Reflexiones 


¿Cómo se llega a la igualdad?

 

La igualdad, analizada desde el punto de vista social, dista mucho de la definición matemática de igualdad. Aquella, que se enuncia como derecho universal y principio constitucional, y que se enarbola como estandarte ante las injusticias sociales, no denota la exacta identidad entre dos objetos, no establece una relación de perfecta coincidencia.

No hay dos personas iguales, por lo que, estrictamente no se puede hablar de igualdad de personas. Sin embargo, el artículo 14 de nuestra Constitución establece que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Salta a la vista que la nota característica de esta igualdad la pone la expresión “ante la ley”. Somos iguales ante la ley, ante la expresión formal del consenso social.

Si se profundiza un poco más en la idea se verá que al definir igualdad estamos marcando un área fuera de la cual lo que hay es desigualdad con respecto al interior del primer área. Así, entiendo que la idea predominante en la actualidad es que ante la ley, como producto del consenso social que es, todos debemos ser iguales, puesto que las desigualdades que nos definen ya han debido quedar de manifiesto en su redacción.

Un ejemplo muy ilustrativo son las leyes de extranjería. En ellas se definen los requisitos necesarios para que una persona pueda ser considerada nacional o extranjera, y, en función de esta clasificación, dicha persona tendrá reconocidos unos derechos u otros.

Sin embargo, que un australiano no tenga en España los mismos derechos que un español no nos parece escandaloso, es más, la inmensa mayoría de la población lo encuentra lógico. Puede decirse entonces que hay determinadas desigualdades que son aceptadas sin reservas por la sociedad en su conjunto y que, en consecuencia, son plasmadas en leyes. El problema estriba en que la aceptación de dichas desigualdades es voluble. En España, sin ir más lejos, los colectivos de homosexuales han conseguido un trato mucho más igualitario que el que recibían hace sólo unas décadas gracias a que la opinión social con respecto a ellos ha cambiado.

Sabías que el colectivo homosexual en España ha pasado de estar incluido en la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social a tener derecho a contraer matrimonio y adoptar en tan sólo 26 años.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué algo que era plenamente aceptado hace unas décadas se convierte hoy en algo totalmente inaceptable? O, en otras palabras, ¿cómo se alcanza el consenso social y por qué?

Pues bien, este resultado se produce como consecuencia de dos procesos diferenciados  que pueden darse bien por separado, o bien de forma simultánea sumando sus efectos.

Eugène Delacroix   La liberté guidant le peupleEl primero de ellos es el que explica que la Primavera Árabe haya derrocado gobiernos y que el Movimiento 15-M parezca ya abocado al olvido. Así, en el momento en que un determinado sector social, caracterizado por una serie de condiciones económicas y de otras índoles, se diese cuenta de que unido tiene más poder del que efectivamente ejerce, y de que otro supuesto sector social ejerce más poder sobre ellos del que en realidad tiene, abusando por tanto de los primeros, éstos actuarán en consecuencia. Esta es, según creo, la esencia de todas las revoluciones. Y es aquí donde nace el principio de igualdad, porque el primer sector, ese que no se conforma, tiene que apelar a las semejanzas que unen a cada uno de los individuos que lo integran para así unirse y poder exigir aquello que merecen, aquello que consideran que es justo. En consecuencia, el éxito o fracaso de un movimiento reivindicativo que apele a la idea de igualdad dependerá de la proporción de la población a la que el primer grupo consiga involucrar.

El segundo proceso funciona en sentido contrario, y es en parte el causante de que el reconocimiento de derechos sociales a los homosexuales en nuestro país haya transcurrido de forma bastante sosegada. Me refiero a la aceptación por parte del grupo mayoritario de que son más los rasgos que lo unen al grupo minoritario, que aquellos que lo separan. ¿Qué importará la orientación sexual de una persona cuando nos damos cuenta de que los atributos esenciales que le convierten en sujeto del derecho en cuestión siguen estando presentes al fin y al cabo? Los factores que condicionan el nivel de aceptación son muy variados, pero entre ellos me atrevería a aventurar que el nivel de educación y conocimientos de la sociedad debe jugar un papel bastante importante.

En consecuencia, el camino hacia la igualdad tiene dos componentes: uno de lucha, desencadenante de la idea de igualdad, y otro de aceptación, necesario para la transición hacia el nuevo consenso social.

Como puede observarse, se trata de un proceso dinámico, un proceso que variará de unos casos a otros en función de estos dos condicionantes: el grado de desigualdad percibido por el grupo con menos poder o minoritario, y el grado de aceptación del grupo con más poder o mayoritario.

Este razonamiento explica, creo, el origen de la idea de igualdad y su extraordinaria relevancia. Pero además, también permite explicar otras tres cuestiones:

Su configuración jurídica, que no sería sino la plasmación del consenso alcanzado tras la lucha y la aceptación.

Su carácter de principio inviolable, que proviene también de esa lucha. Es el motivo que unió a un determinado grupo social en su lucha; es, en caso de vencer, el principal logro de dicho grupo; y es, en consecuencia, garantía de la paz social.

– Por último, sus limitaciones, que quedan definidas, precisamente, por el pacto alcanzado.

 

Vía| Constitución Española de 1978.

Imagen| La Libertad guiando al Pueblo, Eugène Delacroix, 1830.

En QAH| ¿Es la paridad la mejor solución para favorecer la igualdad entre hombres y mujeres?; ¿Qué es la economía social?.

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