25 Aniversario Caída Muro Berlín, Historia 


¿Cómo se configuró el mundo tras la desintegración de la URSS?

Puerta de Alcalá con una proyección que conmemora la caída del muro de Berlín.

Puerta de Alcalá con una proyección que conmemora la caída del muro de Berlín.

La caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, así como la desintegración política de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) trajo consigo importantes cambios en la estructura del Orden Internacional de las potencias hegemónicas del mundo. Veamos cómo afectó estos importantes hechos históricos al resto del mundo.

1. Repercusión en EEUU:

Sin lugar a dudas, los Estados Unidos de América fueron los más beneficiados tras la desintegración de la URSS, su gran rival económico y político durante la Guerra Fría. Sin la rivalidad de esta súper potencia, los EEUU se erigieron como la gran superpotencia hegemónica del mundo, a nivel económico, político y militar. Pero también supuso una importante victoria simbólica para los estadounidenses, ya que suponía la victoria definitiva del capitalismo como forma económica imperante, el aplastamiento definitivo del comunismo y la forma de hacer política que lideraba la URSS. Además, su hegemonía política, militar y diplomática se vio reforzada durante y tras la Primera Guerra del Golfo, en la que Washington se puso al frente de la coalición internacional que intervino en Kuwait. Esto abrió la puerta a toda la serie de intervenciones que los americanos realizaron y están realizando en Oriente Próximo y Medio (Israel, Iraq, Afganistán…), con el pretexto de garantizar la paz y la seguridad internacional.

Mapa que muestra las distintas fronteras con las que colindaba la URSS

Mapa que muestra las distintas fronteras con las que colindaba la URSS

2. Repercusión en Rusia:

Como es evidente, la Federación Rusa fue la más afectada por la rápida desintegración de la URSS  a finales del año 1991, tanto a nivel económico, político y militar. A pesar de que esta desintegración no cambió el hecho de que Rusia seguía teniendo el potencial militar suficiente para amenazar a cualquier país del mundo, incluso a EEUU, en Europa y en América se pensaba que una vez muerta la URSS se acabarían los problemas con los soviéticos, los ahora rusos. La desaparición de este gran bloque hegemónico mundial dejó ya abiertos muchos de los problemas a los que aun hoy en día nos seguimos enfrentando, problemas religiosos, ideológicos y políticos que no quedaron zanjados tras la desaparición del mundo soviético. Uno de los aspectos más llamativos es la población de estos países. Uno no deja de ser soviético de la noche a la mañana, y eso lo que trajo consigo es que gran parte de la élite social comunista de la URSS lo siguió siendo una vez desaparecida ésta, adaptándose al nuevo panorama internacional sociopolítico.

Mapa que muestra la quincena de repúblicas que componían la URSS en 1991

Mapa que muestra la quincena de repúblicas que componían la URSS en 1991

3. Repercusión en antiguos territorios soviéticos:

El verse independientes políticamente desde hacía muchas décadas afectó en parte negativamente a las repúblicas de Europa del Este y Oriente Medio. Muchas de ellas se sumergieron en procesos de inestabilidad política, o conflictos bélicos, por la conformación de una identidad nacional basada en unos preceptos ideológicos, religiosos, étnicos o económicos aparentemente uniformes. Aunque muy retrasadamente, la UE y EEUU se mantuvieron firmes a la hora de rechazar la autodeterminación como estado de algunas de estas minorías nacionales o religiosas, cuyo único objetivo era construir un país a su medida. Como consecuencia a todo esto, la década de los años noventa abría la puerta a la creación forzosa de instituciones administrativo políticas que buscaban la legitimación internacional.

4. Repercusión para la Unión Europea:

Imagen que muestra algunas características del Tratado de Maastrich de 1992

Imagen que muestra algunas características del Tratado de Maastrich de 1992

La Unión Europea (que hasta el año 1992 se llamó la Comunidad Económica Europea) fue la otra gran beneficiada tras la desintegración de la URSS en 1991. Todos los países que antes dependían de Moscú ahora se veían independientes, y la UE los recibió con los brazos abiertos, seguramente con el objetivo de crear un mercado y una unidad política y económica que superara al todo poderoso Estados Unidos. Todo esto se vio reflejado en 1992 con el llamado Tratado de Maastricht. Uno de los principales objetivos que buscaba la Unión Europea tras su rápida acogida a las antiguas repúblicas soviéticas era la explotación de los recursos naturales y energéticos de estos países. Solo entre Kazajistán y el Mar Caspio se calcula que había al inicio de la década de los noventa una reserva energética suficiente para llenar casi mil millones de barriles de petróleo. Eran varios los retos y objetivos que debía asumir esta Europa de inicios de los noventa: en primer lugar, seguir profundizando en los mecanismos políticos y económicos de unificación y homogeneización europea. Esto llegaría a su cénit a partir de la idea de crear una moneda única para toda la Unión Europea, el euro. En segundo lugar, había que ver como encajaba la nueva y unificada Alemania en el contexto internacional. Ya podemos ver que no le costó mucho convertirse en una de las principales potencias europeas. Y en tercer lugar, había que configurar cómo iban a ser a partir de ese momento el modelo de relaciones internacionales con la Federación Rusa.

5. Repercusión en el Lejano Oriente:

Mapa político que nos muestra cómo se configuró Asia en el año 1992

Mapa político que nos muestra cómo se configuró Asia en el año 1992

Si bien es verdad que los países del Lejano Oriente, como China, Japón o Corea del Sur, habían salido beneficiados de la desintegración de la URSS, con un gran incremento de su actividad comercial, también es cierto que poco han avanzado en materia de integración y cooperación entre sí en materia política, económica o incluso militar. La estabilidad del equilibrio regional que le hacía falta a los países del Lejano Oriente para despegar como superpotencia económica se veía lastrada por varios motivos: en primer lugar, por la discordia que siempre ha caracterizado las relaciones entre los dos gigantes asiáticos por excelencia, Japón y China. En segundo lugar, no podemos olvidar la falta de estabilidad en países como Tailandia, Vietnam, Corea del Sur, Birmania… Todos estos países, en mayor o menor medida, parecían estar más ocupados en realzar sus estrategia de desarrollo nacional autónomo que en buscar estrategias de cooperación y apoyo mutuo para el crecimiento político y económico. Sin embargo, sí que es verdad que las relaciones con  Occidente se han visto intensificadas en las dos últimas décadas como consecuencia de procesos como la globalización o la llegada de las nuevas tecnologías.

 

En esta entrada he querido resumir brevemente la situación socio económica y política por la que pasaron y están pasando las principales potencias del mundo, así como los países de Europa del Este u Oriente Medio, tras la desintegración definitiva de la URSS en 1991, un acontecimiento en la Historia que trajo como consecuencia principal el mundo en el que vivimos ahora.

 

En colaboración con QAHHistoriae Heródoto

Vía| Libro “1989, el año que cambió el mundo”, de Ricardo Martín de la Guardia.

Imagen| Mapa de Asia; Tratado de Maastricht; La URSS en 1991; Fronteras de la URSS; Puerta de Alcalá;

En QAH| Especial 25 aniversario de la Caída del Muro de Berlín

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