Economía y Empresa, Finanzas 


¿Cómo protegerse de la crisis mundial que se avecina? Los casos de Brasil y Argentina

Está claro que el 2012 no va a ser un buen año para la economía mundial: Europa (por errores propios) está por entrar nuevamente en recesión y los países emergentes se contagiarán muy pronto, desacelerando su crecimiento. En este contexto, estos países comenzaron a tomar medidas para prevenir las consecuencias de la crisis. Para los países de América Latina, estas serán principalmente una caída en la inversión extranjera, una menor demanda por sus productos en el mercado mundial, acompañado, seguramente, por una caída de los precios de las materias primas que se producen allí. A continuación intentaré comparar las medidas que están tomando Argentina y Brasil frente a este preocupante escenario.

Analicemos primero el caso brasileño. Brasil ha dejado devaluar su moneda desde mediados del año pasado. En julio de 2011 el real llegó a cotizar 1,54 reales por dólar y hoy vale 1,76, alrededor de un 15% más. Esta es la reacción típica de un país abierto frente a una crisis mundial que se avecina. La moneda más barata mejora la competitividad de los productos que Brasil exporta al mercado mundial, en la medida en que baja los salarios en dólares, y permite reducir costos de producción. A su vez, encarece los productos importados (si antes un ipod de 100 dólares costaba 154 reales, ahora cuesta 176), haciendo más fácil que los productores locales compitan con estos bienes. De estas 2 maneras se logra mantener baja la tasa de desempleo durante la debacle internacional. Entre las principales desventajas de esta clase de medidas, está que puede generar inflación por la subida del precio de los productos importados y que reduce muchas veces el poder de compra de los trabajadores, ya que sus salarios en dólares son menores. A pesar de esto, una devaluación de la moneda acompañada por una subida del gasto público es, a mi entender, el mejor remedio que un país emergente puede tomar para enfrentar una recesión externa.

Veamos, por otra parte, qué está haciendo la Argentina. El gobierno teme que una devaluación del peso argentino aumente aún más una inflación que en 2011 fue de alrededor de 25%. Descartada esta opción, las autoridades argentinas ha decidido poner muchas trabas a la importación de productos. Antes, todos los productos se podían importar salvo que hubiese una norma que lo impidiese. Ahora, hay que pedir autorización estatal para importar cualquier producto. La principal ventaja de estas medidas es que efectivamente protegen a la industria nacional (y por ende sostienen muchos puestos de trabajo) frente a la competencia de productos importados. Pero a diferencia de una devaluación transitoria cuyas consecuencias no son tan graves, las trabas al comercio generan una serie de inconvenientes económicos mucho más preocupantes. En primer lugar, dan lugar a una gran arbitrariedad por parte de las autoridades en relación a qué se puede importar y qué no (potenciando hasta el infinito los niveles de corrupción de los agentes de aduana). En segundo lugar, generan distorsiones mucho más graves en las cadenas de producción local, que casi siempre usan algunos insumos importados que ahora serán mucho más difíciles de conseguir, entorpeciendo la producción doméstica. En tercer lugar, a diferencia del caso brasileño donde uno puede conseguir los productos importados aunque más caros, los consumidores y las empresas no tienen ni siquiera la opción de consumir algunos productos, provocando alteraciones mucho más profundas en el bienestar y el consumo. En resumidas cuentas, en lo referente a las trabas a las importaciones (y a diferencia de lo que pasa en Brasil), no queda claro que los beneficios de esta medida frente a la crisis externa sean mayores que los costos que esta implica.

Cabe aclarar, por último, que estas políticas se combinarán con decisiones de gasto público que tomen los gobiernos, muchas veces condicionadas por los límites que imponga el presupuesto. En el caso argentino, las trabas a la importación se están complementando con una baja en muchas áreas del gasto público, en especial vía una reducción de subsidios a los servicios públicos que existía hasta el año pasado. Todo lleva a suponer que este ajuste fiscal en la etapa recesiva del ciclo económico aumentará los efectos negativos de la crisis.

El tiempo dirá cuán efectivas fueron estas políticas  para contrarrestar los efectos de la recesión mundial y algún economista en el futuro podrá evaluar empíricamente cuál suavizó más el impacto del shock externo y a qué costo social. 

 

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