Economía y Empresa 


¿Cómo gestionar las emociones invirtiendo?

¿Cómo gestionar las emociones invirtiendo?

¿Cómo gestionar las emociones invirtiendo?

Una de las cosas que nos diferencian de los animales es nuestra capacidad racional, es decir aparcar los instintos o intuiciones y utilizar nuestra habilidad de análisis basada en el razonamiento de las circunstancias. En este artículo vamos a tocar un par de conceptos, el primero de ellos fue creado por Daniel Kahneman y Amos Tversky y se denomina la Teoría de las perspectivas.

Esta función refleja nuestra actitud enfrente a las pérdidas y las ganancias, también podemos cambiar pérdidas por “cosas malas” y las ganancias por “cosas buenas”. Como se puede ver en la gráfica la curva es más pronunciada en lo negativo que en lo positivo, en otras palabras, castigamos más o damos más trascendencia a las malas cosas malas que a las cosas buenas en igualdad de cantidades. Es decir, si ganamos 10 euros no lo valoraremos igual que si perdemos esos mismos 10 euros. Esta actitud frente a estos fenómenos puede explicarse a través de la teoría de la evolución en la etapa del hombre recolector/cazador una pérdida podría significar poner en peligro la continuidad de la comunidad, mientras que una ganancia tampoco mejoraba sustancialmente la situación en la que se encontraban.

Esta actitud nos lleva a introducir el siguiente concepto y es una de las bases de la economía actual, la aversión al riesgo. Si nos ofrecen 80 euros seguros o una lotería que en un 50% de los intentos nos dará 200 y en un 50% nos dará 0, qué prefieres? El valor de la primera opción es 80 y de la segunda es 100 (200*50%+0*50%). ¿Cuántos elegirías la segunda? ¿Y si os ofrecen 50 seguros o la lotería? Cada uno tendrá un punto diferente en el que prefiere arriesgarse. La gente que prefiere 10 euros seguros a la lotería con valor esperado 100, es un ejemplo a aversión al riesgo ya que prefieren dinero seguro aunque la opción alternativa pueda ofrecerle más ganancias y no quiere incertidumbre en su resultado final.

Vamos a seguir con el experimento, muchos estudios han demostrado que con las ganancias somos conservadores, pero no pasa lo mismo con las pérdidas. Elige entre perder 100 euros o una lotería con un 50% de posibilidad de perder 200 o un 50% de no perder nada. La investigación en este campo concluye que entre elegir una pérdida segura o una lotería que nos da una pequeña esperanza (aunque perdamos más!) nos tiramos de cabeza, por si suena la flauta y podemos no perder. Todo este razonamiento lo podemos relacionar con la importancia que le damos a perder que nos explicaban Kahneman y Tversky y que como hemos visto, responde a un sesgo inventado que no se sustenta con principios rigurosos.

Vía| Rankia

Imagen| Scielo

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