Economía y Empresa 


Cómo gestionar mejor nuestro tiempo

Una mala organización del tiempo es uno de los principales motivos de estrés para muchos profesionales, sobre todo para los del sector educativo.

Y es que si al ritmo acelerado que llevamos en el aula en el día a día le sumamos las llamadas de teléfono recibidas, las consultas constantes, una bandeja de correo a punto de desbordarse, y los imprevistos que puedan surgir, es normal que nos encontremos con una situación descontrolada y nos sintamos al borde del abismo.

Además de sentirnos descontrolados, por nuestro ser recorre una sensación de frustración al ver que no acabamos muchas de las tareas que empezamos y a la misma vez sentimos estrés, lo que termina afectando a nuestra productividad en el trabajo.

Un cúmulo de cosas (el ritmo del trabajo, el volumen de horas dedicadas al trabajo, los plazos, los horarios que marcan nuestra jornada, la distracción…) son las que hacen que nos desbordemos. En definitiva, todas estas cuestiones influyen en el rendimiento o en la gestión del tiempo para realizar con éxito nuestras tareas.

Y esas tareas las ejecutaremos de forma exitosa o no dependiendo del grado de satisfacción que tengamos con el trabajo que realicemos: ¿somos felices con nuestro trabajo? Si la respuesta es sí, seremos muchos más productivos y estaremos más encaminados a conseguir nuestros objetivos de forma ordenada y estructurada, sin ningún tipo de caos ni estrés.

Por ejemplo, si hay algo que nos impide seguir avanzando y no nos produce ninguna satisfacción, ¿por qué no cambiar eso que nos produce frustración por algo nos guste y apasione? Recuerdo que hace poco leí en el blog de un amigo que la felicidad es la combinación de trabajar menos, producir menos y pensar más. Cuanto más pensemos, tendremos más tiempo para pensar cómo ser más feliz en nuestra vida y en nuestro trabajo.

Dos buenos ejemplos de esto son los siguientes: imaginemos que no nos gusta corregir. Y algo que no nos gusta posiblemente se vuelva una gran piedra en nuestro camino. ¿Por qué no transformamos ese tiempo en algo que sí me produzca felicidad? Una buena alternativa sería que los propios alumnos corrigieran sus exámenes. De esta forma, ganaríamos tiempo que podemos dedicar a mejorar otras técnicas en el aula.

O imaginemos que odiamos seguir toda la programación del curso. Habrá temas que sinceramente pensemos que no aportan nada al alumno y no nos satisface darlo. ¿Por qué no suprimimos aquello que consideremos poco importante y dedicamos más tiempo a aquello que más nos gusta? ¿Sabías que cuanto más le gusta al docente el tema que enseña, más aprenden los alumnos?

Por tanto se trata de transformar ese tiempo que dedicábamos a algo que no nos aportaba nada en algo con lo que nos sintamos bien y felices. Porque, al fin y al cabo, nuestro grado de felicidad influirá en nuestra forma de enseñar y por tanto en el aprendizaje del alumno.

3 buenas prácticas que ayudarán al docente a ser más productivos en su trabajo:

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Separar el trabajo de la vida personal. Intentemos llevarnos el menor trabajo posible a casa, sobre todo aquel que está relacionado con la productividad y dejemos el trabajo más creativo (cómo dar las clases o cómo planificarlas) para casa. Liberemos nuestra cabeza durante el fin de semana de trabajo y practiquemos deporte, pasemos tiempo con la familia, o dediquemos tiempo a algún hobby.

Reducir reuniones. Reduzcamos aquellas reuniones innecesarias que muchas veces están marcadas por el tiempo y no por el contenido. Aquellas que ocupan más de una hora y no se centran en temas puntuales pueden suponer una pérdida de tiempo. Recordemos que una reunión no es un lugar para corregir exámenes, leer el periódico o hablar con el compañero sobre cuestiones irrelevantes.

Hacer buen uso de las nuevas tecnologías.  El buen uso de las tecnologías permite al docente ser más productivo y eficaz en su trabajo. Podemos mencionar algunas herramientas como: Dropbox o Copy Cloud, para almacenar documentos y compartir archivos desde cualquier dispositivo; Google Drive, crear documentos para compartir virtualmente; o el uso de un blog para interactuar con el alumno, de esta forma este podrá por ejemplo reforzar lo aprendido en clase a través de ejercicios interactivos, algo que le puede resultar más atractivo y motivador que estudiar desde su libreta de apuntes.

Vía| Fuente Propia

Imágenes| Estrés

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