Economía y Empresa 


¿Cómo motivar al profesorado?

Ayer leíamos en Diario de Sevilla un espeluznante dato: según el CSIF, el 98% de los profesores andaluces de secundaria están desmotivados. Entre las razones que se extraen de la encuesta justificando tan alto nivel de desmotivación encontramos lo siguiente: falta de respeto del alumnado, poca atención en clase, problemas burocráticos, pérdida de derechos sociales y recortes en educación. Es muy difícil establecer un canon general a la hora de motivar a todo un sector profesional, puesto que cada ser humano es único y tendrá sus gustos muy diferenciados. Empero, trataremos de aproximar posibles soluciones a los problemas señalados.

¿Cómo motivar al profesorado?

¿Cómo motivar al profesorado?

En primer lugar, los problemas que tienen que ver con la burocracia educativa, la pérdida de derechos sociales y los recortes en educación son los más preocupantes de cara a la gestión de recursos humanos. Como ya explicamos en Qué Aprendemos Hoy, toda jerarquía de motivaciones ha de tener una base sólida y ésta estar constituida por los mínimos esenciales para cada trabajador en su puesto de trabajo. Estos mínimos serán desde la higiene y la seguridad en el trabajo, al salario, el horario o las vacaciones. Si un trabajador percibe que uno de estos elementos ha sido alterado, empeorando sus condiciones laborales, no podrá ser incentivado a través de otros mecanismos distintos (como, podría ser, una mayor atención del alumnado).

Por ello, cualquier solución que propongamos frente a tal acuciante problema debe pasar, inevitablemente, por la corrección de esta situación. El problema es que la actual situación de las finanzas públicas impide una mejora en estos derechos ya que la mayoría de ellos son de carácter económico. Por ello, el primer paso será buscar que los profesores asuman esta nueva realidad. ¿Hemos de quedarnos aquí? ¡Por supuesto que no!. Debemos tratar de garantizarle a los profesores sus necesidades fisiológicas básicas así como las de seguridad. Si no se pueden acortar, por ejemplo, los horarios para que pase más tiempo en familia – y coma en casa el profesor, vea más a sus seres queridos – sí se pueden alterar los horarios lectivos para que, al medio día, el profesorado disponga de más tiempo en el que satisfacer estas necesidades. Obviamente, esto no compensa a priori una reducción salarial o una merma de derechos, pero ayuda a mejorar otras necesidades básicas vitales para lo que viene a continuación.

Los problemas del alumnado serían de aquellos referidos a la autoestima. En definitiva, que un alumno no desarrolle su potencial, no atienda en clase o no obtenga buenos resultados académicos refleja también el trabajo del profesor. Un profesor que tiene alumnos brillantes se siente orgulloso de los mismos y otro profesor que cuenta con algunos que no destacan tanto puede ver su autoestima insatisfecha.

Aún así, es importante el desarrollo de las necesidades sociales, algo que impulsan los propios profesores con muy poca intervención de los órganos directivos (tanto sindicales, como autonómicos o incluso del director del colegio). Para que el profesor transmita fuerza debe primero él mismo sentirla entre sus compañeros. No hay mejor motivador que el que se encuentra motivado. Y si los alumnos no le están dando esa satisfacción quizás el resto de profesores sí puedan hacerlo. Es habitual en muchos centros organizar cenas mensuales, quedar para alguna excursión los fines de semana o, incluso, llegar un poco antes al trabajo para compartir un café con los compañeros antes de entrar a las clases. Este tipo de detalles deben ser fomentados desde la jefatura de estudios o desde la dirección escolar. Un buen líder, en este caso, debe demostrar la empatía suficiente con los problemas de sus subordinados y encauzar las malas caras tras una clase frustrante para convertirlas en sonrisas cuando se está con los demás compañeros. Así, al menos, entre clase y clase podrán olvidar el mal trago pasado en el aula anterior y entrar con mejor pie a su nueva clase.

Por último, enfrentémonos al gran problema, al problema de la falta de atención de alumnos y los bajos resultados académicos. Esto ya sólo es remediable con un aumento de la formación. ¿Para el alumnado? No, para el profesorado. Vivimos en la era del conocimiento y un buen formador es, también, un magnífico formador de formadores. En las grandes empresas es habitual que empleados internos, los que tengan las cualidades idóneas de buen líder, sean los que den cursos formativos al resto de compañeros, buscando la mejora de resultados y el aumento de sinergias. No debe ser distinto un colegio, por pequeño que sea. Que el profesor que mejor se lleve con el resto, con mayor don de gentes, comunicativo, con visión estratégica y, por último, honesto y con altos conocimientos técnicos, sea el que imparta una serie de cursos a sus colegas. Aunque sólo consistan en cómo él da las clases, tal vez así afloren nuevas ideas y nuevos retos en los demás profesores. Al final de este proceso, si se lleva de manera exitosa, cada profesor será autosuficiente: se motivará sólo y buscará formarse más día a día.

Motivar y formar, una doble realidad

Motivar y formar, una doble realidad

Los profesores son una pieza fundamental en las sociedades actuales. Son trabajos de altísimo valor añadido que aseguran el futuro de este país. Por ello, la motivación de ellos debe ser cuanto más mejor. Pero no sólo con motivar basta, también es necesario formarles puesto que sólo así conseguirán el verdadero potencial que la sociedad espera de ellos.

 

Vía| Diario de Sevilla: “Una encuesta del CSIF asegura que el 98% de los profesores andaluces de secundaria están desmotivados”

Imagen| Imagen principalQué Aprendemos Hoy | SHAPIRO, Benson P. y DOYLE, Stephen X. “La claridad en el trabajo de los vendedores”. HDBR (1980).

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