en este sentido, aspecto que entendemos harto complicado si atendemos a la diversidad de tradiciones jurídicas existentes en el continente.

En definitiva y como acertadamente manifestaba recientemente el presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, “todo lo que sea asesoramiento jurídico debe estar sometido a secreto profesional, independientemente de cuál sea la naturaleza de la relación profesional”.

Vía| Iberlex, El Derecho.

Imagen| secreto profesional

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