Jurídico 


Complemento de auto: quien calla, no siempre otorga

Decía con toda razón Alexander Hamilton que, de los tres poderes constitucionales, el judicial es el menos peligroso por el simple motivo de que solamente dispone del razonamiento, además de depender de los otros dos para poder trabajar y ejecutar sus decisiones. Esa dependencia, en particular del poder legislativo, acarrea que, cuando aquel legisla inadecuadamente o sin la necesaria compleción, el juez debe, en la medida de sus posibilidades y en el marco de sus competencias, llenar esa laguna normativa.

La reforma operada por la LO 7/2015 de 21 de julio sobre el texto rituario de la Jurisdicción contencioso-administrativa (Ley 29/1998, de 13 de julio [LJCA]), introduciendo un revolucionario régimen casacional, desde su vehiculización merced a una inapropiada disposición final hasta muchos de sus preceptos y de sus silencios (recurso de casación autonómico, falta de un sistema previo de doble instancia, competencia objetiva o efectos de la no personación del recurrente…), es un ejemplo, diría que arquetípico, de lo que no debe ser una reforma legislativa. De ahí que la Sala Tercera del Tribunal Supremo, no una, ni dos, sino muchas veces haya tenido que pronunciarse acerca de aspectos esencialmente procesales que fueron obviados por el legislador.

El penúltimo de ellos ha sido la cuestión relativa a la necesidad o no de completar –al socaire los artículos 215 de la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil  y 267 de la ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial- aquellos Autos de admisión dictados por la Sección de Admisión de la Sala Tercera del Tribunal Supremo cuando, habiéndose admitido un recurso por una circunstancia o presunción determinada, no se pronuncian sin embargo sobre las demás cuestiones planteadas por el quejoso en su escrito de preparación. Particular que, como ya habrán advertido, no fue tenido en cuenta por el legislador en la indicada reforma procesal.

Recuérdese que en la nueva regulación de la casación contencioso-administrativa, si concurre alguna de las infracciones denunciadas, el recurso ha de ser admitido mediante auto -artículo 90.3 LJCA-, que precisará la cuestión o cuestiones en las que se entiende que existe interés casacional objetivo e identificará la norma o normas jurídicas que «en principio» serán objeto de interpretación, «sin perjuicio de que la sentencia haya de extenderse a otras si así lo exigiere el debate finalmente trabado en el recurso» (artículo 90.4 LJCA), debate que queda delimitado por las infracciones denunciadas (artículo 88.1 LJCA) y las pretensiones deducidas en torno a las mismas (artículo 87 bis.2 LJCA).

Es importante retener que el nuevo recurso de casación no se articula en torno al tradicional paradigma de los «motivos», sino alrededor del sintagma «interés casacional objetivo para la formación de la jurisprudencia», de modo que, estando presente en alguno de los aspectos suscitados, el recurso resulta admisible, haciéndose innecesario todo pronunciamiento sobre los demás que carezcan de él, lo que  explica la práctica de la Sección de Admisión de la Sala Tercera del Tribunal Supremo consistente en que, detectado aquel interés en alguna de las cuestiones promovidas, en los autos de admisión no se efectúa pronunciamiento sobre aquellas que no lo reúnen.

Por otra parte, y si nos situamos un paso más allá, en el ámbito de la regulación del escrito de interposición, el legislador exige que en éste se exponga «razonadamente por qué han sido infringidas las normas o la jurisprudencia que como tales se identificaron en el escrito de preparación, sin poder extenderse a otra u otras no consideradas entonces». Adviértase que el citado precepto no se refiere a las normas cuya infracción determinó la admisión del recurso por presentar la cuestión o cuestiones suscitadas en torno a ella interés casacional objetivo para la formación de la jurisprudencia, sino a las identificadas en el escrito de preparación, las cuales, como acabamos de ver, no tienen por qué coincidir con las tenidas en cuenta en el Auto de admisión.

De esta previsión, y a falta de mayores especificaciones en el texto rituario, no debería inferirse la carencia de interés casacional objetivo de todas aquellas infracciones y pretensiones sobre las que la Sección de Admisión no se hubiere pronunciado en el Auto de admisión, y que sin embargo hubieran sido planteadas por la recurrente en su escrito de preparación. Nada impide, por tanto, que el quejoso, en el trámite de interposición del artículo 92 LJCA, pueda articular en su escrito las pretensiones que ahora estima indebidamente ignoradas, cuya prosperabilidad deberá valorar, en su caso, la Sección de Enjuiciamiento, lo que se confirmaría con la literalidad del artículo 93.1 LJCA que, después de indicar que la sentencia fijará la interpretación de aquellas normas estatales o la que tenga por establecida o clara de las de la Unión Europea sobre las que, en el auto de admisión a trámite, se consideró necesario un pronunciamiento del Tribunal Supremo, precisa que, con arreglo a tal interpretación y a las restantes normas que fueran aplicables, «resolverá las cuestiones y pretensiones deducidas en el proceso».

La Sección de Admisión, en un reciente Auto de 28 de febrero de 2018, concluye que la pretensión de complemento del Auto en estos supuestos,  no puede prosperar puesto que «La Sección de Admisión detectó interés casacional objetivo para la formación de la jurisprudencia en una de las tres cuestiones suscitadas, pero no en las otras dos» y, en segundo lugar, porque «En el escrito de interposición, el recurrente debe limitarse a cumplir con lo que dispone el artículo 93.2.a) LJCA, sin que sea competencia de esta Sección de Admisión pronunciarse sobre un extremo que corresponde a la de enjuiciamiento: la determinación y delimitación del debate de fondo en el recurso de casación», como por otra parte contempla en referido artículo 93.1 LJCA.

La célebre frase de William Shakespeare de que «es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras» resulta acentuadamente aplicable a esta doctrina que rechaza la incompletitud de los autos que no se pronuncian expresamente sobre todas y cada una de las cuestiones argüidas por el recurrente en la preparación. Y es que no siempre, a pesar de lo que escribiese su coetáneo Tirso de Molina, «quien calla otorga».

* Vía| Elaboración propia.

* Imagen| Quién calla, otorga (Tirso de Molina)

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