Cultura y Sociedad, Literatura 


“Con la pata quebrada”

Algunas reflexiones sobre la situación de la mujer en el siglo XIX

“Nunca insultéis a la mujer caída

Nadie sabe qué carga llevó en vida,

Ni las jornadas que el hambre combatió,

Cuando desdichas en el camino halló.

Quién no ha visto a estas damas sin aliento

Asirse al mundo a pesar del tormento.

Cómo brilla en la punta de una rama

Gota de lluvia que del cielo emana

Y el árbol hace agitar y estremecer,

¡Perla que se convierte en lodo al caer!”

Fragmento de la obra “Nunca insultéis a la mujer” de Víctor Hugo

El pasado 25 de noviembre fue el día dedicado a la lucha, interminable (por el momento) y bastante dura, que se lleva a cabo para que todos esos Barba Azules que siguen existiendo dejen de destruir, de matar, de hacer daño. Por ese motivo, se han desarrollado actividades en distintas ciudades españolas que han ido desde actos públicos de homenaje a las víctimas de violencia de género hasta lazos morados presentes en las calles pasando por obras de teatro. Todo lo posible y más para poner un grano de arena y dar fin a tanta barbarie.

lazos-en-getafe

El camino por el reconocimiento de la igualdad entre mujeres y hombres no ha sido fácil y no lo va a ser en el futuro. Es algo que seguimos sufriendo hoy en día y que padecieron, anteriormente, otras personas simplemente por pertenecer al género femenino. Véanse como ejemplo los siguientes casos:

  • Entre Lilith y Eva, Adán es inocente

En esta historia se habla de la “culpa” que las mujeres -la primera por no pensar como su compañero y tener voluntad propia mientras que la segunda por haber tomado una decisión equivocada- tuvieron en la pérdida del Paraíso a la vez que Adán, simplemente, se quejó y se dejó llevar ante una equivocación.

  • El castillo de irás y no volverás

Con este título que hace referencia a los cuentos infantiles, quería comentar la situación de la mujer en la antigua Grecia. El gineceo, parte de la casa donde desarrollaban todas sus actividades, podía ser ese castillo ya que a él llegaban cuando nacían y de él no salían bajo ningún concepto.

Pocos ejemplos se salvan de aquella prisión como puede ser el de Aspasia de Mileto que tuvo palabra en el mundo de la política y que influyó a hombres como Pericles.

El siglo XIX significó muchas cosas (grandes avances tecnológicos, espectaculares obras de Arte, nuevos caminos en el campo de la medicina…) pero para la mujer fue un momento lleno de oscuridad en el que solo había dos caminos posibles: ser un ángel o, por el contrario, ser un demonio.

Prueba de esto son textos, que reflejan el pensamiento de la época, como el que expongo a continuación:

“…ya se la considere en dorados salones, en mediana posición o en la modesta clase obrera, jamás podrá ser más que mujer, con sus ingenuidades de niño grande, su exagerado sistema nervioso, su imaginación vivísima, con su reflexión escasa, su coquetería innata…”.

Recogido en BALLARÍN DOMINGO, Pilar, “La educación de la mujer española en el siglo XIX”. Historia de la educación: revista universitaria, V.8, Salamanca, 1989. Página 258

Como hijas de su tiempo, las obras literarias hablan de esta dicotomía, entre el bien y el mal, que también se expresó en carteles o lienzos (por ejemplo la representación de la Sífilis que hace Ramón Casas o La morfina de Santiago Rusiñol). Una de las novelas que reflejan con gran maestría esta situación es, sin duda, La Regenta que Leopoldo Alas <<Clarín>> editó en dos tomos, a cauda de sus dimensiones, en 1885.

En la historia de Vetusta, esa ciudad de provincias que muestra muchas semejanzas con el Oviedo de la época en el que estaba afincado el escritor, que refleja el texto se pueden contar más de 100 personajes; haciendo la lectura muy enriquecedora pero a la vez compleja. Y, como es de suponer, entre esas personas sacadas de la cabeza de <<Clarín>> se encuentra el reflejo de mujeres de la época que se mueven entre lo que significaba ser un ángel del hogar, una díscola que solo podría traer el mal a su propia casa, una señora con fuertes convicciones que es capaz de manejar todos los hilos posibles para que el resultado sea el querido por ella….En definitiva, de nuevo esa dicotomía entre el bien y el mal de la que habla.

Podría hablar de Paula Raíces (esa especie de madre coraje), de Obdulia Fandiño (la representación de la provocación), de Visitación Olías (la libertad de cambiar los papeles entre hombre y mujer) y de otros casos pero me quedo con la protagonista de toda la historia que no es otra que Ana Ozores. Ella es la representación española de lo que otros textos muestran en otros lugares como es el caso de Madame Bovary de Gustave Flaubert, Anna Karénina de Tolstoi o El despertar de Kate Chopin. Todas ellas novelas en las que la perdición y la muerte son fieles compañeros de viaje para las mujeres. No suele haber salvación para ellas aunque entre sus páginas existen excepciones.

Anita es la mujer del antiguo regente de la ciudad que no es otro que Víctor Quintanar, de aquí procede el título de la novela, y aunque quiere llegar a ese ideal para el género masculino en el que la mujer es la perfecta esposa dedicándose al hogar, al hombre y a los hijos no lo consigue. Es más, cae en el intento porque, desde pequeña, está marcada y no puede librarse de esa cadena haga lo que haga. Y es que al final, se la puede ver como esa Eva bíblica de la que hablaba al principio; puesto que, después de haber sido engañada por una serpiente que no sería otra que toda la población de Vetusta, es criticada y expulsada del mundo social al que había pertenecido y al que no puede volver haga lo que haga. Triste destino para una chica que lo único que buscaba era su lugar en un mundo en el que no tenían cabida las mujeres.

Muestra de esto que hablo es el pasaje en el que <<Clarín>> nos habla del tiempo en el que Anita pretende ser escritora. Ese hecho se toma como una gran afrenta en su familia, es más se la llega a llamar marimacho, en la que se piensa que las chicas de su edad sí tienen que tener estudios pero, ojo, simplemente como un barniz que las haga más bellas y útiles para el papel que desempeñarán en sus casas y en actividades sociales propias de la época como el famoso visiteo. El siguiente fragmento de la novela refleja perfectamente lo comentado:

 “Cuando doña Anuncia topó en la mesilla de noche de Ana con un cuaderno de versos, un tintero y una pluma, manifestó igual asombro que si hubiera visto un revólver, una baraja o una botella de aguardiente. Aquello era una cosa hombruna, un vicio de hombres vulgares, plebeyos. Si hubiera fumado, no hubiera sido mayor la estupefacción de aquellas solteronas. ¡Una Ozores literata! […] Por lo demás, los versos no son malos. Pero más vale que no lo escriba. No he conocido ninguna literata que fuese mujer de bien”.

Desgraciadamente, esto era algo común en España donde Ellas solo podían publicar bajo seudónimo, véase el caso de Cecilia Böhl al utilizar el nombre de Fernán Caballero, o, en algunas ocasiones, los maridos se hacían autores de algo que no habían hecho como fue el caso de María de la O Lejárraga (una “clásica” de estos artículos que escribo cada mes), su marido Gregorio Martínez Sierra y el Teatro del arte realizado en el Teatro Eslava; y eso a pesar de que era una progresista en cuestiones políticas y de otra índole y expresara que ella misma cedió de buena gana su obra aunque su argumento resulta poco creíble.

A pesar de todos estos obstáculos, no dejaron de luchar como es el caso de la gran escritora Emilia Pardo Bazán que consiguió incorporarse a la primera cátedra universitaria, que no era otra que Literaturas neolatinas en la antigua Universidad central, a pesar de contar con el claustro al completo en contra en 1916.

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Y eso mismo es lo que tenemos que seguir haciendo en esta sociedad en la que hay muchas, pero muchas, cosas que cambiar. La Pardo Bazán, siempre atenta y como referencia de todas esas mujeres que lucharon por las mejoras que ahora disfrutamos, desde su estatua situada en el centro de Madrid no se cansa de repetirlo. La igualdad es posible y nada más.

 

Más información (algunos ejemplos):

  • ALAS <<CLARÍN>>, Leopoldo, La Regenta. Random House Mondadori (Debolsillo), Barcelona, 2007. Además de utilizar la edición con prólogo de PERAL, Emilio (1999) y una de las primeras ediciones (1908).
  • BALLARÍN DOMINGO, Pilar, “La educación de la mujer española en el siglo XIX”. Historia de la educación: revista universitaria, V.8, Salamanca, 1989. Página 245-261.
  • TOMSICH, María Giovanna, “Histeria y narración en La Regenta”. Anales de literatura española, nª5, 1986. Páginas 495-518.

Fotografías:

  • Lazos en la calle Madrid de Getafe (en relación al 25 de noviembre, día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres).
  • Escultura de Emilia Pardo Bazán en Madrid, concretamente, en el jardín que lleva su nombre.

 

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