Historia 


¿Cómo se celebraba el nuevo año en Babilonia?

Como en tantas civilizaciones antiguas, que basaban su calendario en los ciclos agrícolas, en la antigua Babilonia consideraban que, una vez segaban las cosechas y se preparaban para otra siembra, el año finalizaba y daba comienzo uno nuevo. Es por ello que la celebración de Año Nuevo de los babilonios recibía el nombre de Akitu, término que desciende del sumerio y que en combinación con otros sirve para hacer referencia al corte o a la siembra de la cebada. El año nuevo comenzaba, por ello, con el inicio de la primavera, lo que en nuestro calendario gregoriano actual se podría corresponder con los meses de marzo o abril. Se conservan restos arqueológicos que nos permiten conocer el calendario babilonio, como por ejemplo, un almanaque grabado con escritura cuneiforme en una tablilla hoy presente en el Museo Británico, datado entre los años 1100 y 800 antes de Cristo, en el que se registraron ya doce meses. Aún así, se cree que la celebración del Año Nuevo en primavera se practicaba desde el tercer milenio antes de Cristo en la antigua Mesopotamia. La fiesta babilonia del Akitu tenía su inicio unos días antes de que finalizara el último mes, Addāru, y finalizaba doce días más tarde, ya en el primer mes del nuevo año, Nīsannu. Doce días de juerga y sobre todo de renovación.

Puerta de Ishtar

Puerta de Ishtar

Las ceremonias se realizaban en torno al templo Esagila, la morada del dios principal, Marduk. Ya en el poema Enûma Elish, que narra la creación del mundo, y que data de mediados del segundo milenio antes de Cristo, se menciona la construcción de este templo, aunque parece que el mayor esplendor lo alcanzó tras la reconstrucción realizada en tiempos de Nabucodonosor II, que reinó entre los años 605 y 562 antes de Cristo. En la llamada Tableta Smith, nombrada así por su descubridor, se dice de este templo que tenía seis puertas y que en su interior destacaba la cámara del más importante dios del panteón babilonio, Marduk, de la que se cuenta que tenía las paredes cubiertas de oro macizo. Desde la impresionante puerta norte, la Puerta de Ishtar, una de las ocho que tenía la doble muralla de la ciudad, se accedía al Esagila a través de una vía ceremonial. Más al norte quedaban, probablemente, los portentosos Jardines Colgantes, una de las siete maravillas del Mundo Antiguo.

Marduk. Sello babilonio

Marduk. Sello babilonio

Durante los tres primeros días, el sacerdote entonaba una oración conocida como El Secreto de Esagila. Se trataba de una plegaria en la que se plasmaba el temor del pueblo a lo desconocido, y en la que se pedía al dios Marduk perdón y protección. A partir del cuarto día, el resto de dioses llegaban a la ciudad. Largas caravanas de carros cruzaban las murallas custodiando las estatuas que representaban a las deidades. Tras haber recorrido grandes distancias desde sus lugares de procedencia, las estatuas eran cuidadosamente lavadas para eliminar el polvo de los caminos, ungidas con aceite y adornadas con todo tipo de atuendos y abalorios. Finalmente, se colocaban junto al templo tras recorrer en procesión la vía principal, para iniciar la ceremonia en la que estos dioses rendían cuentas a su señor, Marduk. Toda la gente cantaba canciones al paso de las efigies, escogiendo la temática de los cantos en función del dios al que los dirigían. En la noche del cuarto día, el pueblo escuchaba emocionado la recitación de la epopeya de la creación, el poema Enûma Elish. El quinto día tenía lugar la ceremonia que representaba la sumisión del rey ante el dios Marduk. El sacerdote del Esagila asumía en este rito el rol del propio dios, despojando al rey de su cetro y sus armas, e incluso golpeándolo en el rostro como muestra de su superioridad. A continuación, el rey se postraba ante él, aseguraba respetar su divinidad y suplicaba perdón, para finalmente recuperar sus posesiones como símbolo de la renovación de su poder para el nuevo año. En los siguientes días, se llevaban a cabo diferentes representaciones rituales utilizando las estatuas de los dioses. Mediante recorridos procesionales, se representaba el rapto del dios Marduk a manos de dioses malignos que lo mantendrían apresado. Tras una gran batalla en la que el señor de los dioses habría conseguido resistir luchando con gran valentía, el dios Nabu, hijo de Marduk, ayudado por el resto de deidades lograría liberar a Marduk, y el dios supremo recibiría de ellos sus poderes.

La celebración del nuevo año tenía diferentes objetivos. Se trataba de una fiesta religiosa de renovación espiritual, basada en el ciclo de las cosechas, corazón de la subsistencia de Babilonia. Pero suponía también un ritual destinado a someter al propio pueblo. Los diferentes ritos representaban una clara alianza entre el palacio y el templo, los reyes y los sacerdotes, el poder político y el religioso, en los que además se hacían promesas al pueblo mediante lo que podría considerarse como una especie de campaña electoral en busca de estabilidad social para el siguiente año. Durante varios días, desaparecían las diferencias de clases, y todos los habitantes eran protagonistas de esta fiesta en igualdad de condiciones. El Akitu de Babilonia gozaba del prestigio de ser el más espectacular de su tiempo, y sin duda se convirtió en un recurso que los babilonios utilizaban para presumir ante los demás. Sirviéndose de la fama de su fiesta, Babilonia se mostraba ante el resto de ciudades como superior, difundiendo la superioridad de su dios principal, Marduk, ante el resto de dioses, que residían en las otras ciudades.

El exceso era otro de los motivos por los que las multitudes cruzaban durante estos días las puertas de Babilonia, llegados desde todos los rincones vecinos. Tras las ceremonias de humillación y sumisión de los primeros días, la renovación caía sobre todos los habitantes y el nuevo año era recibido con todo tipo de parrandas y farras. La música no cesaba, la comida era abundante, y la bebida aún más, con principal protagonismo de la cerveza. Incluso se consumían drogas persiguiendo estados totalmente desinhibidos en los que sólo el júbilo y la diversión importaban. No es de extrañar, pues, que estos días de desenfreno fueran astutamente aprovechados por los que a los turbios negocios se dedicaban. Vendedores de alcohol, traficantes de sustancias y pícaras prostitutas tenían durante el Akitu sus mejores oportunidades de conseguir ganancias.

Un trasfondo religioso, un sentimiento de renovación al dejar atrás las pesadumbres y recibir las bendiciones, y por supuesto, un motivo para entregarse a la juerga y al regodeo. ¿Nada ha cambiado, no?

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| Artehistoria

Más información| Areskurrinaga, Álvaro. La Caída de los Reyes del Mundo. Amazon. 2014

Imagen| Puerta, Marduk

En QAH| ¿Cómo celebraban el cambio de año en la antigua Roma?; ¿Por qué el año comienza el 1 de enero?; Historia del año nuevo

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