Jurídico 


¿Cómo son los abusadores sexuales de menores?

violación infantil

Estos días hemos asistido escandalizados a la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Las Palmas seguida contra un hombre y dos mujeres que regentaban un gimnasio de kárate y artes marciales, por abusos sexuales a menores que se prolongaron durante años.

La incidencia real del abuso sexual infantil no se conoce con precisión, porque se estima que se denuncia únicamente el 10% de los casos pudiendo afirmar que se trata de un problema muy extendido. Las tasas de prevalencia en los distintos estudios son muy variables, oscilando entre el 7 – 36% en la población general, con una media del 20% de las mujeres y el 8% de los hombres, aproximadamente. En estudios españoles, se han encontrado tasas del 17,9 – 18,9 %  de promedio, con diferencias de 2 o mas puntos por sexos (15,2 – 15,5 % en los varones frente al 19 – 22,5 % en las mujeres).

La mayoría de los abusadores sexuales de menores son varones (entre el 90 y el 97% según los estudios), e incluso cuando participa una mujer adulta en el abuso no es infrecuente que se trate de una actividad delictiva compartida con un varón, como hemos podido ver en el caso de la sentencia del caso del gimnasio.

Entre las características sociodemográficas descritas en la bibliografía se ha descrito una media de edad entre 30 y 50 años, aunque alarmantemente un 20% de los abusos a menores son cometidos por otros menores de 18 años. Un grupo de edad también frecuente son los mayores de 60 años, que según algunos estudios representan el 15% de los abusos a menores. El patrón de abuso sexual a menores mas común se realiza sobre un niño/a del entorno familiar o próximo al agresor.

Se ha descrito en la bibliografía que suelen tener mejor nivel medio económico y educativo que otros grupos de delincuentes no sexuales. Respecto al estado civil o la presencia de familia propia, los estudios encuentran divergencias y no existe un consenso definido. Algunos estudios encuentran una prevalencia de personas solitarias, mientras otros encuentran que el grupo predominante son abusadores  perfectamente integrados incluso desde el punto de vista familiar.

Respecto a sus antecedentes de crianza, existe consenso en la bibliografía sobre que las personas que comenten abusos sexuales en niños, han sufrido a su vez, abusos sexuales en su propia infancia y/o otros tipos de abusos como abuso emocional o malos tratos domésticos, con mayor probabilidad que otros grupos de delincuentes.

Una diferenciación importante hay que establecerla entre pedofilia y pederastría, tanto desde el punto de vista de la psicopatología como desde el punto de vista de su valoración judicial.

El término pedofilia fue formulado por vez primera por el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing (1840-1902), quien usó la expresión Pädophilia erótica en su libro Psicopatía Sexualis, publicado en 1886. Actualmente el diccionario de la Real Academia Española de la lengua reconoce dos variantes morfológicas: pedofilia y paidofilia, que se pueden considerar sinónimos.  Según el Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales DSM-IV-TR (2000), la pedofilia (F65.4) se encuentra dentro de la categoría de parafilias, ubicada dentro de la categorización mayor de “Trastornos sexuales y de la identidad sexual”.

La pedofilia se define como fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños (13 años o menos) durante un período no inferior a los seis meses. Quién la padezca tendrá al menos 16 años y será por lo menos 5 años mayor que el menor objeto de deseo sexual o fantasías sexuales. Señala, además, que no han de diagnosticarse como pedófilos a sujetos que en las últimas etapas de la adolescencia se relacionen con menores en edad de 12 o 13 años.  El manual indica que estas fantasías e impulsos sexuales provocan un malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral o de otras áreas de la actividad del individuo. Distingue a su vez en el diagnóstico cuando se trata de una situación incestuosa, si es exclusivo (sólo atracción con niños), si es hacia varones, mujeres o por ambos sexos.

De manera genérica, se considera abuso sexual infantil o pederastia a toda conducta en la que un menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder.

La diferencia fundamental es que la definición de pedofilia implica una perspectiva psicopatológica, mientras que la denominación de abuso sexual implica únicamente la conducta de utilización del menor como objeto sexual, sin inferencias sobre las causas. No todos los pedófilos llegan a abusar sexualmente de menores de edad; algunos se quedan en el ámbito de las fantasías. Esta situación puede tener interés clínico, pero carece de interés judicial y pericial. Del mismo modo, algunos pederastras no son propiamente pedófilos; en ocasiones adultos agreden sexualmente a menores como expresión de frustración; en otras como expresión de la desinhibición provocada por una patología subyacente (caso del inicio de algunas demencias, en lo que se llama el “período legal de la demencia”). El Código Penal castiga comportamientos abusivos recogidos en el ordenamiento jurídico, no tendencias psicológicas.

La clasificación mas ampliamente extendida de los abusadores sexuales de menores los clasifica en Abusador Tipo I o Primario y Abusador Tipo II o Secundario/Situacional.

Los abusadores primarios muestran una inclinación sexual casi exclusiva por los niños y su conducta compulsiva es independiente de su situación personal. Se trata de «pedófilos» en un sentido estricto del término, que presentan unas distorsiones cognitivas específicas: consideran su conducta sexual como apropiada (no se siente culpables ni avergonzados), planifican sus acciones, pueden llegar a atribuir su conducta a un efecto de la seducción por parte del menor o pueden justificarla como un modo de educación sexual para éste.

Los abusadores secundarios o situacionales se caracterizan por que su conducta viene inducida por una situación de soledad o estrés: el abuso suele ser un medio de compensar la baja autestima o de liberarse de cierta hostilidad. No son estrictamente pedófilos, en tanto que su inclinación natural es hacia los adultos, con los que mantienen normalmente relaciones problemáticas (impotencia ocasional, tensión de pareja…); sólo recurren excepcionalmente a los niños y lo hacen de forma compulsiva, percibiendo su conducta como anómala y sintiendo posteriormente culpa y vergüenza.

La gravedad y extensión del problema del abuso sexual a menores así como su tendencia al ocultamiento requieren de medidas que permitan su mas rápida detección, de programas preventivos dirigidos a menores al objeto de enseñarles a identificar, evitar y comunicar estas conductas y de estudios que permitan una mejor diferenciación de los patrones abusivos y sus causas.

 

Vía | Revista D´Estudis de La Violència

Mas información | Salud Infantil,

Imagen | Abusos sexuales

Video | Antena 3

RELACIONADOS