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Compartir coche: negocio para unos, cooperación para otros

Las recientes noticias sobre la demanda por competencia desleal interpuesta por FENEBUS, asociación que agrupa a las principales compañías de autobuses españolas para pasajeros , contra la web Blablacar ha puesto en el punto de mira a los numerosos portales de Internet que, estructurados alrededor de comunidades de usuarios de generación espontanea pero  articuladas por los gestores de esos portales web,  facilitan y gestionan, en principio, de forma gratuita desplazamientos de particulares entre particulares a bordo de vehículos de esos mismos particulares.

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Estos portales no son, en principio, más que tablones de anuncios virtuales a los que acceden de forma gratuita a diario millones de personas de todo el planeta y en el que cualquiera que viaje de A á B el día X ofrece a cualquier otro miembro de la comunidad  compartir vehículo para dicho desplazamiento a cambio de compartir los gastos y algo de compañía y conversación.  Sencillo, práctico, barato y conforme a nuestras necesidades.

 

No es necesario comprar un billete, ni sufrir las incomodidades del transporte colectivo.  El conductor, el vehículo y la “experiencia” están valoradas por otros miembros de la comunidad y la confianza entre usuarios es aval suficiente para asegurar un buen viaje.

Estas comunidades abiertas y gratuitas llevan funcionando varios años y su implantación es tal que ha llevado a todo el sector del transporte terrestre de personas por carretera a unirse y solicitar el auxilio de los tribunales por lo que consideran actos de competencia desleal contra su negocio.  El alarmante descenso de pasajeros en una “sencilla” ruta entre localidades alertó a la empresa encargada de esa línea y un estudio entre los usuarios del servicio fue el detonante de esta denuncia ante el Tribunal de la Competencia, que pretende desenmascarar todo un negocio que ha florecido al margen de permisos y controles administrativos.

La cuestión que se plantea desde FENEBUS no es otra que la de fijar el límite entre una comunidad de usuarios que libremente intercambian bienes y servicios de forma privada y la figura jurídica al amparo de la cual se crea esa comunidad; figura que actúa como motor de su funcionamiento y que, a la larga, tiene previsto cobrar una comisión por poner en contacto a los pasajeros u ofrecerles guías de viajes.

Esta segunda fase, la de la compensación económica por servicios, es la que desvirtúa el carácter de colaborativo de estos portales para compartir vehículo y hace surgir el debate sobre si en realidad se trata de empresas que desarrollan de forma encubierta un actividad reglada y sujeta a estrictos controles y pagos de impuestos, o son solo otros canales de consumo colaborativo que surgen de forma espontanea entre ciudadanos facilitándose unos a otros sus necesidades.

Y tú ¿Qué opinas sobre este tipo de portales?

Por Juan Canut

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